Haití: Ayuda en primera persona III

Niña en Haití tras el terremoto
Image caption Más de una semana después del terremoto en Haití, todavía faltan medios para tratar a las víctimas.

BBC Mundo le ofrece la tercera serie de testimonios de trabajadores humanitarios que se encuentran en Haití trabajando en la atención a las víctimas del terremoto.

Martin Harrison, ingeniero de aguas

Carlos Miranda Levy

David Darg, Operation Blessing

Sarah Gillam, Actionaid

Isabelle Jeanson, Médicos sin Fronteras

Lea también: Haití: ayuda en primera persona I y Haití: ayuda en primera persona II

Martin Harrison

Hoy ha sido un día frenético en el Hospital de la Misión Baptista de Haití, en el que soy miembro de un equipo que llegó el viernes.

El hospital sigue muy ocupado y estamos teniendo que tomar decisiones difíciles como intentar atender a los vivos y a los muertos.

Hemos tenido que cavar una fosa común para los pacientes fallecidos cuyas familias, que probablemente también murieron en el terremoto, no vinieron a recoger los cadáveres.

El olor a muerte está en el aire. Es algo a lo que nunca antes había tenido que enfrentarme.

La gente cuenta que, una semana después del sismo, siguen extrayendo cadáveres de entre los escombros.

El hospital casi se ha quedado sin materiales médicos, combustible para el generador y agua. Sin embargo, resulta casi milagroso cómo estas necesidades se cubren en el último minuto.

Un camión llegó con medicinas justo cuando estábamos acabando de curar a un paciente con la pierna rota. Alguien aportó algo de combustible en el momento en que el generador estaba agotando el depósito.

Y cuando apenas nos quedaba agua, conseguimos poner en marcha la unidad de depuración.

Pero, a pesar de las dificultades, hay sonrisas de esperanza. Por ejemplo, la de Estima Yonel, un pastor de 12 años a quien sorprendió el terremoto cuando cuidaba de su rebaño de cabras en el monte. Unas rocas se desprendieron y le aplastaron el brazo y la pierna.

Los cirujanos trabajaron hasta tarde anoche para salvarlo. Su hermana y su hermano están sentados junto a él con una enorme sonrisa blanca en la cara.

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Carlos Miranda Levy

Image caption El estadio de Puerto Príncipe alberga a muchos afectados por el terremoto en Haití.

Soy consultor técnico de información y comunicación en República Dominicana. El miércoles pasado, después del terremoto, decidí ir a Haití. No trabajo para ninguna organización de ayuda, pero quería ir.

Mis amigos me aconsejaron que no lo hiciera, pero aún así me dirigí hacia allí.

Una vez que me puse en movimiento, las cosas empezaron a rodar rápidamente. Conseguimos un lote de material médico, un grupo de estudiantes buscó un chófer que nos llevara a Haití, unos amigos compraron tiendas de campañas y sacos de dormir y un maestro nos ofreció su todoterreno.

En muy poco tiempo estuvimos listos para salir e intentar ayudar.

Cuando llegamos a Puerto Príncipe, entregamos nuestra carga a un grupo de médicos de Relief International que trabajan en un hospital.

Inmediatamente utilizaron las vendas que les dimos. No les quedaba nada de material.

Todo lo que descargamos fue usado en ese mismo momento. Incluso las cosas más básicas se necesitaban desesperadamente.

Yo sabía que el actor estadounidense Vin Diesel había visitado Haití y República Dominicana con frecuencia y decidí ponerme en contacto con él. Para mi sorpresa, lo conseguí y me dijo que quería ayudar.

Estoy organizando una reunión con él y estoy preparándome para volver este miércoles a Haití con la intención de llevar a cuatro médicos hasta Puerto Príncipe.

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David Darg

Por tercer día consecutivo hemos trabajado para atender a las víctimas en el estadio de fútbol de Puerto Príncipe.

Lo que empezó siendo una clínica improvisada ha crecido hasta convertirse en un hospital de campaña en el que los heridos pasan las noches en tiendas.

Hoy, uno de los médicos israelíes con los que trabajamos suspiró y me dijo que nunca había visto algo así. Ninguno de nosotros lo había visto.

Vi a una niña con la espalda rota, estaba paralizada y se le veía parte de la espina dorsal a través de la herida. Sólo podía moverse para llorar.

Mientras los médicos seguían trabajando en el estadio, vine al hospital nacional en respuesta a un pedido urgente de agua potable.

Éste es el hospital más grande de Haití y hay pacientes por todos los lados.

Buena parte del edificio fue destruido y los heridos yacen sobre mesas de oficina viejas, colchones manchados de sangre o en el suelo.

Instalamos un equipo de purificación de agua que puede abastecer al hospital de casi 38.000 litros de agua limpia al día.

Ha empezado a llover bastante fuerte y los mosquitos no tardarán en aparecer. La lluvia sólo puede empeorar las ya difíciles condiciones de vida de los haitianos.

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Sarah Gillam

Ayer, Actionaid empezó a distribuir los primeros bienes de emergencia y repartimos comidas con alto contendido en proteínas a más de 2.750 niños.

Junto a una organización local, llevamos suministros a cuatro campos de refugiados.

En el más grande hay 7.253 personas. En todos los campamentos se han formado comités de voluntarios para que los residentes se encarguen de gestionar el agua y la comida.

El riesgo de violaciones es muy alto para las mujeres en los campos de refugiados. En uno de los que visité, grupos de voluntarios han creado un sistema para vigilar y proteger a las mujeres más vulnerables durante la noche.

Cada tarde, un agente de policía haitiano se pasa por el lugar y los residentes denuncian a quienes están acusados de violación.

Esto ha reducido el riesgo y demuestra cómo el pueblo de Haití se está haciendo cargo de su propio destino.

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Isabelle Jeanson

Ayer visité el Hospital de la Trinidad. Allí vi a una niña pequeña, de un mes y medio, tumbada de lado porque le habían amputado el brazo derecho y estaba envuelta en vendajes.

La enfermera me contó su historia, triste y milagrosa. La niña estaba en el hospital cuando el terremoto lo destruyó parcialmente.

El bebé cayó a través de los escombros y sobrevivió, pero nadie sabe nada de su madre.

Cada día llegan más organizaciones humanitarias y se ven más grúas que escarban entre las ruinas.

Algunos de los pacientes que atendemos abandonarán el hospital convertidos en personas diferentes. Muchos sufrirán amputaciones porque sus miembros están tan dañados que es imposible salvarlos.

Me resulta sorprendente que todo el mundo aquí, incluidos los trabajadores haitianos, esté tan centrado en un objetivo común: salvar a la mayor cantidad de gente que podamos.

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