El Salvador condecora a jesuitas asesinados

Veinte años después del asesinato de seis jesuitas españoles a manos de militares, muchas cosas han cambiado en El Salvador. Ahora la izquierda está en el poder y los honra con la distinción más importante el país.

Image caption Funes le entregó la condecoración a familiares del padre Ignacio Ellacuría.

Pero la madrugada del 16 de noviembre de 1989, en el marco de una ofensiva militar lanzada por la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), los sacerdotes jesuitas eran un blanco de la guerra.

Aquella noche, luego de cinco días de ofensiva guerrillera en todo el territorio nacional, miembros del batallón Atlacatl del ejército salvadoreño asesinaron a los sacerdotes Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana (UCA), y al vicerrector, Ignacio Martín Baró, así como a Amando López, Juan Ramón Moreno y Segundo Montes, también españoles, al salvadoreño Joaquín López y López, y a la cocinera Elba Julia Ramos y su hija Celina, de 16 años.

La presión de la comunidad internacional obligó al gobierno del ex presidente Alfredo Cristiani a llevar ante la justicia a militares acusados de ejecutar la masacre.

Dos años después, Cristiani tuvo que negociar con el FMLN el fin de la guerra civil e inició la transición hacia la democracia con la participación política de la otrora guerrilla, que ahora gobierna el país.

Condecorados

El presidente Mauricio Funes condecoró a los seis religiosos esta semana con la Orden Nacional Doctor José Matías Delgado, la distinción salvadoreña más importante y que está reservada a personas que han prestado "eminentes servicios" a la nación.

La ceremonia, que se realizó en Casa Presidencial con la participación de los familiares de Ellacuría y Montes, es el acto más simbólico que ha hecho la administración Funes para afrontar el pasado trágico del conflicto salvadoreño.

Funes, quien realizó sus estudios secundarios y universitarios con los jesuitas, dijo que se trata de un homenaje tardío, "realizado con el corazón y con el conocimiento profundo de que ayudará a sanar heridas que han estado abiertas demasiado tiempo".

Inés Hidalgo, una religiosa de la orden Oblata de la Caridad, que en 1987 fue alumna del padre Amando López en su cátedra de Teología, le dijo a BBC Mundo que, pese al homenaje, "el daño que causaron quienes cometieron el crimen fue muy grande y todavía lo sentimos".

Nuevo juicio

La conmemoración también se produce a una semana de que se abra un nuevo proceso judicial en España para esclarecer la autoría intelectual del asesinato.

Image caption Funes condecoró a los seis religiosos con la Orden Nacional Doctor José Matías Delgado, la distinción salvadoreña más importante.

El juez de la Audiencia Nacional en Madrid, Eloy Velasco, admitió a trámite en enero de este año una querella presentada por la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) junto al Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA) contra 14 militares salvadoreños por delitos de asesinatos terroristas y contra el derecho de gentes.

En El Salvador, entre los viejos protagonistas de aquella masacre, la demanda interpuesta en las cortes españolas no es un buen signo porque consideran que el caso está cerrado.

Por la masacre ya fueron juzgados en El Salvador en 1991 nueve militares (cuatro oficiales y cinco soldados rasos). Pero sólo dos de ellos, el coronel Guillermo Alfredo Benavides Moreno y el teniente Yussy Mendoza, fueron a prisión y un año más tarde resultaron favorecidos por una Ley de Amnistía que promovió el ex presidente Cristiani.

Demasiada sangre

Oriundo del municipio de San José Las Flores, en el departamento de Chalatenango, a 80 kilómetros al norte del país, Humberto Flores recuerda que conoció a Óscar Arnulfo Romero, el ex arzobispo de San Salvador que fue asesinado por un francotirador el 24 de marzo de 1980 cuando oficiaba misa.

Flores, de 77 años, y que perdió a dos hijos por la guerra, le relata a BBC Mundo que luego encontró consuelo en las misas oficiadas por Ignacio Ellacuría en aquellos poblados pobres.

"Para mí sería mejor que estuvieran todavía con nosotros, aunque ahora hay sacerdotes buenos, pero no son como aquellos. Creo que nos han dejado volando", valora Flores.

Alberto Arene, director del Instituto Centroamericano de Gobernabilidad, le dijo a BBC Mundo que "han tenido que pasar 20 años para que se reconozca la obra de estos intelectuales, cuyas ideas, vida y muerte abonaron tanto al proceso de democratización de este país".

Pero el costo es muy alto para personas como Humberto Flores.

"Por la muerte de los padres jesuitas y la de mis hijos, digo que la paz ha costado mucho. Honestamente, ha sido demasiada sangre", indicó.

La guerra civil salvadoreña se cobró la vida de 75.000 personas y miles de desaparecidos a lo largo de 12 años.

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