¿Qué futuro espera a los niños de Haití?

Pasaron varios días desde el terremoto que asoló Puerto Príncipe el 12 de enero, antes de que Lucianna Moore supiera de la suerte de los nueve niños haitianos que viven en el orfanato que maneja en la capital de Haití su organización, OASIS para los Niños.

Image caption El vacío legal y de autoridad que dejó el sismo, y los "excesos de buena voluntad" agravarían la situación.

Finalmente, Moore pudo contactarlos, supo que estaban bien, aunque temporalmente evacuados de la casa que los albergaba, y que un grupo de ayuda internacional estaba dándoles el sustento que requerían por el momento. Ahora, necesitan una solución de más largo plazo.

Por eso, este viernes, Moore -una haitiana que vive en Nueva Jersey, Estados Unidos, desde 1974- viajará a Haití para ver "qué hacer" y cómo proteger a los niños que cobija en el orfanato que fundó en 2003.

Ella quisiera traerlos a EE:UU., pero reconoce que el trámite ante las autoridades podría ser mas complicado que nunca, sobre todo ahora que se intensifica la preocupación y los rumores sobre un supuesto tráfico ilegal de huérfanos haitianos.

Por esa mezcla de pobreza y falta de controles legales, la seguridad de los menores sin familia en Haití siempre ha sido un tema de preocupación, pero el momentáneo vacío legal y de autoridad que dejó el sismo, junto a los "excesos de buena voluntad" internacional parecen estar agravando la situación.

Buena y mala voluntad

Las alarmas se dispararon este fin de semana cuando 10 ciudadanos estadounidenses vinculados a un grupo religioso del estado de Idaho fueron interceptados en la frontera con República Dominicana intentando sacar ilegalmente del país a 33 niños.

Los religiosos de la Misión Bautista de Rescate de Huérfanos Hatianos aseguran que querían "hacer lo correcto" y llevar a los menores a un ambiente más sano. Alegan que "desconocían" que hacían falta autorizaciones para trasladar a los niños al país vecino.

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En diálogo con BBC Mundo desde su casa en Nueva Jersey, Lucianna Moore no quiso valorar la acción del grupo bajo acusación y reconoció desconocer con precisión la situación de hijos cuyos padres murieron en el sismo o de las familias que quedaron separadas.

Sin embargo, Moore aseguró haber recibido información "preocupante" de colegas en el terreno sobre cómo la falta de controles estaría fomentando adopciones y traslados ilegales.

Algunas adopciones serían hechas de buena fe por personas que quieren sacar a los niños de un medio destruido y potencialmente peligroso para su salud, pero otras estarían siendo aprovechadas por quienes nutren redes de esclavitud y de prostitución infantil.

Antes del sismo en Haití, unos 2.000 niños eran sacados ilegalmente por año del país vía República Dominicana, según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés). Se estima que, tras la catástrofe, la cifra de menores huérfanos o abandonados se ha incrementado, aunque todavía no hay estadísticas.

Paradojas de la solidaridad

Hay países, como España, en los que las adopciones de niños de países que sufren guerras o catástrofes naturales están prohibidas, precisamente porque se reconoce que crean un ambiente favorable para traslados ilegítimos.

Image caption Se calcula que la cifra de niños huérfanos o abandonados haya sobrepasado los 2.000.

Pero son justamente las naciones en dificultades las que despiertan la solidaridad internacional, sobre todo entre quienes esperan la oportunidad de adoptar un niño.

Cristina Isabel Gutiérrez, de Angel Faces, una organización que asesora a parejas que buscan adopciones internacionales, le dijo a BBC Mundo que los argentinos mostraron un particular interés en adoptar niños que quedaron huérfanos tras la catástrofe.

Los aspirantes a padres adoptivos han copado los teléfonos de la embajada de Haití en Buenos Aires ofreciendo sus hogares, al punto que hubo que colocar una línea especial para atender las solicitudes, aunque sólo se toman datos y no se procesan casos.

Marta Arias, directora de Sensibilización de UNICEF España, le aseguró a BBC Mundo que lo prioritario ahora no es la adopción sino atender e identificar a los menores.

"Ahora no es aconsejable la adopción. Algunos niños andan perdidos y puede que sus padres estén vivos. Los pequeños necesitan agarrarse a algo o a alguien conocido y no es bueno para ellos salir a un país extraño", explicó Arias.

Oferta y demanda

"La demanda activa la oferta", le indicó a BBC Mundo Thamar Hahn, oficial regional de comunicaciones de UNICEF, expresando su preocupación de que el alto nivel de solicitudes fomente la actividad de las redes de tráfico de menores.

Pero en el caso haitiano no sólo hay demanda desde afuera, sino que hay un creciente oferta dentro del país.

En los refugios improvisados que se establecieron en Puerto Príncipe, la sensación de desesperanza de muchos podría predisponerlos a dejar que se lleven a sus hijos si eso les garantiza una mejor vida.

Hablando con BBC Mundo vía telefónica desde una plaza del barrio Petion Ville, la que ha sido su casa en las últimos tres semanas, Louis Ballearde aseveró que en las noches algunos de sus compañeros de refugio le han expresado que "si se los pidieran" estarían dispuestos a dejar ir a sus hijos menores.

"No se trata sólo de la situación actual, que es bastante fea. Sino de que la gente está viendo cada vez menos posibilidades de futuro en este país. ¿Qué se le puede ofrecer a un niño en medio de esta destrucción?", se lamentó Ballearde.

A la veda de adopciones de niños provenientes de Haití decretada por algunos países, el propio gobierno haitiano reforzó sus propios controles, incluyendo la exigencia de una autorización del primer ministro, Max Bellerive, para sacar del país a cualquier menor de edad.

En Nueva Jersey, mientras prepara su viaje a Haití, Lucianna Moore sospecha que aún esas "buenas intenciones" oficiales podrían no tener efecto, dada la debilidad tradicional del gobierno haitiano para hacer cumplir la ley.

Al fin y al cabo, la burocracia haitina o la internacional que trabaja en el país nunca ha sido lo suficientemente efectiva como para cuidar la infancia, o para evitar que otros la dañen.