¿Qué sabor tienen las palabras?

Sopa de letras
Image caption Es posible que cada persona pueda, hasta cierto punto, saborear el lenguaje.

Todos somos capaces de "escuchar" formas y tamaños y quizás hasta de "saborear" sonidos, indica un grupo de científicos de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

La mezcla de experiencias sensoriales, mejor conocida como sinestesia, influye en nuestra percepción y nos ayuda a comprender sensaciones que se producen simultáneamente, señalaron los investigadores.

La sinestesia en sí misma es una rara e inusual condición que afecta a menos del 1% de la población.

Se puede manifestar de diferentes maneras. Algunas personas pueden "ver sonidos", que también les provocan ver colores.

Otros individuos podrían percibir colores mientras leen palabras escritas con negro en una superficie blanca.

Pero, de acuerdo con Charles Spence, profesor de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, todos somos capaces de manifestar sinestesia.

Oyendo formas

En los experimentos realizados por Spence y sus colegas participaron 12 voluntarios, a quienes se les hizo ver una imagen que destellaba en una pantalla y escuchar un tono.

Tanto el sonido como la imagen se produjeron casi al mismo tiempo.

Image caption ¿Cuál es "bouba" y cuál es "kiki"?

Se trataba de dos tipos de imágenes: un punto negro grande y otro pequeño o una figura con terminaciones angulosas y otra con terminaciones redondas.

Los puntos grandes y las formas redondas fueron asociados con sonidos de baja frecuencia.

"Las personas son mejores discriminando qué se produce primero cuando el sonido y la figura no se combinan", explicó Spence.

"Cuando el sonido y la imagen no se produjeron simultáneamente, la gente encontró más sencillo mantenerlos separados", dijo. "Ante una asociación compatible -un punto pequeño y un sonido de frecuencia alta-, el cerebro de los participantes tendió a unirlos más estrechamente".

El equipo de científicos también estudió el "reconocimiento espacial" de los voluntarios.

Los sonidos se emitieron tanto a la derecha como a la izquierda de la imagen y se descubrió que para la gente era más fácil determinar de qué lado provenía el sonido si no coincidía con la imagen.

Todo indica que nuestro cerebro podría usar las asociaciones de la sinestesia -señaló el profesor Spence- "para combinar los diferentes estímulos sensoriales que llegan a nuestros receptores al mismo tiempo".

"Si hay muchas experiencias visuales al mismo tiempo, por ejemplo, si estoy en una fiesta muy ruidosa ¿cómo sé a qué rostro corresponde cada voz?", indicó el científico.

"Podemos hacer encajar imágenes y sonidos que provienen de la misma posición o que ocurren al mismo tiempo, pero hay problemas con ello".

"Si se piensa en un trueno y en un relámpago, el sonido del trueno y la luz del relámpago se producen por separado".

"Y si movemos nuestra cabeza, pero no nuestros ojos, o movemos nuestros ojos y no nuestra cabeza, eso provocará una incongruencia entre nuestros oídos y nuestros ojos, entre nuestra audición y nuestra visión".

"Esta relación de sinestesia es un tercer elemento que nuestro cerebro puede usar", señaló Spence.

La idea de que una palabra en particular "suena" aguda o suave, no es nueva. Pero, es la primera vez que se demuestra que afecta directamente la percepción de personas que no manifiestan sinestesia.

Comiendo palabras

Algo que todas las personas que experimentan sinestesia tienen en común es que tonos o palabras siempre provocarán los mismos colores y sabores.

Image caption El queso brie es "muy maluma" y el arándano es "muy takete".

Spence cree que puede usar esta relación para realzar nuestro sentido del gusto.

El concepto de palabras que tienen un sonido agudo o suave lo introdujo, en 1929, el psicólogo estonio Wolfgang Kohler, quien diseñó un experimento en el que les preguntaba a los participantes que escogieran cuál de dos figuras era llamada "bouba" y cuál era llamada "kiki".

La mayoría dijo que kiki era la figura angulosa y de color naranja y bouba era la que tenía forma redonda y color púrpura.

El profesor Spence considera que este extraño lenguaje puede influir nuestras papilas gustativas, por eso, en su trabajo con el reconocido chef Heston Blumenthal, el científico está intentando combinar directamente la experiencia de un auditorio con un platillo de comida.

"Le hemos dado a la gente platos de comida y le hemos hecho preguntas sobre ellos, incluyendo ¿es esta comida "bouba" o "kiki"? ¿es una "maluma" o una "takete"?, le dijo Spence a la BBC.

Dos de los mejores ejemplos, señaló, es el queso Brie, que es "muy maluma", mientras que el arándano es "muy takete".

"La idea es que le des a los participantes dos platillos de comida y les digas que uno es takete y otro es maluma, pero sin especificar cuál es cuál hasta que lo coman".

El equipo podría también, de acuerdo con el investigador, crear deliciosas y sonoras nuevas palabras para los platos del restaurante de Blumenthal.

"Aún no hemos decidido cuáles usar", dijo Spence.

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