Falklands o Malvinas: la otra cara de la cancillería británica

Margaret Thatcher, ex primer ministra del Reino Unido
Image caption El gobierno de Thatcher contempló la posibilidad de una soberanía compartida en un proceso de transición.

La cancillería británica presenta su postura sobre las islas Falklands o Malvinas como grabada en mármol: soberanía británica y autodeterminación de los isleños.

Pero esta línea es menos eterna de lo que dice.

Nada más y nada menos que el gobierno de Margaret Thatcher contempló entre 1979 y 1981 la posibilidad de una soberanía compartida en un proceso de transición.

El ministro de Relaciones Exteriores Nicholas Riddley fue el encargado de presentar la propuesta en diciembre de 1980 ante el Parlamento.

Un elemento clave del lenguaje diplomático actual británico estaba ausente: los deseos de los isleños no eran inalienables sino una "guía" para el gobierno de Thatcher.

En medio de una crisis económica y con un gobierno impopular, la hostilidad de la oposición laborista y de los propios conservadores congeló temporalmente la iniciativa, aunque las conversaciones con el gobierno militar argentino de la época siguieron hasta semanas antes del 2 de abril de 1982.

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Economía y petróleo

El trasfondo de la propuesta era económico: las islas eran una sangría para las finanzas de la corona.

Entre 1974 y 1980 el precio del principal producto de las Falklands o Malvinas, la lana, sufrió una caída histórica que tuvo un efecto devastador sobre el Producto Interno Bruto de los isleños que registró, según el historiador Robert Laver, una caída de un 25%.

En 1975, un gobierno laborista creó una comisión, liderada por Lord Shackleton, que dos años más tarde publicó un informe sobre la necesidad de estimular vías alternativas de financiamiento de las islas como el petróleo y la pesca.

Tanto el gobierno Laborista de James Callaghan como el conservador de Thatcher, intentaron convencer a los isleños -sin mayor éxito- de los beneficios de un acuerdo a largo plazo con Argentina.

"Antes de la guerra la cancillería británica era bastante flexible y pragmática. De hecho, los isleños eran muy críticos con la cancillería. La guerra cambió esa situación", señaló a BBC Mundo Lowell Gustafson, autor de La disputa por la soberanía de las Falklands Malvinas y vicedecano de la Universidad de Ciencias Sociales de Villanova, Pensilvania.

Con vaivenes y contramarchas, esta estrategia diplomática de la cancillería siguió presente durante el conflicto mismo.

"Tres banderas"

Image caption Adiós a las "Tres banderas".

En medio de la febril diplomacia de abril y mayo de 1982, circuló la propuesta de un período interino en el que flamearan las tres banderas en las islas -el Reino Unido, Argentina y Naciones Unida - y se formara una "Administración Interina" hasta que se llegara a un acuerdo.

Quedan muchas dudas sobre si el gobierno de Thatcher, bajo intensa presión interna e internacional para evitar una guerra, dio un aparente consentimiento a la propuesta, seguro de que sería rechazada por el gobierno del general Galtieri.

El historiador, periodista y ex ministro de Obras Públicas argentino Rodolfo Terragno, que vivía entonces exiliado en el Reino Unido, pensó que podía ser una salida al conflicto.

"Cuando el 14 de mayo, si no me equivoco, ella pone sobre la mesa el proyecto de las 'Tres banderas', es decir que se retiren ambas fuerzas, que las islas queden bajo la administración conjunta del Reino Unido, Argentina y Naciones Unidos, yo creo que contuve la respiración. Si la Argentina decía que sí, ahí terminaba la cosa", señala Terragno en el libro Pensar el pasado, del historiador Felipe Pigna.

La iniciativa contemplaba los "deseos" de los isleños como elemento central para un acuerdo, algo que a la diplomacia argentina siempre le ha olido a trampa.

En todo caso, la guerra cerró la exploración de esta vía por mucho tiempo.

Matthew Parris, diputado conservador en 1982 y hoy periodista del diario británico The Times, se opuso en aquel momento a una negociación con Argentina: hoy favorece esta posibilidad.

"El problema es político, ayer y hoy. El actual no es un gobierno fuerte y el próximo tampoco parece que lo será. Ése es el problema", le dijo Parris a BBC mundo.

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