"El problema es la desinformación"

El Museo de Bellas Artes en Santiago
Image caption Las cornisas del Museo de Bellas Artes en Santiago no resistieron el sismo.

Alejandro Rodrigo Nuñez vive en Santiago donde, durante varios días, se sintieron réplicas del terremoto. Como muchos, buscó comunicarse con personas en el lugar del epicentro pero vio sus intentos frustrados.

Aunque critica algunas de las medidas preventivas de las autoridades, él -como todos los lectores de BBC Mundo que contribuyen con sus diarios- resalta el espíritu de solidaridad y colaboración que manifiestan los chilenos ante la emergencia.

Sábado 27 de febrero

La situación es dramática. En Concepción, una de la ciudades más afectadas, acaba de comenzar el toque de queda por los constantes saqueos a supermercados.

En Santiago la policia ha tenido que repeler varios intentos de pillaje a tiendas comerciales. El mayor problema en estos momentos es la falta de información y la poca conectividad en la octava y novena región.

Los pueblos costeros como Iloca, entre otros, han desaparecido casi por completo. Autoridades no activaron el plan de maremoto.

Lunes 1 de marzo

Son las 8:30 de la noche y un nuevo día de incertidumbre ha terminado. A pesar de ser un día normal de actividades, las calles evidencian el temor y desconocimiento de un pueblo intimidado.

Un punto tradicional de la capital es el Museo de Bellas Artes, el cual no pudo sobrellevar los 8,8 grados del movimiento telúrico. Los pilares, cornisas y muros no soportaron la furia de la naturaleza.

La mayoría de las personas tratan de limpiar y restituir su vida normal, pero las réplicas constantes hacen recordar que la catástrofe no ha pasado. Cada nuevo temblor revive el trágico escenario de la madrugada del sábado.

Los supermercados y bazares ya comienzan a sentir el efecto de la escases. La alta demanda de insumos básicos ha elevado los precios por las nubes. Al conversar con las cajeras el mayor temor que se tiene es el saqueo. En Santiago varios intentos de pillaje han movilizado a las fuerzas de orden. Los medios de comunicación muestran a diario los robos en la octava y novena región, lo cual ha incentivado a grupos antisociales en la capital.

Uno de los mayores problemas es la desinformación. Gran parte de la población tiene familiares en las zonas más dañadas. La impotencia de no poder comunicarse con los seres queridos atormenta a las personas que ven a diario imágenes apocalípticas del sur del país.

Sectores como Macul, Renca, Quilicura, Nuñoa son los más afectados en Santiago. Familias completas quedaron prácticamente en la calle. Los pobladores se resisten a dejar sus casas por miedo a los robos.

Los municipios han otorgados carpas e insumos a los damnificados, pero la ayuda es insuficiente. El gobierno ha tardado en la entrega de material, la restitución del agua potable y energía eléctrica.

Una de las pocas cosas que se jacta el chileno es de ser solidario y esta no ha sido la excepción. Numerosas instituciones están reuniendo insumos, dinero e información sobre las personas desaparecidas. Están corriendo listas de voluntariados para la construcción de viviendas de emergencia en los sectores más afectos.

L ea el diario de Sebastián Rojas Palma, un joven inglés en Santiago de Chile.

Contenido relacionado