El regreso de las vacas "nazis"

Vacas y toros Heck
Image caption Tras la II Guerra Mundial muy pocos ejemplares sobrevivieron.

Son gigantes, imponentes, más parecidas a las pinturas prehistóricas de las cuevas de Altamira que a cualquier animal que podamos reconocer hoy día. No se trata de una bestia mitológica ni de un híbrido de ciencia ficción. Son 13 vacas y toros de una raza de ganado creada durante la Alemania nazi, que por primera vez pastan en un granja de Devon, en el suroeste de Inglaterra.

Estos animales -importados desde Bélgica por Dereck Gow, granjero y experto en conservación- son el resultado de la manipulación genética de los hermanos Lutz y Heinz Heck, que, a pedido de Herman Goering (lugarteniente de Hitler y jefe de la Fuerza Aérea durante el régimen nazi) intentaban "purificar" la vida silvestre, reviviendo a los uro, una raza de toros salvajes y grandes como elefantes, extintos desde principios del siglo XVII.

Desde el zoológico de Munich, los hermanos Heck salieron en busca de las razas más antiguas de ganado en Europa, con la creencia de que intercambiando material genético podían resucitar a la raza desaparecida.

Si bien el éxito de su empresa es tan disputado como las técnicas utilizadas para lograrlo, es cierto que la raza que surgió como resultado (y que hoy día se conoce con el nombre de los hermanos) es bastante parecida en apariencia a la de los antiguos uros.

Buenos para el ecosistema

En la actualidad quedan pocos toros y vacas Heck. La gran mayoría pereció durante la II Guerra Mundial. Ahora, Gow espera aumentar su población ya que en su opinión, estos animales pueden jugar un papel importante en la conservación del medio ambiente, reemplazando en este rol a los uros.

"Son una parte importante del ecosistema", señala Gow, "porque cada vaca produce el equivalente a su propio peso en estiércol por año. Esto es excelente para toda la cadena alimenticia, empezando por los escarabajos que se alimentan de excremento".

Por otra parte, el programa para introducirlos en Inglaterra no presenta mayores dificultades, agrega Gow, ya que no se requiere personal para cuidarlos.

Así su imponente figura se verá en la pradera británica como un eco de sus antecesores que se extinguieron. En Europa sobrevivieron hasta la Edad Media, pero sucumbieron a la caza y las enfermedades que les contagiaba el ganado doméstico.

A pesar de los esfuerzos por salvarlos, reforzados por un decreto real, el último sobreviviente de esta bestia tan presente en la mitología teutónica murió en el Bosque Jaktorów en Polonia en 1627.