Batalla en Washington por el cambio climático

Puesta de Sol en California
Image caption Los ambientalistas creen que el proyecto de ley no es lo suficientemente ambicioso.

Tras hacerse esperar como si de una diva con dolor de cabeza se tratara, el proyecto de ley sobre la lucha contra el cambio climático llegó al Senado de Estados Unidos.

Aquellos en la industria que creen que el proyecto dañará la competitividad del país están listos para el combate, igual que las organizaciones medioambientales que consideran que el plan es poco ambiciosos y llega tarde.

"Los perdedores serán millones de ciudadanos estadounidense y las compañías del país", asegura el Instituto Estadounidense del Petróleo.

Mientras, otros como Greenpeace esgrimen que la ley "se queda corta con respecto a las reducciones en las emisiones que los científicos consideran debe llevar a cabo un emisor tan grande y rico como EE.UU".

Estos puntos de vista divergentes reflejan un cisma real en la política estadounidense, que dista mucho del aparente consenso existente entre las naciones de Europa Occidental sobre el nivel necesario de recortes en las emisiones de CO2.

Se trata de un desacuerdo que puede herir de muerte la ley o retrasar seriamente su aprobación, lo que potencialmente podría eliminar cualquier oportunidad de que se firme un nuevo tratado sobre el cambio climático en la conferencia de Naciones Unidas que se celebrará a finales de año en Copenhague, Dinamarca.

Victoria ajustada

Image caption El proyecto fue aprobado en la Cámara de Representantes en junio por un estrecho margen.

La legislación estadounidense presentada por los senadores demócratas Barbara Boxer y John Kerry, fue aprobada en la Cámara de Representantes en junio por un estrecho margen de votos de 219-212, y debería haber empezado a ser discutida en el Senado en julio.

Pero ante la ajustada victoria en la Cámara Baja, se han introducido modificaciones en su redactado para facilitar su aprobación en el Senado.

Su llegada a la Cámara Alta a finales de septiembre se produce apenas dos meses antes de la Conferencia de Copenhague.

Este es un encuentro que se supone debe dar paso al tratado medioambiental global más complejo de la historia.

Muchos creen que la suerte del proyecto Boxer-Kerry será crucial para las negociaciones en la capital danesa.

"Es fundamental porque es la manera en que el mundo conocerá cuan serio es EE.UU. en la lucha contra el cambio climático y qué nivel de esfuerzo está dispuesto a llevar acabo", señala Jennifer Morgan, directora del programa de clima y energía del World Resources Institute, organización que lleva tiempo analizando las políticas medioambientales de Naciones Unidas y EE.UU.

La mayor economía del planeta, que además es el principal emisor de gases contaminantes y el país que lideró la oposición a una regulación global durante la presidencia de George W. Bush, debe convencer a otros, especialmente a los países en desarrollo, de que se toma en serio la reducción de sus emisiones, ya que sino las posibilidades de lograr un acuerdo en Copenhague serán pequeñas.

"Creo que en estos momentos los países en desarrollo consideran que EE.UU. no está mostrando suficiente ambición", señala Morgan.

"Están esperando a asegurarse de que hay certidumbre sobre los planes estadounidense de reducción de emisiones".

Conocido en un principio como Waxman-Markey, al proyecto de ley para la energía limpia y la seguridad ahora se le llama Boxer-Kerry.

Los congresistas Henry Waxman y Edward Markey fueros quienes lo impulsaron en la Cámara Baja y ahora los senadores Barbara Boxer y John Kerry buscarán hacer lo mismo en el Senado.

Más ambicioso

Image caption Desde 1990 las emisiones de EE.UU. han aumentado en un 16%.

Pero algo más ha cambiado además del nombre.

El nivel de ambición ha aumentado ligeramente. Más que buscar reducir las emisiones en un 17% a los niveles de 2005 para el año 2020, ahora espera que sea un 20%, aunque los críticos señalan que, por varias razones, la verdadera cifra en ambas versiones es inferior.

La ley crearía un mercado estadounidense de CO2, que se asociaría con el tiempo con otros mercados en el mundo, especialmente con el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea.

Más allá de 2020, la ley contempla un recorte del 38% en las emisiones en tan sólo una década y el objetivo final es una reducción del 83% en 2050.

Estas cifras pueden sonar impresionantes, pero el problema es que las negociaciones en Naciones Unidas sólo se refieren a los niveles de 1990.

Desde ese año las emisiones de EE.UU. han aumentado en un 16%.

Así que una reducción de un 20% sobre los niveles de 2005 tan sólo supondría una reducción del 4% respecto a los niveles de 1990.

Esa es la razón por la que muchos grupos ambientalistas, pese a estar satisfechos con que EE.UU. se comprometa a algo después de los años de George W. Bush, ahora se apresuran a condenar la poca ambición de los planes estadounidenses.

Para Kieran Sucklin, directora ejecutiva del Centro para la Diversidad Biológica, el proyecto de ley Kerry-Boxer "es un paso de hormiga en la urgente lucha contra una catástrofe climática".

"Científicos de renombre han hecho un llamado a reducciones de aproximadamente el 40% por debajo de los niveles de 1990 en 2020 para evitar una catástrofe climática y, pese a ello, el proyecto de ley ofrece una reducción del 20% sobre los niveles de 2005", señaló.

Rechazo

Pero puede que no se alcance ni eso.

Destacados senadores republicanos no han ocultado su rechazo al proyecto.

James Inhofe, el senador de Oklahoma que lidera el trabajo de los republicanos en el Comité del Senado sobre el Medio Ambiente y Obras Públicas que preside Boxer, describe el proyecto como "una mala opción (…) que nos compromete a cosas para las que no existe tecnología asequible y confiable".

Image caption McCain ha dicho que "nunca" apoyará la ley.

Cuando el ex candidato republicano a la presidencia de EE.UU. John McCain fue preguntado sobre si apoyará la ley, su repuesta fue contundente: "Por supuesto que no. Nunca, Nunca, Nunca".

Y la oposición no se limita a las filas republicanas.

En agosto, diez senadores demócratas escribieron al presidente Barack Obama para explicarle que no van a apoyar un proyecto de ley que no protege a las compañías estadounidenses de la competencia de otros países que no tendrán costos extras por la limitación de las emisiones.

En un intento por conseguir apoyos, el senador Kerry ha sido el anfitrión de una serie de encuentros que han juntado a senadores que se oponen al proyecto de ley con científicos del cambio climático y ambientalistas.

Incluso si estos planes tuvieran éxito y el proyecto se aprobara, no está asegurado que se haga a tiempo para la Conferencia de Copenhague, que se inaugura el 7 de diciembre.

Kerry y Boxer están intentando sacar adelante el proyecto lo mas rápido posible, pero sus oponentes no parecen estar dándose mucha prisa.

Acusan a los demócratas de omitir importantes detalles, como la manera en que los derechos para las emisiones serán asignados, un asunto muy controvertido en el debate en la Cámara de Representantes.

Inhofe asegura que sin esa información "los agricultores, las familias y los trabajadores no tendrán manera de saber cómo les va a afectar".

Los que apoyan el proyecto se enfrentan a otra dificultad: los demócratas se verán obligados a ceder terreno o tiempo en la aprobación de la ley para poder aprobar la reforma sanitaria, otro de los proyectos estrella de la administración Obama.

"Hay una posibilidad de que (el proyecto) sea aprobado por el Senado a tiempo para la conferencia de Copenhague y es en interés de EE.UU. que así sea", dice Jennifer Morgan.

En los próximos dos meses, habrá mucho en juego en Washington, sobre todo para aquellos que creen que se debe alcanzar un acuerdo global sobre el cambio climático.

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