Última actualización: miércoles, 2 de diciembre de 2009 - 18:44 GMT

El rock de las Malvinas/Falklands

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Todo comenzó con las dos banderas entrelazadas sobre el parche de la batería, que pintaron un poco en broma y un poco en serio. Cruces rojas y triángulos azules de la insignia del Reino Unido, las tiras albicelestes de la argentina.

The Draytones son una banda de rock británico-argentina -como les gusta definirse- que en los últimos días hizo historia por una gira algo inusual: viajaron a tocar en vivo a las islas Malvinas/Falklands, escenario del enfrentamiento armado de 1982 y territorio cuya soberanía aún se disputan Londres y Buenos Aires.

Nunca tuvimos intenciones políticas. Era hacer buena música y pasarla bien, no más

Gabriel Boccazzi, bajista

El recorrido fue bautizado "A friendship tour" y quiso convertirse en el signo de amistad que indica su título. Un poco en broma y un poco en serio, estos cuatro veinteañeros se ganaron los titulares de los periódicos y convirtieron la hazaña en un acto políticamente simbólico.

"Hace dos años recibimos un email de Gabriel Sagastume, un veterano de guerra, que vio la tapa de nuestro primer single con las dos banderas. Él siempre promovió la integración, nos felicitó y nos propuso viajar juntos a las Malvinas", relató a BBC Mundo Chris Le Good, en el paso de la banda por Buenos Aires.

Demoraron 18 meses de trámites y planes hasta llegar a las islas, aunque llevaban mucho más coqueteando con la idea que, según confiesan, jamás creyeron que fuera a concretarse.

Un argentino en Londres

Gira de los Draytones por las Falklands/Malvinas

Los Draytones anunciaron su "gira de la amistad" en su sitio internet.

Gabriel Boccazzi, que es el integrante argentino del cuarteto y ahora se apoda Gab para hacérsela fácil a los angloparlantes, se mudó a Londres hace 7 años. Allí se integró a una banda como bajista, hasta que con Luke Richardson, uno de sus compañeros, emprendió su propio proyecto musical. Luego sumaron a Chris y a Andy Pickering, hasta convertirse en cuarteto.

"Nunca tuvimos intenciones políticas. Era hacer buena música y pasarla bien, no más", dice Boccazzi.

Las cosas luego tomaron otra dirección: rumbo sur. Sur del sur, las islas en medio del Atlántico. Unos pocos kilómetros cuadrados que ocupan un espacio desmedido en el imaginario popular argentino.

Venían de tocar en grandes escenarios ante miles de personas. El legendario festival Glastonbury los acogió en 2007, así como el multitudinario Summer Sonic japonés.

En su gira malvinense, pasaron de audiencias de miles de espectadores a sólo unas decenas de islanders, poco acostumbrados a recibir bandas de gira.

“La banda empezó tocando en pubs y probablemente toquemos en bares siempre, así que no nos importó. Cuando llegamos a Malvinas tuvimos que buscarnos lugares para tocar y aceptar cualquier cosa que nos ofrecieran,” relata Luke Richardson.

No fue fácil: la recepción de los isleños fue hostil y muchos sospecharon de las verdaderas intenciones de los músicos.

"La cantidad de gente que quieren traer (14) indicaría que la visita tiene implicancias políticas", escribió en su edición número 25 el periódico semanal The Penguin News, el único que se publica en las islas.

Aquí y allá

Dicen que sintieron que estaban en un lugar diferente a todos los demás apenas bajaron del avión. La base militar, los uniformados armados, los perros custodios, los aviones de combate. Evidencias de una guerra que terminó hace más de un cuarto de siglo, pero que dejó signos visibles a cada paso.

Los Draytones en las Falklands/Malvinas

Ninguno de los integrantes había nacido cuando ocurrió el conflicto.

Llegaron a las islas con Gabriel Sagastume, el veterano que los impulsó en la cruzada, y con él recorrieron los parajes de las batallas, las trincheras, los campos minados, el cementerio británico y el argentino.

Y la gira siguió su marcha. Se ganaron el favor de los lugareños a fuerza de canciones, con aire mod y reminiscencias de The Beatles y The Who: la música que ellos definen como eminentemente draytoniana.

Tocaron en bodas, en pubs, en la escuela. Y llegaron al edificio de la municipalidad: un “gig”, como llaman los británicos a los conciertos en vivo, de alto voltaje político.

Muchos de los que al principio sospechaban de sus intenciones se sumaron esa última noche, y ellos decidieron donar la recaudación a una organización de beneficencia local.

“Nosotros sólo queríamos que la mayor cantidad de gente posible escuchara nuestra música. No se trata de cuán grande es el escenario, sino de cómo resulta la experiencia”, reflexiona Richardson.

Y hasta la prensa dejó de lado sus reparos: "Los Draytones son jóvenes y un poco naif sobre la historia de los gobiernos pasados (…) como para pensar que esta visita 'amistosa' puede ser leída de otro modo que con suspicacia", publicó el mismo Penguin News dos ediciones más tarde.

A los músicos, el viaje también les cambió sus percepciones de la guerra. No habían nacido cuando el enfrentamiento tuvo lugar y en la escuela inglesa aprendieron poco y nada.

"Nos enseñan sólo de la primera y segunda guerra mundial… Nosotros nos preparamos leyendo antes de la visita y el viaje nos ayudó a formar nuestra propia imagen. Somos conscientes de lo que significa para Argentina y de cuán vivos están los recuerdos aquí y en la isla", remata Le Good.

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