Dos años con el otro Castro

Un cubano habla por celular en La Habana
Image caption Entre las prohibiciones eliminadas por Castro están el acceso a los hoteles y el uso de celulares.

Hace dos años, el 24 de febrero del 2008, los diputados del parlamento cubano elegían al ministro de las Fuerzas Armadas, General Raúl Castro, como presidente. Finalizaban así medio siglo de "fidelismo" con un traspaso de poder ordenado.

Del archivo: Raúl Castro asume la presidencia

De inmediato se hizo evidente que el pragmatismo era la diferencia fundamental entre uno y otro estilo de gobierno. Raúl Castro eliminó prohibiciones absurdas, aceptó las diferencias de ingresos y repartió las improductivas tierras del Estado.

Paso a paso, el país real ha ido emergiendo de la clandestinidad. Antes los cubanos también usaban celulares, navegaban en internet, se hospedaban en hoteles y manejaban taxis privados. La diferencia es que ahora lo pueden hacer de forma legal.

Los grandes enemigos de Raúl Castro han sido los tres ciclones que devastaron el país en su primer año de mandato, la crisis económica mundial en el segundo y la férrea oposición a los cambios de la burocracia, un monstruo alimentado por la propia revolución.

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Eliminando absurdos

En su primer discurso como presidente, Raúl Castro prometió eliminar prohibiciones innecesarias y enseguida se puso manos a la obra. Una semana se anunciaba el acceso de los cubanos a los hoteles y a la siguiente se les permitía utilizar celulares.

Así los ciudadanos fueron recuperando derechos legales e incluso constitucionales que habían perdido. Se les permitió comprar computadoras y navegar por internet en los cibercafés, ambas cosas prohibidas durante años.

Pero no sólo por la red podrán navegar, se les autorizó también a montar en barcos privados para salir a pescar y pasear, exigiendo para ello sólo la presentación del carnet de identidad de los pasajeros a las autoridades portuarias.

Se eliminaron las escuelas-viviendas preuniversitarias en el campo, donde debían acudir obligatoriamente todos los alumnos del país que quisieran alcanzar el título de bachiller, imprescindible para acceder después a la universidad.

Una igualdad distinta

En el terreno económico se produjo un importante cambio de concepto: el presidente Castro precisó que no habría igualdad de ingresos sino igualdad de oportunidades. Algo que reconoce las diferencias sociales e intenta utilizarlas como incentivo a la producción.

Según algunos académicos, el nuevo proyecto se sostiene en dos pilares: limitar los beneficios "para todos" y aumentar los ingresos "para los que producen". En la práctica sin embargo, los recortes sociales avanzan mucho más rápido que el crecimiento del salario.

Cierran comedores obreros, aumentan la edad de jubilación y eliminan el seguro de desempleo, mientras el fin de los Topes Salariales, medida que permitirá un crecimiento del ingreso, sólo beneficia al 25% de los trabajadores, según denuncia el máximo líder sindical, Salvador Valdés.

Image caption El nuevo gobierno entregó 10.000 licencias de taxis.

La reforma agraria parece la medida más exitosa a partir del reparto de las tierras estatales a 100.000 familias. El efecto no se hizo esperar: en 2009 la agricultura fue uno de los pocos sectores económicos que creció, según el ministro de Economía, Marino Murillo.

La existencia de estos nuevos campesinos y la autorización al trabajo de los transportistas privados –tanto de pasajeros como de mercancías- constituyen en sí mismo un crecimiento del trabajo por cuenta propia, que llevaba diez años estancado.

El gran lastre es la liquidez financiera, lo que provocó tensiones con los inversores extranjeros cuando se les impidió retirar el dinero de sus cuentas bancarias. Sin embargo, en diciembre de 2009, Raúl Castro anunció que se había pagado un tercio del total adeudado.

Curiosamente, Cuba ha estado invirtiendo en el extranjero, creando empresas mixtas en países árabes, africanos y asiáticos. Desde una heladería en Angola hasta un hotel de 5 estrellas en China, pasando por fábricas de medicinas y empresas hidráulicas.

Menos condenados

En lo referente a los derechos humanos, el hecho más importante registrado en estos dos años es la conmutación de la pena de muerte a decenas de condenados que esperaban ser fusilados, algo que pasó casi desapercibido en el mundo.

Image caption Los nuevos campesinos privados han disparado la produción agrícola.

Producto de algunas liberaciones, el número de presos políticos se redujo a 200, según la opositora Comisión de Derechos Humanos. En la cifra se incluyen desde asesinos confesos hasta medio centenar de disidentes considerados por Amnistía Internacional como prisioneros de conciencia.

En segundo lugar está la renuncia al monopolio informativo. El reconocimiento legal de que los cubanos pueden navegar por internet –aún siendo muy caro- implica aceptar el derecho de los ciudadanos a obtener información diversa, incluso sobre su propio país.

Por otro lado, el movimiento por los derechos de las minorías sexuales, encabezado por la hija del presidente, logró que se realizaran operaciones de cambio de sexo a los transexuales y efectuó su primera manifestación pública en el centro de La Habana.

Pero por segundo año consecutivo se quedan escritas y engavetadas la ley que les permite a los ciudadanos salir y entrar libremente del país y el nuevo Código de Familia que reconoce los derechos legales de los gays, travestis, transexuales y lesbianas.

Los retos

El mayor reto del General Raúl Castro es el tiempo: la generación histórica se acerca al final de sus vidas. A pesar de esta realidad, en sus últimos discursos el presidente pidió paciencia y anunció que los cambios se harían sin apresuramientos.

Tal vez por eso no han dejado de buscar cuadros capaces de sustituirlos. Dirigentes que rondan los 50 ó 60 años fueron nombrados ministros de sectores tan sensibles como la Economía, Finanzas, Comercio Exterior, Turismo, Trabajo, Transporte y Relaciones Exteriores.

Según el sociólogo Aurelio Alonso, durante medio siglo "el carisma se tragaba a las instituciones". El cree que ahora la apuesta es "cambiar la legitimidad carismática (de Fidel Castro) por la legitimidad institucional (…) el dominio de las reglas y las normas".

La tarea no será fácil. Sobre todo cuando se cuenta con instituciones como el Parlamento donde casi no existe cultura de debate. La unanimidad es tal que en más de 30 años de actividad nunca un diputado votó en contra de ninguna propuesta oficial.

En tanto, los discursos siguen herméticos respecto al modelo que se diseña, mientras la prensa nacional oculta algunos de los cambios más importantes, como el acceso a internet. Por eso, no resulta extraño que muchos cubanos estén convencidos de que nada está cambiando.

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