"Creer es esencial para una vida sana"

Un sacerdote católico marca el signo de la cruz en la frente de una mujer cristiana.
Image caption La fe es esencial para el bienestar humano.

"Cuida tu alimentación, haz ejercicio físico, ten siempre a mano un buen libro", aconseja el padre João J. Vila-Chã.

Y añade: "cultiva una vida espiritual profunda".

El sacerdote católico, profesor de la Universidad Gregoriana en Roma, afirma que en el cuento de la vida hay cosas más importantes que la aritmética.

Sean pocos o muchos los días que vivamos, dice, lo importante es que sean íntegros y felices.

La persona, una unidad

Según el jesuita portugués, lo esencial al hablar del bienestar humano es comprender que la vida es un don.

"Me alegra siempre mucho encontrar, en las más diversas ocasiones, personas que aman tanto la vida que quieren vivir muchos años, pero hay que ser conscientes de que la vida no es propiedad nuestra".

El regalo de la vida, sostiene Vila-Chã, debe ser cuidado con total responsabilidad.

"La persona es una unidad psicofísica y puesto que la fe es, en términos cristianos, una orientación hacia Dios, hacia el absoluto de toda la persona, no puede sino tener un reflejo en nuestro bienestar corporal y espiritual".

Tips para ahuyentar la muerte

"El punto es que la fe es un mecanismo de totalización de la persona, de redescubrimiento de fuerzas y de potencias muchas veces ocultas en el mismo ser personal y corporal del ‘hombre'. En este sentido, creo que es muy plausible la existencia de una relación positiva entre fe y salud".

Contra el progreso toda costa

La ciencia, y la ciencia médica en particular, ha avanzado en términos de alargar siempre más la expectativa de vida de las personas y de vencer enfermedades. Pero para João Vila-Chã, no todo el progreso posible en medicina es necesariamente aceptable.

Image caption "La fe no es panacea".

"No puede ser un progreso a toda costa. Hay actos médicos que no son humanos en su finalidad. Una intervención médica que vaya contra la dignidad humana, a mi modo de ver, es sólo un acto tecnológico. Será un acto de soberbia, un acto de poder, pero no puede llamarse acto médico. El acto médico tiene que respetar siempre la dignidad de la persona humana en su integridad".

"La función de la medicina no es reducir al ser humano a un mero compuesto orgánico. Es respetar, cuidar y tratar al ser humano en su totalidad y en su necesidad de salud, es decir, en su necesidad de vivir las dimensiones física, psíquica y espiritual de la vida en profunda armonía y lo mejor posible".

Milagros posibles

El jesuita, profesor de la Facultad de Filosofía, de la Gregoriana, señala que la fe no es una panacea que va a resolver todos los problemas humanos.

"Hay que contar con la ciencia, con la técnica, con el esfuerzo del intelecto humano, con la capacidad humana de identificar los problemas y encontrarles una solución concreta".

"Pero la fe tiene también un papel imprescindible. La fe es una disposición de confianza en un Alguien que claramente tiene una repercusión psicológica, que tiene también una repercusión somática y, a final de cuentas, tiene una repercusión profundamente espiritual".

El estado de salud de una persona puede verse transformado incluso en casos de enfermedad grave, asegura Vila-Chã.

"El estímulo, la emoción, la intencionalidad, la intensidad con que una persona vive, por ejemplo, una visita a Lourdes o Fátima, puede llegar a producir un nuevo estado de bienestar de la persona, incluso en términos de salud y de superación de un determinado problema".

Pero hay casos que la ciencia o la tecnología médica no se explican, dice.

"En esos casos hay que contar con la posibilidad de una intervención extraordinaria de Dios. Además de los ‘milagros' cotidianos de la ciencia médica y de todas las demás artes curativas hay también que considerar los efectos de la irrupción, en situaciones concretas y particulares, del poder de transformación total asociado a la manifestación de la fuerza de Vida que es la inefable presencia de Dios en el mundo, o sea, el Misterio".

Tips para ahuyentar la muerte

Reconoce que lo importante es la intensidad del amor con que se vive la vida. Huye de todo lo que la desprecie; y rechaza todas las formas de abuso. Cultiva tus ideales de vida; sé un promotor de armonía en el mundo.

Acepta la vida que tienes, como es, en todas circunstancias, y busca cada día hacer con ella algo bello.

Vive cada día como si fuera el primero de una serie, o el último de la misma. Al dormir busca la verdad de lo que fue el día que termina: da gracias por todo lo bueno; practica la reconciliación.

Si tienes fe en Dios, practica la oración; si eres cristiano, hebreo o musulmán: participa en las actividades de tu comunidad. Si te crees ateo o agnóstico: vive siempre en fidelidad a tu conciencia, a lo que reconoces ser en lo más profundo de ti mismo/a.

Descubre la libertad en relación al pasado, vive al máximo el don del presente, sueña con el futuro. Aprende a reírte de ti mismo/a y con los demás. Si tienes fe, y practicas la humildad verdadera comprenderás que también Dios te sonríe, siempre de nuevo, en cada día, hasta el último.

Recuerda: vivir bien es aprender a morir. Más: El arte de morir es también el arte de vivir. Transforma tu existencia en un himno de libertad y responsabilidad, de justicia y de paz. Sé instrumento del Shalom (de Dios); si lo eres, tus días, pocos o muchos según la aritmética, serán ciertamente abundantes y felices.

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