La impuntualidad, un condenable mal latino

Un jefe espera a su empleado leyendo el periódico
Image caption Para muchos lectores no hay excusa para llegar tarde "siempre".

El foro ¿A usted le importa la puntualidad? recibió decenas de respuestas de lectores de varios países del continente americano. El denominador común no sólo fue la condena a los impuntuales, sino la indignación ante la excusa: "Es que los latinos somos así".

El foro fue abierto a propósito del incentivo financiero que el gobierno boliviano planea otorgar para estimular la puntualidad entre los trabajadores.

Lea: Bolivia lucha contra el mal de la impuntualidad

Según el Ejecutivo de la nación andina, la impuntualidad le cuesta al país millones de dólares en pérdida de tiempo laboral.

Algunos de los participantes de nuestro foro que se identificaron como bolivianos reconocieron que la impuntualidad se ha convertido en un hábito.

"Como boliviano digo que la impuntualidad (mal llamada 'hora boliviana') en mi país es 'cultura' de una gran mayoría y hasta pareciera que se sienten orgullosos de ello", escribió desde Santa Cruz, Nélson.

Para Luis Sanabria, que nos mandó su opinión desde La Paz, la impuntualidad es sólo un problema más que vive su país diariamente.

"En mi país existe desorden y falta de respeto en todas las actividades diarias, desde respetar el horario de trabajo, la permanencia en el trabajo, el uso de los recursos empresariales como teléfonos y computadoras en actividades particulares, los semáforos no son respetados, las áreas peatonales no son respetadas por comerciantes que se creen dueños de la calle, los chóferes no respetan el reglamento de tránsito".

¿A usted le importa la impuntualidad?

"Hora... latina"

Pero Bolivia no parece ser el único país en el que la impuntualidad se ha convertido en un problema.

"Ese artículo sobre Bolivia pudo ser escrito exactamente igual para mi país, República Dominicana", escribió Alberto Lara desde Lawrence, Massachusetts.

Así como en el país sudamericano se habla de la "hora boliviana", en Puerto Rico, según relató Matías en Aguada, existe la "hora puertorriqueña".

"Acá hablamos de la hora puertorriqueña que generalmente es 30 a 45 minutos después de la hora pautada. En los trabajos cuando se disciplina llegan en punto o 'pocos' minutos tarde".

En Venezuela, cuenta José Luis Meneses desde Cagua, "el ser impuntual es una práctica constante y común. Hasta de chiste lo toman y los más descarados se atreven a decir 'así somos los venezolanos'".

"Nuestra idiosincrasia"

Para Luz Nabata, quien confiesa que se le dificulta ser puntual, el contexto cultural influye en la puntualidad.

"Casi la mayoría de latinos padecemos de este mal hábito (…) Creo que tiene que ver con la personalidad o la cultura de un país. Lo peor que me ha pasado es vivir actualmente en uno de los países más disciplinados y organizados del mundo".

Para Alejandro Gómez, en Santo Domingo, se trata de "un mal muy grave y cada día se está arraigando en la costumbre del latino y está formando parte de la idiosincrasia de nuestros pueblos".

Maricarmen García, en Ciudad de México, cuestiona -como también lo hicieron Marcelo Pedrazas; Paola desde Santa Cruz; Jonathan desde Costa Rica; Jimmy Goncalves en Caracas; Víctor Roca desde La Paz y Carlos y Ariel Salazar en Cochabamba- la iniciativa del gobierno boliviano porque llegar a tiempo no debe ser visto como "un acto heroico", sino como una obligación.

"Los latinoamericanos, en general, tendemos a ser impuntuales y lo que debemos hacer es cambiar estos esquemas y respetar más el tiempo de los demás".

Antonio González, quien nos escribió desde Aguascalientes, México, considera que su país es "uno de los pueblos impuntuales de Latinoamérica".

"El decir 'soy impuntual porque soy latino' (…) es más un pretexto cultural que una verdadera causa".

Para otros lectores, como Alberto Meléndez, quien nos dio su opinión en la página de BBC Mundo en Facebook, el problema de la impuntualidad no se vive sólo en América Latina: "Estereotipado completamente... la impuntualidad es un vicio en todas las sociedades, en unas más que en otras", apuntó.

Convivencia

La mayoría de los lectores que condenan la impuntualidad consideran que se trata de un problema personal con repercusiones directas en los semejantes, así lo expresó Diego M.

"El retraso de cualquier persona en un cargo público puede ocasionar que toda una cadena de 'tiempos' de otras personas se complique, hasta limites dramáticos".

"(La puntualidad) es una forma de respetar a las demás personas que te están esperando para un cambio de turno o para que seas atendido en un negocio", nos escribió Gustavo desde Argentina.

Héctor Pereira, en Buenos Aires, fue contundente con su opinión. Para él, la categoría del encuentro, social o laboral, no puede ser nunca una justificación para llegar tarde.

"Es un desprecio ante la actitud de los compañeros de trabajo que son puntuales (…) A una persona impuntual no se le puede dar mucha credibilidad".

Primero la productividad

Sin embargo, para lectoras como María E. Sanabria, quien nos escribió desde Caracas, más allá de lo que dicten las agujas del reloj está el trabajo bien hecho.

"Opino que mientras hagas tu trabajo a tiempo y eficazmente y no retrases el de los demás, no importa la hora a la que llegues. Muchas veces pasas ocho horas en una oficina sólo cumpliendo un horario y no me parece justo".

Una opinión similar la expresó, desde Quito, Gabi.

"Creo que a los trabajadores habría que evaluarlos por su desempeño, logros y metas alcanzadas, no por llegar o no a una hora señalada. Por ahí alguien decía que la puntualidad es la única virtud de la gente innecesaria".

Y usted ¿ya opinó en nuestro foro? Que no le pase lo que comenta Esteban Reines, desde Santiago de Chile, "no va faltar el que quiera participar en este foro cuando ya esté cerrado. Otro más que va a llegar tarde. Y, por supuesto, va a reclamar que no lo dejaron opinar".

O lo que confesó, a modo de chiste, Cristian Ignacio Parrague Ortega, en nuestro sitio en Facebook. "Para variar llegué tarde a opinar..."

Está a tiempo. ¡Participe!

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