Venezuela: muere agricultor en huelga de hambre

Franklin Brito
Image caption Brito murió de un infarto a consecuencia de su larga huelga de hambre.

El productor agropecuario venezolano Franklin Brito falleció la noche de este lunes a causa de un infarto en el marco de una delicada condición por su prolongada huelga de hambre.

Brito había ganado notoriedad por la incansable protesta que mantenía ante las autoridades nacionales por la situación de sus tierras, las cuales, alegaba, le habían sido retiradas como represalia por una desaveniencia con un alcalde local.

Brito le habría “ganado” a este alcalde en una suerte de competencia por presentar el mejor método para atacar la plaga de un cultivo. Él y su esposa perdieron sus trabajos como maestros y las tierras, de mediana extensión, le fueron otorgadas a terceros.

Según su familia, el gobierno primero reconoció el “error”, pero luego intentó resarcirlo con indemnizaciones en la forma de tractores y otros enseres. Pero no se le otorgaron los documentos que probaban la titularidad de los terrenos y la naturaleza de las reparaciones.

Por su parte, el vicepresidente Elías Jaua declaró en junio pasado que las autoridades habían actuado apegadas “a lo que es una conducta ética de un gobierno revolucionario y en defensa de la vida humana”. Desde su punto de vista, Brito había sido utilizado por la oposición para convertirlo en una bandera política.

De “loco” a “paladín”

En la última de sus huelgas, un tribunal ordenó su traslado al Hospital Militar por razones de índole psicológico, lo que la familia calificó de un “secuestro”.

En semanas recientes, había radicalizado su acción, con la esperanza de llamar la atención del propio presidente Hugo Chávez.

Altos funcionarios de gobierno lo visitaron, pero según informó la familia, no se produjo ningún avance.

El 20 de agosto pasado se conoció que fue colocado en una especie de “coma inducido”, como resultado de las diversas fallas de órganos y daños producidos por la prolongada huelga.

La muerte de Brito ocupa desde ya un amplio espacio en la prensa nacional, convertido, como otras causas con el potencial de capturar la imaginación del público, en una historia con dos versiones.

Los diferentes poderes públicos le dieron la razón, lo calificaron de instrumento de la oposición y declararon que no estaba en plena posesión de sus facultades mentales, en ese orden cronológico. Lo llamaron ícono de obstinación, avaricia, manipulación mediática, de los manejos retorcidos de sectores opositores.

Portavoces de oposición se pusieron de su parte y ratificaron una larga historia de desencuentros y supuestas medias verdades e hicieron de él el David que enfrentó al Goliat oficialista, que todo lo controla y todo lo puede.

Una dicotomía que, posiblemente, no cambiará, ahora que las “últimas consecuencias” a las que dijo estar dispuesto a llegar se materializaron.

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