Terremoto en Chile: "Fue terrible y eterno"

Tras el terremoto que sacudió a Chile este sábado, los lectores de BBC Mundo en ese país envían mensajes contando qué sintieron y sienten luego del temblor. Muchos manifiestan dos grandes temores: a las réplicas y a los saqueos.

"Estamos todos pendientes de las réplicas", dice desde Santiago Raquel Cerda Quinteros.

"Acá el miedo nos invade. Hace pocas horas se reanudaron los servicios básicos y gracias al cielo tenemos internet para saber qué pasa", escribe este domingo una lectora identificada como Fer.

"En menos de un segundo se cortó la luz en casi todo Chile y no faltaron los delincuentes que hicieron de las suyas robando en tiendas, a oscuras", cuenta Daniel Ignacio desde Viña del Mar.

"Yo pido a los comerciantes de Chile que no se aprovechen de esta situación", protesta Hans Witt desde Valparaíso y dice que los precios del pan, el agua y la comida se duplicaron tras el sismo.

En los mensajes también se lee la angustia de los lectores que no saben nada de sus seres queridos. Infinidad de mensajes se preguntan por el paradero de parientes y amigos de los lectores de BBC Mundo.

Desde Iquique, alguien se pregunta sobre el estado del Cementerio Parroquial de San Bernardo, "pues allí tengo a mis padres y antepasados sepultados y deseo saber cómo se encuentran sus restos".

Chile dormía

Como a las 3 de la madrugada, Ricardo Díaz se despertó en su casa de San Bernardo, al sur de Santiago. "Algo en el ambiente me decía que pronto pasaría algo", escribe.

"Después de bajar a la cocina a beber jugo, un pequeño ruido zumbaba en mi oído. Los perros comenzaron a ladrar una y otra vez. De pronto el ruido se hizo más fuerte", prosigue Díaz y señala que al poco rato corrió al dormitorio de su bebé ante la evidencia del terremoto.

Image caption Miles de casas se vinieron abajo.

En ese momento, la casa de Pablo Cabezas, un lector santiaguino de 14 años de edad, "se movió como una gelatina durante uno o más segundos". Ahora, una nube de polvo sobrevuela su ciudad con "edificios llenos de grietas, cúpulas de iglesias caídas, edificios ladeados".

Ese mismo minuto, Valter Vidal apretaba la mano a su hija y trataba de mantenerse en pie en la escalera. La energía eléctrica se había cortado. "El sismo se sintió eterno, de inmediato intuimos que esto era muy serio", dice Valter.

Ricardo Torres Medina, en Temuco, llevaba media hora dormido cuando su cama se sacudió: "Todo se apagó, la casa de dos pisos parecía que se iba a desarmar. No encontraba la puerta de salida de la pieza y me corté un dedo del pie con los vidrios quebrados. Lo peor es que no aclaraba nunca".

Como una película

Mientras tanto, Lidia Riquelme Sandoval escapaba de su casa. "Fue terrible y eterno", resume. "La gente estaba en sus autos estacionados a la orilla de la carretera, había niños en pijama y gente en batas y pantuflas por miedo a un tsunami, era como una película".

A Minerva Peña, de la capital, se le caían los objetos de su pieza de madera. "Pero yo no pensé en las cosas, sino en que debía salir con mi hija, manteniendo siempre la calma", dijo a BBC Mundo.

"Pensamos que no íbamos a vivir", dice Carlos Bravo, que veía caer sus muebles. "Nos despertamos como si un tren pasara por debajo de la casa", grafica otro lector llamado Álvaro. "Parecía no terminar nunca. Santiago se convirtió en un gran fantasma", agrega una tercera lectora.

Minutos eternos

Muchos lectores coinciden en que en el momento del temblor el tiempo se detuvo.

Como para Pedro Pablo, que quedó encerrado en su dormitorio pues la puerta se le salió de la base "quedando fuertemente cerrada, y yo en el interior. Fueron los dos minutos más largos de mi vida".

Image caption Alfredo y su novia se refugiaron bajo los marcos de las puertas.

Alfredo Eduardo Castillo, de Viña del Mar, despertó a su novia y ambos se refugiaron bajo los marcos de las puertas. Según Alfredo, el sismo duró tres minutos.

"Fue súper largo el sismo, se escuchaban estruendos muy fuertes, sentir el movimiento en plena oscuridad fue terrible", cuenta otra chilena de nombre Gabriela. Para la lectora Natalia, fueron "120 segundos eternos. Pensé que no se acabarían y que el edifico donde estaba, en el piso 9, se desplomaría".

"Simplemente abracé a mi madre y me entregué", cuenta Mónica Zuñiga, de la capital chilena, que se encontraba en un octavo piso escuchando un "ruido horrible, intenso e interminable". Algo parecido hacía Pablo Torres: "Con mi familia sólo nos abrazamos los cuatro y esperamos lo peor".

En la casilla de mensajes de BBC Mundo tampoco faltan los mensajes de esperanza. "Sé que saldremos adelante, somos un país sísmico, y la infraestructura en general resistió", dice un lector santiaguino. "En nuestra historia ya conocemos de esto y salimos adelante", recuerda un compatriota.

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