¿Cómo se vive en territorio mara?

Conductor de autobús en El Salvador
Image caption En 2008 hubo 133 asesinatos de conductores de transporte público en El Salvador.

Cada día que amanece, su hijo le pregunta ¿a qué hora regresarás? Pero él calla porque no sabe si volverá a casa a salvo. Puede ser que ese sea el último viaje de su vida.

"Hache", cuyo nombre será mantenido en reserva por razones de seguridad, asegura a BBC Mundo que la muerte es parte del trabajo de los conductores de autobuses desde que las maras (pandillas) aumentaron las represalias contra aquellas empresas que no pagan las extorsiones.

"Hache" lo sufrió en carne propia. Hace dos años le dispararon, pero sobrevivió para relatarlo. Desde entonces este conductor tiene la certeza que su profesión es de alto riesgo y no sabe si sobrevivirá otra vez para contarlo.

Las extorsiones son la principal fuente de financiamiento de las pandillas Mara Salvatrucha y la Mara 18 que operan en El Salvador, según las autoridades

La Federación de Asociaciones de Cooperativas de Aprovisionamiento de Empresarios de Transportistas Salvadoreños (Fecoatrans) calcula que la industria paga US$18 millones anuales en concepto de "renta".

Hace una semana, las amenazas de las pandillas paralizaron el servicio de autobuses a lo largo de tres días. Pero quienes trabajan en este sector, viven a diario el riesgo de pertenecer a una de las profesiones más peligrosas en el país.

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Las gremiales de transporte contabilizan un incremento sostenido de asesinatos de empleados desde 2006, cuando las cifras pasaron del centenar. El año pasado fueron 133, lo que representó 46 asesinatos más que en 2008.

Un portavoz de la Asociación de Empresarios de Autobuses Salvadoreños (AEAS) informó a BBC Mundo que el promedio de muertes diarias de choferes o cobradores es de 2,5 en lo que va de este año.

Cerca de la muerte

Image caption El Salvador reforzó la seguridad en las calles con 2.000 soldados adicionales.

"Hache" labora en una ruta que circula en la capital y recuerda con exactitud el incidente que lo dejó al borde de la muerte.

"El día del incidente entré con viaje (pasajeros) y me estacioné en una esquina. Mientras retrocedía no me fijé que estaban dos chamacos (jóvenes) ahí en la puerta. Cuando vi a uno de ellos con la pistola en la mano, no ofrecí resistencia", recuerda.

"El chamaco me insistió diciéndome: '¡dame todo lo que andás!'

"Nervioso, insistió que le diera todo el dinero, y me pegó dos pechadas (golpes en el tórax). Luego me pidió el reloj y cuando estaba zafándome la pulsera, el otro me dejó ir el balazo. Vi la pólvora, el chispazo, el sonido.

"Honestamente no sentí nada. Incluso, yo me levanté, y cuando lo hice fue que golpeé con el timón y quedé sentado. El tipo todavía se bajó y dejó ir otro (balazo), pero ese ya no me lo pegó gracias a Dios.

"El que sí me pegó, me perforó y me hizo cuatro agujeros. Cuando traté de salir del autobús, perdí el conocimiento. Mis compañeros dicen que caí sobre las gradas hasta quedar en la calle", describe este conductor salvadoreño.

Las cifras

Image caption Las maras mantienen en vilo a Centroamérica.

Para evitar más incidentes como este, el ejército y la han reforzado el patrullaje conjunto en un intento de garantizar la integridad de los usuarios y transportistas.

Pero las principales gremiales del país son escépticas porque las extorsiones de las maras siguen vigentes. Y el año pasado los transportistas aceptaron que aumentaran las "rentas" en los barrios de alto riesgo.

De hecho, el jefe de la Delegación Centro de la Policía Nacional Civil (PNC), Gersan Pérez, admite que todas las rutas que surcan el centro de la ciudad son las más agobiadas.

En San Salvador, circulan alrededor de 7.000 unidades entre microbuses y autobuses; pero las que viven la peor parte son aquellas cuyo origen son urbes populosas como Soyapango, Ilopango, San Martín (este), San Marcos (sur), Apopa y Mejicanos (norte).

"Los transportistas dicen que en Ilopango dan dinero a la Mara 18; en el centro, a la Mara Salvatrucha, y en el camino a los delincuentes comunes", indicó Pérez.

El año pasado, el presidente de Fecoatrans, Catalino Miranda, afirmó que pagaron US$1.5 millones mensuales, lo cual equivalió a un aproximado de US$50,000 al día.

Pero para "Hache", las cifras de dinero no son lo importante. Es, afirma, el hecho de viajar cerca de la muerte todos los días.

"Claro que la he vuelto a enfrentar. Varias veces han subido mareros (pandilleros) a pedirme todo el dinero y uno no es nada aquí en el timón", explica.

"Mucha gente nos desprecia y nuestras vidas no valen nada".

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