Terremoto en Chile: "Más fuerte que el del 85"

Terremoto en Chile, Santiago.
Image caption Los chilenos no pueden evitar comparar el terremoto de este sábado con el de 1985.

No hay otro tema de conversación en Chile. En las radios y canales de televisión, pero principalmente en las calles y esquinas, todos comentan el terremoto de 8,8 grados en la escala Richter que sacudió a gran parte del país a las 03.44 horas (hora local), cuando la gran mayoría dormía en sus casas.

Los chilenos ya están acostumbrados a los movimientos de tierra que suelen registrarse cada cierto tiempo, y llega a ser habitual despertarse con algún temblor y esperar que pase sin mayores contratiempos.

Image caption En las calles de la capital se instalaron tiendas de campaña.

Pero en la madrugada del sábado la situación fue distinta, y quienes esperaban que la cosa fuera leve se equivocaron, y tuvieron que admitir que esta vez sí había llegado el temible momento de sufrir en carne propia un terremoto.

Movimientos intensos durante segundos que parecieron interminables, sonido de vasos, platos y otros objetos quebrándose en el suelo, reventón de vidrios y ampolletas, y finalmente el corte de luz que dejó a gran parte del país bajo un oscuro terror.

Primero fueron los gritos, después la búsqueda de un lugar seguro donde esperar las temidas réplicas.

"Fue más fuerte que el del 85, más largo. Esa vez sacaron a la gente, Dios quiera que no pase nada más ahora", comenta un hombre que no quiso identificarse, mientras estaba en la calle con su madre y una hermana junto a una carpa, esperando que esta vez no tengan que abandonar sus casas como hace 25 años.

Grietas y miedo

Los edificios de la calle Carlos Valdovinos en la comuna de San Joaquín, Santiago, sufrieron los embates del terremoto que el 3 de marzo de 1985 se dejó sentir sobre la zona central de Chile, y siempre se dijo que no estaban preparados para soportar otro sismo de gran magnitud.

Image caption "El edificio está agrietado y no resiste una réplica, se va al suelo con un temblor de 2 grados", comenta Macarena.

Al recorrer el sector queda claro que eso es así. Aunque esta vez la destrucción fue menor, las paredes agrietadas se repiten en las antiguas construcciones, y sus habitantes no saben si permanecer ahí o buscar refugio en otros lugares.

"El edificio está agrietado y no resiste una réplica, se va al suelo con un temblor de 2 grados", expresa Macarena, quien se despertó junto a sus dos pequeñas hijas cuando dormía en su departamento del cuarto piso.

"Lo importante es que estamos bien, porque lo único que me importaba eran ellas", destacó.

Restos de fogatas que se encendieron para pasar la noche afuera de las casas afectadas se ven por doquier.

No se habla de otra cosa que no sea el terremoto. Los fieles lloran la destrucción de iglesias emblemáticas como la de la Divina Providencia; los hinchas del fútbol lamentan la suspensión de los partidos; los aficionados a la música se quedaron sin la última jornada del festival de Viña del Mar.

Todos tienen algo que expresar tras una noche de terror que, con la luz del día, se mantiene ante la amenaza constante de las réplicas que se suceden.

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