Bolivia siente los efectos del calentamiento

Illimani
Image caption Muchos creen que en pocas décadas desparecerán completamente los glaciares del Illimani.

Marcos Choque es un indígena aymara de 67 años de edad. Lleva pantalones con agujeros y sandalias gastadas, pero su rostro denota alegría.

Sentado junto a sus compañeros en la población de Khapi, en los Andes bolivianos, Choque se divierte contándoles bromas.

Pero cuando le pregunto sobre el Illimani, una montaña de 6.400 metros de altura que se eleva sobre Khapi, su humor se torna sombrío.

"Cuando era joven la nieve llegaba hasta allí", dice señalando la montaña. "Desde 1952 hasta 2000 ha retrocedido unos 500 metros. El calor está aumentando. Hace el triple de calor. Por eso se está derritiendo el Illimani".

Choque y las cuarenta familias que conforman la comunidad ven con creciente alarma lo que está sucediendo con el Illimani. Ellos dependen de él en gran medida para abastecerse de agua, tanto para beber como para irrigar sus pequeñas parcelas de tierra.

"Yo creo que el agua del Illimani se va a terminar en unos 30 o 40 años. Ya no va a haber nieve. La montaña quedará negra o pelada", dice.

Sorpresa

Se estima que los glaciares del Illimani tienen una antigüedad de miles de años. Sus picos blancos se alzan sobre la ciudad de La Paz, capital administrativa de Bolivia.

Muchos residentes de La Paz juran que la cantidad de nieve en la cima está disminuyendo.

Image caption ¿Qué vamos a hacer sin agua?, se pregunta Lucía Quispe.

Algunos se sorprendieron cuando un diario publicó, recientemente, la foto de cómo se vería el Illimani en 2039, sin nieve en su cumbre.

Un equipo de hidrólogos en La Paz tienen previsto medir la reducción del glaciar en la montaña. Ya saben que el glaciar Mururata, no muy lejos de allí, ha perdido más del 20% de su superficie desde 1956 por el aumento de las temperaturas y probablemente un porcentaje aún mayor de su volumen.

A principios de este año, el Instituto de Investigación y Desarrollo con base en París (IRD, por sus siglas en inglés) estimó que los glaciares en la Cordillera Real de Bolivia, de la cual forma parte el Illimani, han perdido más del 40% de su volumen entre 1975 y 2006.

El IRD dice que el volumen permaneció relativamente constante hasta 1975 y desde ese entonces comenzó a disminuir rápidamente.

Si esta tendencia continúa, afirma el IRD, podría tener un impacto muy negativo sobre el suministro de agua en la estación seca en ciudades como La Paz.

Ofrendas

Image caption Los habitantes de la región le hacen ofrendas al Illimani para que les de agua todo el año.

En el caso de Khapi, el agua del Illimani juega un papel fundamental en la vida y las creencias religiosas de la comunidad.

Cada septiembre, los habitantes de este poblado llevan a cabo un ritual en el que hacen ofrendas al Illimani. Éstas incluyen la entrega de hojas de coca, alcohol y cigarrillos y el sacrificio de una llama.

Esta elaborada ceremonia, llamada Waxt'a en aymara, tiene como fin que "el Illimani les de agua durante todo el año".

Los pobladores de Khapi creen que la nieve y el hielo del Illimani representan el 50% del suministro anual de agua, aunque no están muy seguros.

Los científicos bolivianos están tratando de dilucidar cuánta agua proviene del glaciar en diferentes épocas del año. Las lluvias y los acuíferos subterráneos suministran el resto.

El tema que más preocupa a la población de Khapi es el cambio en el clima. Dicen que ya no se puede predecir como antes cuándo llegarán las lluvias. Y aseguran que ya no llueve tanto como antes y que hace más calor.

Aunque no todas son malas noticias. El aumento de las temperaturas hace que algunos puedan plantar duraznos y maíz, cosa que antes resultaba imposible.

Futuro

Pero los pobladores de Khapi están preocupados por el futuro. "Yo voy a vivir 10 o 15 años más", dice Marcos Choque. "Yo no voy a ver el fin de la nieve. Pero los jóvenes lo verán".

Lucía Quispe, una mujer de 38 años con tres hijos, se pregunta de donde vendrá el agua para regar su terreno, donde cultiva papas, maíz y frijoles.

"Me siento muy triste y muy preocupada cuando pienso en el futuro de mis hijos", dice. "Si no podemos tener agua, ¿de qué vamos a vivir? Sin agua no hay vida".

Las organizaciones no gubernamentales que trabajan en Khapi y otras comunidades cercanas en los Andes dicen que es injusto que los aymara sufran las consecuencias del cambio climático ya que son los menos culpables de este fenómeno.

Algunas de esas comunidades se han sumado a un nuevo grupo de presión civil conformado este año llamado Plataforma de la Sociedad Civil contra el Cambio Climático.

Uno de los reclamos que hace este grupo es la formación de un tribunal internacional de justicia climática y la creación de un fondo internacional para las víctimas del cambio climático.

"Lo que está pasando en Khapi es típico de lo que están enfrentando centenares de comunidades pobres, indígenas y vulnerables por todas partes en Bolivia, Perú y Ecuador", dice Juan Carlos Alurralde, director ejecutivo de Agua Sustentable, una organización que ayuda a las comunidades a adaptarse al cambio climático.

"Ellos dependen de los glaciares para recibir agua, pero los glaciares están condenados".

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