Urea y bacterias para reducir el CO2

Bacteria
Image caption Las bacterias forman una película que evita que se produzcan filtraciones de CO2.

Bacterias y urea. Ésta es al parecer la receta ideal que encontró un equipo de investigadores estadounidenses y británicos para almacenar dióxido de carbono bajo la tierra de una manera duradera y, sobre todo, segura.

La posibilidad de almacenar grandes cantidades de CO2 bajo la superficie para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero es una alternativa que muchos consideran válida, mientras el mundo pasa paulatinamente de depender de los combustibles fósiles a la utilización de energías renovables.

Los métodos en los que se está trabajando hoy día consisten en atrapar el dióxido de carbono e inyectarlo a cientos de kilómetros de profundidad en un suelo rocoso, generalmente en un pozo petrolífero en desuso, o en inyectar este gas bajo la tierra, en napas de agua salada no aptas para el consumo humano.

Sin embargo, uno de los principales problemas que plantea esta solución temporal al calentamiento global es el riesgo de que se produzcan filtraciones, que harían que el CO2 se incorpore nuevamente a la atmósfera.

Manipulación

Para evitar o reducir las pérdidas, los científicos experimentaron con la manipulación de bacterias presentes en el suelo.

"Si alimentamos a las bacterias con urea podemos hacer que formen una película, una suerte de sustancia pegajosa que bloquea los espacios porosos de las rocas, para que el CO2 no se escape", le dijo a BBC Mundo Andrew Mitchell, investigador de la Universidad de Aberystwyth, en el Reino Unido, quien participó en el estudio junto con sus colegas de la Universidad del Estado de Montana, en EE.UU.

Además de esta capa protectora que se crea sobre las rocas que contienen CO2, las bacterias pueden hacer que el CO2 se transforme en un mineral sólido, con lo cual "es mucho más difícil aún que se escape", explica Mitchell.

La tercera función que cumple la bacteria es que puede alterar la química del agua para que pueda disolver mayores cantidades de dióxido de carbono.

Y la cuestión, "es que puede hacer las tres cosas al mismo tiempo", añade el investigador.

Según el estudio, la bacteria puede reducir la permeabilidad de la roca -es decir, la cantidad de gas que puede moverse a través de ella- en un 95%.

Una de varias

Image caption Los pozos petroleros en desuso son sitios ideales para guardar CO2 bajo tierra.

La idea es utilizar las aguas residuales -que tienen un gran contenido de urea- para el proceso. De este modo, se reducen también las emisiones de estas aguas, que contienen dióxido de carbono.

En opinión de Mitchell, el hecho de usar los desechos de otros sistemas para controlar las bacterias permite abaratar los costos, algo que también se puede hacer si los reservorios para CO2 están relativamente cerca de las plantas eléctricas donde se generan los gases.

"Capturar y almacenar CO2 es potencialmente una herramienta muy valiosa para reducir las emisiones de carbono a escala global", concluye el científico, aunque de ningún modo sugiere que este es el camino a seguir, sino una solución más para combatir el cambio climático.

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