Por qué decidí no irme de Cuba

Mujer corriendo en el malecón Derechos de autor de la imagen AP
Image caption "¿Por qué estás todavía en Cuba?" es una conversación que una y otra vez sostengo.

En 2002 nos graduamos en la Universidad de La Habana 16 periodistas. En Cuba quedamos hoy ocho. La mitad de ese grupo vive y trabaja en el extranjero: en los Estados Unidos, en España, en Suecia, en México, en Perú, en Canadá…

En 2002 yo no tenía ningún familiar cercano en los Estados Unidos. Hoy tengo unos cuantos en Miami. Si hablamos de amigos en el extranjero, gente que conocí y que traté en Cuba con determinada confianza, la cifra pasa cómodamente del centenar.

Y los simplemente conocidos son unos cuantos cientos.

De ese grupo, la gran mayoría son profesionales. Mujeres y hombres talentosos, trabajadores, esforzados. Hasta el punto de que casi todos han podido labrarse un camino.

De acuerdo, no todos hacen lo que un día soñaron hacer, o lo que están perfectamente capacitados para desempeñar. Pero ha sido básicamente una elección de prioridades.

Si yo hubiera salido de Cuba quizás ahora no trabajara como periodista ni como fotógrafo. O quizás sí. Pero en todo caso, por muchísimas razones —personales, familiares, profesionales, de compromisos— decidí quedarme en mi país.

Como todo el mundo, tengo satisfacciones y carencias, en todos los sentidos. Pero creo que mi lugar es este.

No me gusta que nadie me juzgue o me cuestione por mi elección (que dicho sea de paso, es una elección perfectamente comprensible), de la misma manera que no me permito juzgar ni cuestionar a nadie por sus propias elecciones.

Pero es una conversación que una y otra vez sostengo con muchos de mis amigos en el extranjero: "¿Por qué estás todavía en Cuba? ¿Por qué no vienes a probar suerte en un país con más oportunidades?"

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Image caption Me siento bien en mi país, es mi espacio natural, quiero ser optimista sobre su futuro.

Siempre respondo lo mismo: me siento bien en mi país, es mi espacio natural, quiero ser optimista sobre su futuro y pretendo contribuir a construirlo con mi modesto aporte.

No es una actitud caprichosa, no es un alarde de nacionalismo, no es miedo a lo desconocido, no es resignación, no es una posición política: es una decisión esencial, personalísima, que implica un proyecto de vida.

No pocas personas (dentro y fuera de Cuba) suelen tipificar muy a la ligera esa alternativa: irse o quedarse.

No pocos simplifican las causas por las que los cubanos emigran. Para muchos, toda la emigración cubana implica siempre una protesta y una ruptura con todo un entramado, con un sistema.

Pero la emigración cubana —que obviamente tiene marcadas singularidades dentro del contexto latinoamericano— tiene también móviles comunes a las de otros países de la región.

El cubano, en buena medida, emigra en busca de mejores condiciones de vida, nuevas perspectivas profesionales y personales.

Obviamente, a ciertos entes de poder y pensamiento les interesa dejar establecida una idea: la diáspora cubana es siempre un exilio.

Está claro que la política está en todo. Si alguien emigra porque no puede satisfacer sus expectativas económicas o de bienestar social, es de alguna manera también una emigración política. No se pueden establecer fronteras concretas entre política, economía y sociedad.

(Algunos también emigran por razones puramente familiares, humanitarias, conyugales… pero asumamos que siempre habrá un trasfondo contextual).

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Image caption Cuba vive ahora mismo un momento interesante, de definiciones, de retos, de potenciales oportunidades.

Entendida así la política, buena parte de la emigración —no solo la cubana— es política.

Pero lo cierto es que la mayoría de los cubanos que establecen su residencia en el extranjero no lo hacen "huyendo de una cruenta tiranía", como algunos aseguran.

El éxodo de profesionales, de fuerza de trabajo capacitada, incide negativamente en el país. Pero es un fenómeno inevitable en el mundo contemporáneo: los grandes centros económicos siempre ejercen una poderosa atracción.

Está claro que a niveles macros no parece una ecuación justa, particularmente para los países más pobres. Pero la vida no siempre se puede medir desde lo macro.

Habrá emigración siempre. Y la emigración siempre influirá en el devenir del país. Pero Cuba vive ahora mismo un momento interesante, de definiciones, de retos, de potenciales oportunidades.

Los que se quedaron (incluso, los que no han tenido otro remedio que quedarse) tienen el derecho de mirar el futuro con optimismo.

Yuris Nórido es periodista de medios oficiales como el diario Trabajadores y el sitio digital CubaSí. Es miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), "porque confío en que puede ser motor de cambios necesarios para este país".

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