Haití: Ayuda en primera persona II

Enfermera en Puerto Príncipe
Image caption Los niños son la prioridad de los equipos de rescate tras el terremoto de Haití.

A continuación les ofrecemos la segunda entrega del relato de las impresiones y experiencias de varios de los cooperantes que se encuentran en Haití colaborando en el rescate y atención a las víctimas del terremoto.

Carwyn Hill, Llamada para hospitales en Haití

Sarah Gillam, Actionaid

David Darg, Operation Blessing

Lea también: Haití: ayuda en primera persona I

Carwyn Hill

Hoy inauguramos nuestro hospital en Cabo Haitiano y admitiremos a los primeros pacientes procedentes de Puerto Príncipe.

Sabemos que en los próximos días vendrán muchos más y estamos prevenidos para una situación difícil.

Ninguna de las organizaciones de ayuda están distribuyendo materiales médicos en el norte de la isla y esto es algo urgente.

Necesitamos antibióticos, anti-inflamatorios, analgésicos… Y médicos voluntarios.

Pedimos a las organizaciones que sean conscientes de esta situación. No queremos ver otra crisis con los refugiados en el norte.

No había ninguna reserva en los hospitales antes del terremoto. Y menos las hay ahora.

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Sarah Gillam

Image caption Muchos refugiados en Haití se han instalado en campamentos improvisados.

Todavía hay gente que envía mensajes de celular desde debajo de los escombros, pero hay muy poca ayuda organizada para ayudarlos.

El ejército de Estados Unidos cree que hay 200.000 muertos en la ciudad y se puede oler la podredumbre cuando se pasa cerca de los cementerios de la ciudad.

Uno de mis compañeros, Mario Díaz, visitó dos campos de refugiados grandes en Mariani y vio bebés, niños y mujeres embarazadas en condiciones precarias, muchos sin nada que los protegiera del sol.

Muchos estaban heridos y todavía hay muchos cuerpos en descomposición al aire libre. El agua está contaminada con animales muertos y no hay higiene.

La comida es otro problema importante. Muy poca gente puede permitirse comprar porque los precios han subido mucho y ni siquiera tienen dinero.

La gente vende fruta, ropas y zapatos por la calle. Hoy hemos distribuido 17 lotes de mantequilla de cacahuete reforzada de proteínas y hemos dado una ración de comida a al menos 2.550 personas, además de medicamentos básicos.

Pensando en el futuro, cuando llegue la temporada de huracanes en mayo, si la gente sigue viviendo en estas condiciones, el resultado puede ser catastrófico.

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David Darg

Esta mañana nuestro equipo dejó el aeropuerto y se dirigió al estadio de fútbol. En el camino fuimos bloqueados por un grupo de haitianos que necesitaban comida.

Nuestro intérprete les explicó que sólo llevábamos material médico y nos dejaron pasar.

Si ya era difícil circular por el laberinto de calles de Puerto Príncipe antes del terremoto, ahora, con autos destrozados y escombros por todos lados, es casi imposible.

Cada vez que el coche se detenía, una multitud se juntaba a nuestro alrededor con gestos de hambre.

En cuanto instalamos la clínica en el estadio, la gente empezó a traer familiares heridos y a dejarlos tendidos en el suelo ante nosotros.

Inmediatamente nos pusimos a tratar casos traumáticos. Nos sorprendió el hecho de que muy pocos hubieran sido atendidos. Algunas heridas se estaban empezando a gangrenar y hemos tenido que organizar una sección de emergencia para operaciones y amputaciones.

Varios hombres entraron corriendo en el estadio cargando una niña que acababan de sacar de las ruinas.

Al principio pensamos que estaba muerta, pero un médico le detectó pulso y comprobó que respiraba. La operamos urgentemente y ahora se encuentra en condiciones estables.

Presenciar esta recuperación milagrosa con mis propios ojos ha sido uno de los momentos más profundos que he vivido en mi vida.

Sólo el haber salvado esta vida ha hecho que toda la falta de sueño, el sudor, todo el esfuerzo para llegar hasta aquí hayan valido la pena.

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