Chile rescata su memoria

Michelle Bachelet.
Image caption El museo expone dibujos y objetos que guardaron prisioneros de las cárceles y campos de concentración. (Cortesía del gobierno de Chile)

Una ceremonia marcada por la polémica dio por inaugurado el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos en Chile, que recordará a los muertos, desaparecidos y torturados durante el régimen militar del fallecido Augusto Pinochet, quien gobernó entre 1973 y 1990.

La presidenta Michelle Bachelet encabezó la actividad a la que asistieron las más altas personalidades del país, incluidos los ex mandatarios Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos, más otros invitados ilustres como el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

La figura del literato generó reacciones adversas y algunos presentes le recriminaron que haya llegado a Santiago para apoyar la candidatura presidencial de derecha de Sebastián Piñera, quien este domingo se enfrentará en segunda vuelta con Eduardo Frei.

Algunos insultos debió soportar el intelectual peruano a su ingreso al imponente edificio instalado en la central avenida Matucana. La situación se calmó cuando llegó la comitiva de Bachelet, quien realizó un emotivo discurso para marcar la inauguración oficial del recinto.

"Además del registro de los dolores, el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos muestra una hermosa historia: presenta los esfuerzos y la dedicación de tantos chilenas y chilenos, así como personas en todo el mundo empeñados solidariamente en la lucha por los derechos humanos desde la propia época de la dictadura y hasta la actualidad", señaló la jefa de Estado.

Interrupciones y tensión

La ceremonia tuvo un momento de máxima tensión cuando una mujer que se identificó como hermana de Matías Catrileo, comunero mapuche muerto a manos de la policía en enero de 2008 en la zona de la Araucanía, interrumpió a viva voz el discurso de la presidenta.

A esta manifestación se sumó una hermana de Eduardo y Rafael Vergara Toledo, asesinados el 29 de marzo de 1985 mientras participaban en una protesta contra Pinochet, lo que generó la incomodidad y la posterior reacción de Bachelet.

Image caption También hay miles de fotografías de los desaparecidos, muertos y torturados. (Cortesía del gobierno de Chile)

"Entiendo su dolor, pero en democracia se hace justicia y se hará justicia, es lo que nosotros podemos asegurar. Justicia que nunca tuvimos en esos años, prisión para los culpables que nunca existió, complicidad de los gobiernos que hoy día no existe, así que por favor pido respeto para el dolor de todas estas familias que como ustedes quieren justicia", expresó.

La presidenta de Chile es víctima directa del régimen militar ya que su padre, Alberto Bachelet, fue un general de la Fuerza Aérea que se opuso al golpe que el 11 de septiembre de 1973 derrocó al gobierno de Salvador Allende, y murió en 1974 luego de ser detenido, torturado y enjuiciado por "traición a la patria".

Apoyo condicionado

En el edificio de 5.600 metros cuadrados se expondrán registros audiovisuales, grabaciones de programas radiales, dibujos y objetos que guardaron prisioneros de las cárceles y campos de concentración, además de testimonios, anotaciones y prendas de los afectados.

Algunos de esos objetos fueron donados por los familiares de las víctimas, quienes advirtieron que si Sebastián Piñera llega a la presidencia y pretende reestructurar la idea original del museo -incluyendo por ejemplo a casos de militares afectados por la violencia política- retirarán sus aportes.

Así lo explicó a BBC Mundo la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Alicia Lira, señalando que "va a contar con nuestro apoyo mientras se mantenga solamente lo que tenga que ver con las violaciones a los derechos humanos desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 90".

"Nuestro aporte con algunos materiales ha sido en forma condicionada, y en el momento que cambie la esencia nosotros le quitaremos el respaldo", recalcó.

A favor y en contra

El objetivo principal del museo es preservar la memoria para que no se repitan hechos como los que terminaron con 3.195 muertos, muchos aún desaparecidos, y cerca de 30.000 torturados, según la comisión nacional sobre Prisión Política y Tortura.

Mientras las autoridades califican como emblemática la inauguración de este recinto, en la calle lo que más hay es desinformación y reacciones diversas, según constató la BBC en el centro de Santiago.

"Es positivo para que todos recordemos lo que pasó y no vuelva a suceder", dijo Rubén, de 34 años, mientras que Aldo, de 33, tuvo una opinión contraria al señalar que "hay que mirar adelante sin olvidar lo que pasó, pero remover heridas que duelen no es bueno".

"Va a depender mucho de la administración del lugar, porque si es para atraer a la misma gente que ha pasado por los centros de tortura o que es familiar no va a abrir mucho el campo histórico", declaró la cantante Anita Tijoux, mientras que para Roberto Meza, de 65 años, "mantener en la memoria cosas tan negativas no me parece bien".

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