Chile: una segunda vuelta voto a voto

Piñera y Frei
Image caption Sólo 1,8 puntos porcentuales separan a Piñera de Frei, es decir, un empate técnico.

“Súmate al cambio”, proponen los afiches a un lado de la calle. “No dejes que Chile vire a la derecha”, refutan otros carteles desde la acera de enfrente, en pleno centro de Santiago.

Quedan pocas horas para el cierre oficial de la campaña electoral en Chile y los candidatos al ballotage del próximo domingo gastan sus últimos cartuchos para ganarse el favor de los votantes.

El nominado por la gobernante Concertación de centro-izquierda, Eduardo Frei, y el aspirante por la derechista Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, se medirán frente a frente en esta segunda vuelta.

El empresario opositor llega como favorito después de haber sacado una ventaja de casi 15 puntos sobre el hombre del oficialismo en la primera votación, el pasado 13 de diciembre.

Pero, a diferencia de lo que ocurrió entonces, la distancia entre uno y otro en intención de voto es mínima y no hay resultado “cantado”.

Los analistas consultados por BBC Mundo evitaron los vaticinios, pero todos coincidieron en que las encuestas dan un escenario de “empate técnico”, es decir, una diferencia de sólo un par de puntos adjudicables a los márgenes de error de todo sondeo preelectoral. Lo que significa que nadie –dicen- puede saber a ciencia cierta qué dirán las urnas.

Guerra de encuestas

Las últimas mediciones del Centro de Estudios MORI, difundidas el miércoles, trajeron una bocanada fresca al comité de campaña concertacionista: según las proyecciones, el oficialismo estaría sólo 1,8 puntos por debajo de la Coalición, lo que significa que Frei habría acortado sustancialmente su distancia con el favorito, Piñera, en los últimos días.

Image caption La idea de la continuidad es la que ha defendido Frei en su campaña.

En tanto, una encuesta del diario El Mercurio, de corte conservador, otorga a Piñera un 46% de los votos contra 41% de Frei, una diferencia demasiado gruesa como para encuadrarse dentro de los errores de medición.

Casi en simultáneo, un informe del palacio presidencial de La Moneda adjudica una ventaja de 2 puntos a su candidato, aunque no entrega precisiones sobre cómo se recopilaron los datos.

Este cruce de números de última hora es, a la vez, una conocida estrategia de campaña –en la que cada comando asegura que su hombre es el favorito- y la evidencia de un pronóstico en el que todos coinciden: ésta será una elección que se definirá voto a voto.

¿Cambios sin cambios?

¿Lo que está en juego? La idea de continuidad, promovida por un partido que lleva 20 años en el gobierno, versus una opción de viraje hacia la derecha, si es que las fuerzas conservadoras logran acceder al poder por las urnas por primera vez desde el retorno de la democracia, en 1989.

Aunque, de resultar electo, Frei deberá renovar las filas de su coalición después de una mala elección para el oficialismo, cualquiera sea el resultado final, y Piñeraha prometido una opción conservadora moderada y muy distinta a la que vio Chile en décadas pasadas. Así, continuidad y cambio se convierten en dos caras de una misma moneda, la que echará a rodar quien quiera sea elegido el domingo.

Quizás por eso en las calles de Santiago no se siente el fervor de los comicios. Sólo un calor veraniego agradable, de café y charla en las veredas y de calles con tránsito algo aliviado por la salida de muchos habitantes rumbo a destinos vacacionales.

“Uno percibe que a nadie se le va la vida en esta elección, como sí pasó en 1999. No tiene ningún dramatismo. Tanto, que muchos que se fueron de vacaciones no tienen pensado volver a votar”, opina el analista Ascanio Cavallo, de Tironi Asociados, ante BBC Mundo.

Cazar “votos huérfanos”

Según los expertos, la última palabra en las urnas la tendrán los votantes que perdieron a un candidato en primera vuelta: Marco Enríquez-Ominami, la “promesa joven” que se escindió del Partido Socialista y azuzó la campaña desde el inicio.

Image caption Piñera sigue confiado en que la mayoría de los chilenos lo elegirán presidente.

Pero un desempeño peor al que se había estimado dejó a este candidato independiente en tercer lugar y fuera de contienda, y con él al 20,1% de los chilenos que le había entregado su voto.

En los comandos de campaña, la batalla de los últimos días es, sobre todo, por conseguir el voto huérfano de los partidarios de MEO –como lo llaman aquí, por sus iniciales.

“¿Cómo se va a repartir ahora? No es fácil suponerlo. Un tercio de los que votaron por Marco Enríquez iría a Piñera, según sondeos, y los otros dos tercios a Frei. Más el voto comunista de (Jorge) Arrate (cuarto, con 6%) que iría totalmente a Frei. Si esta hipótesis es cierta, estaríamos frente a un empate o, más bien, una definición en los márgenes”, aventura Cavallo.

“Según lo que hemos estudiado, los votantes de Marco Enríquez se inclinan por la idea de cambio aunque su líder esté ideológicamente más cerca de la Concertación, lo que podría complicar la situación de Frei. Pero no es tan simple: la idea de votar como premio a la gestión de Bachelet también es un factor que cuenta”, dice a BBC Mundo Roberto Izikson, de la consultora Adimark.

En la tarde del miércoles, Enríquez-Ominani dio un espaldarazo a Frei en este sentido, aunque bastante más tibio del que esperaban en la alianza oficialista, en la que el joven político supo militar.

“Declaro formalmente mi decisión de apoyar al candidato de este pueblo, el del 29% de los chilenos que votaron en diciembre”, aludió MEO, sin nombrarlo, al hombre de la Concertación.

Así, el de Enríquez-Ominami se suma a otros apoyos políticos recibidos por Frei, como el de la alianza izquierdista de Arrate, el Partido Humanista o sectores sindicales.

Eso, y los guarismos preelectorales más recientes, renovaron sus esperanzas de una victoria, cuando faltan 72 horas para que Chile decida quién lo gobernará por los próximos cuatro años.

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