El nacimiento de Brasilia, según Bioy Casares

Fotos de Brasilia, cortesía herederos de Adolfo Bioy Casares
Image caption Brasilia, en sus inicios. Fotos cortesía herederos de Adolfo Bioy Casares

Hace cincuenta años Adolfo Bioy Casares aterrizó en una utopía de hierro y cristal que se construía en la selva: Brasilia.

El escritor argentino había sido invitado a un congreso literario del que huía para caminar con su cámara y su cuaderno de notas por la anatomía de una ciudad futurista y fantasmal.

El diario y las fotos inéditas de aquel viaje se presentan este miércoles en Casa de América de Madrid.

"Brasilia tiene algo del sueño de arte moderno de un funcionario imaginativo. Es ambiciosa, futura, pobre en resultados presentes, incómoda", describe el escritor en el diario "Unos días en Brasil", un texto que forma parte de las más de 20.000 paginas de su diario personal y de las que solo se han publicado unas 1.600.

"La hipermodernidad le produce horror, los rascacielos, el aspecto fantasmal. Le parecía demagógico y autoritario trasladar la capital, la población. Era totalmente opuesto a su propio ideal clásico", comenta a BBC Mundo Michel Lafon, amigo de Bioy y traductor de su obra.

Este año se cumplió el 50 aniversario de la instauración de Brasilia como capital de Brasil. Sus edificios blancos y geométricos y su diseño en forma de avión (obra del arquitecto Oscar Niemeyer) se ha desbordado con los años. Pensada como una ciudad sin clases, ha terminado padeciendo los problemas de una gran ciudad.

Bioy caminaba por sus calles durante su nacimiento, con edificios aún en obras y obreros indígenas que le miraban con curiosidad. "Las fotos le salvan del espanto que le produce la soledad", anota Lafon.

"Hay una foto magnifica de tres obreros indígenas que casi le sonríen. Los más indígenas, los que no llevan ropas de obrero ni siquiera se atreven a mirarle. A pesar del espanto de la soledad, la prefiere a la muchedumbre de los congresos. No le gustaban los escritores que se tomaban en serio, los calificaba de absurdos burócratas", subraya el experto literario.

Image caption El encuentro con los indígenas. Fotos cortesía herederos de Adolfo Bioy Casares

Vivir es viajar, Bioy

En el diario Bioy también anota sus impresiones de Sao Paulo, "desmesurado, no hermoso", y de Rio de Janeiro, "populosa y vertical".

Brasil, en general, le seduce. "Hay una fuerza de progreso", escribe e inevitablemente hace comparaciones con su Argentina natal.

"Es una ironía en ambos sentidos. Habla de lo acogedor que son los brasileños con los migrantes, en contraste con sus paisanos. Y, acto seguido, critica a los brasileños por su racismo hacia los negros. Quizás es lo más interesante del diario", comentó Lafon a BBC Mundo.

Image caption Brasilia fue creada como una ciudad planeada hace cerca de cinco décadas.

"Tanto para Bioy como para (Jorge Luis) Borges, su amigo inseparable, la modernidad en general era una estafa absoluta, se burlaba de ella. Sin embargo, en la última pagina del diario confiesa que lo mejor de su viaje fue deambular por Brasilia, por el anonimato y la soledad", explicó el traductor de la obra.

En medio del espanto que le producían los rascacielos erguidos y las avenidas rectas, una historia de amor se paseaba por la mente del escritor: Ophaliña, una chica brasileña que se asoma en el relato.

"Viajar para Bioy era vivir, vivir era viajar, encontrarse con la soledad, seducir a una mujer. Era una especie de higiene personal para acumular nuevas experiencias", detalla Lafon, quien entabló una estrecha amistad con el escritor en sus últimos años de vida.

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