Chile: el terremoto envió las misas a la calle

Personas sentadas en la calle oyen la misa
Image caption La gente asiste a misa mientras autos y buses circulan alrededor.

Una Semana Santa diferente se vive en Chile luego del terremoto del pasado 27 de febrero, que además de casas destruyó gran parte de las iglesias del país y obligó a que las principales ceremonias religiosas tuvieran que buscar nuevos escenarios como gimnasios, colegios o sencillamente la calle.

El sismo de 8,8 grados en la escala Richter afectó seriamente a los templos de un país en que el 70% de su población se declara católica según el último censo de 2002, y una alternativa para que las misas y liturgias no se vieran interrumpidas fueron las plazas públicas.

Image caption El terremoto causó estragos en el 47% de las iglesias de Chile.

El informe de daños en recintos religiosos entregado por la Conferencia Episcopal reportó que el 47% de las iglesias a nivel nacional resultó con daños. De esa cifra, un 19% de los templos quedó en el suelo o deberá ser demolido.

Días después del terremoto surgieron las primeras ceremonias al aire libre, y para la misa de Jueves Santo el panorama se multiplicó en las regiones más afectadas por el cataclismo, según destacó el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alejandro Goic.

"El templo es también un lugar de consuelo, y es necesario en este momento en que hay tanto dolor, tanto pánico y tanto sufrimiento. Pero ahora nos estamos reuniendo en las plazas mientras el tiempo lo permite, en algunas casas o colegios que nos prestan, porque la vida de la Iglesia continúa más allá de los dramas propios que tenemos", señaló.

Entre bocinas y ladridos

Image caption La última cena de Jesucristo fue recreada entre feligreses y curiosos.

La tradicional iglesia Santa Ana, ubicada en el sector céntrico de Santiago, sufrió daños en su estructura y fue clausurada al público, que debió trasladarse con mesas, bancas y todo lo necesario a la plaza ubicada frente al templo.

Allí, entre las bocinas y las alarmas de los autos, el ladrido de perros callejeros o el olor del tabaco que fuman quienes circulan o se sientan bajo los árboles se realizó la ceremonia vespertina que recuerda la última cena de Jesucristo.

"Es una misa con todos los ruidos, pero ha sido súper lindo porque igual las personas han aceptado estar acá y eso indica que seguimos a Cristo, y creo que esa es la importancia de estar al aire libre", le expresó a BBC Mundo Luz, una de las feligresas.

"El templo a futuro va a quedar bien y tenemos la esperanza que se va a reconstruir, pero por el momento tenemos que decir que Cristo está en todas partes", destacó.

A su vez, Victoria subrayó que "dentro del templo o fuera del templo uno tiene que celebrar su fe. Y todo lo malo que te pueda distraer hay que tratar de que no bloquee lo que uno está viviendo espiritualmente".

Una bendición

Image caption La palabra de Dios se escuchó entre bocinas y ladridos.

La situación se repitió, y va a continuar a lo largo de este fin de semana, en todas las localidades de la zona centro sur de Chile que se vieron devastadas por el terremoto y tsunami del 27 de febrero.

En Talca, ubicada a 257 kilómetros al sur de Santiago, el sacerdote Felipe Egaña admitió que lo que les ha tocado vivir es una "experiencia dura, porque se elimina lo que significa el templo para nosotros, que es la casa de Dios", pero destacó la mayor cercanía que han tenido con la comunidad.

"Por otro lado es una bendición porque nos ha hecho en la práctica ser muy solidarios y comprender perfectamente lo que está viviendo la gente. Nos ha hecho ser más cercanos a la gente que está sufriendo, y creemos que de alguna manera podemos sacramentar a Dios como lo que está viviendo Dios, que es la cercanía con los que sufren", le dijo a BBC Mundo.

Image caption En Talca y otras ciudades de Chile las misas salieron a la calle.

Iglesias declaradas monumentos nacionales o patrimonio cultural se vinieron abajo o quedaron severamente afectadas por el terremoto, y se estima que la reconstrucción podría costar unos $140.000 millones (cerca de US$268 millones).

Con pérdidas totales avaluadas en US$30.000 millones, los centros católicos no son una prioridad cuando la tarea urgente del gobierno de Sebastián Piñera es dar techo a los 800.000 damnificados antes que llegue el invierno.

Ante esto, ideas como un nuevo Teletón salieron a la palestra, mientras que la fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre inició una campaña para construir "capillas de emergencia", que tienen un costo de $10.000.000 (unos US$20.000) y cuentan con una capacidad para 100 personas.

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