Última actualización: martes, 21 de abril de 2009 - 17:15 GMT

Con los beduinos de Wadi Rum

Wadi Rum  Fotos: Manuel Toledo, BBC Mundo

Desierto de Wadi Rum, Jordania, Fotos: Manuel Toledo, BBC Mundo

Desde hace varias semanas nuestro colega Manuel Toledo se encuentra recorriendo el Medio Oriente.

En BBC Mundo lo invitamos a conocer un poco más de esta parte del planeta a través de sus pasos, en un periplo que comenzó en Egipto y terminará en Turquía.

Siga con nosotros estas crónicas desde el Medio Oriente, un viaje en el que usted también podrá participar.

A la derecha encontrará las anotaciones anteriores.

Cuarta entrega: Una semana en el desierto

Ya estaba oscureciendo cuando bajamos de la montaña y una joven beduina nos invitó a entrar a la tienda donde vive con sus padres, sus hermanos y su abuela.

Tiendas de beduinos

Muchos beduinos todavía viven en tiendas en el desierto. Otros tienen casas en el pueblo vecino.

Beit al-sha'ar, "casa de pelo", es como los habitantes del desierto llaman a estas carpas, negras como la noche, que fabrican con piel de cabra.

La tienda de esta familia, como todas las de la zona, es enorme y está divida en dos partes, de aproximadamente el mismo tamaño, en una de las cuales nos reciben.

Allí, junto a una hoguera, la madre nos invita a beber té, mientras que su hijo adolescente, parado sobre una alfombra, dice sus oraciones vespertinas, en dirección a la Meca.

Quieren saber dónde habíamos estado y les muestro las fotos en la pantalla de mi cámara digital.

En una de ellas se ve su carpa, desde la altura, y hasta se alcanza a distinguir su raro camello blanco.

En el aire

En otra secuencia de fotografías, que me piden que repita una y otra vez, aparezco cometiendo la mayor locura de mi vida.

Vacío entre dos montañas en Wadi Rum

Las opciones eran saltar esta brecha o colgarse de una piedra que parecía a punto de caer.

En la primera de esas imágenes, estoy junto a un precipicio, mientras les digo a mis acompañantes, Nikko, un avezado alpinista finlandés, y Aaron, un paracaidista y piloto de parapente estadounidense, que no creo que pueda repetir el salto que ellos acaban de dar.

En la segunda, estoy en el aire, entre las dos montañas, sin saber si llegaré a mi destino o si me estrellaré en el acantilado, de unos 25 metros de profundidad.

En la tercera, Aaron me abraza, mientras grita "Lo lograste, amigo, lo lograste", y Mikko, una de esas personas que inspiran una confianza absoluta y a quien uno podría seguir, con los ojos cerrados, hasta las puertas del infierno, me confiesa que no pensaba, hasta que me vio en el aire, que me atrevería a dar el primer paso.

Los beduinos nos vuelven a servir té y me alegro de estar con ellos y de estar vivo.

Ritmos variables

Como yo, muchos de los visitantes que llegan a esta zona protegida del sur de Jordania, lo hacen atraídos por estas montañas de arenisca y granito que surgen, con formas cada vez más inverosímiles, del rojo desierto que las rodea.

En el aire  Foto: Mikko Juvonen

"El cerebro te asegura que no puedes, pero sí puedes. Basta con dar el primer paso", decía Mikko.

Algunos vienen por un día y se quedan una semana o un mes o toda la vida.

No es sólo por la experiencia de dormir en el desierto y de despertar frente a una enorme duna, en la que un amigo borrará con sus volteretas las huellas de las serpientes.

Ni por el placer de escuchar anécdotas junto a una hoguera, mientras que el tiempo transcurre con ritmos variables, en un reloj en el que, durante el día, caen granos de arena y, por la noche, estrellas fugaces.

Es también -tal vez sea mejor decir sobre todo- por la legendaria hospitalidad de los beduinos, cuya cultura les perdona prácticamente cualquier desliz, menos ser desatentos con los forasteros.

Camellos 4x4

La mayoría de los beduinos de Wadi Rum, como casi todos los de Jordania, desde hace tiempo no son nómadas.

Ovejas y jeep

Muchos de los beduinos de Wadi Rum tienen animales cerca de sus tiendas. Y jeeps para trasladar a los turistas.

La experiencia pastoril de muchos de ellos se limita a conducir por el desierto a los turistas que viajan desde Amman, la capital, o desde Petra, la antigua ciudad rosada de los nabateos, en excursiones de un día.

A algunos los llevan en sus jeeps a los lugares vinculados, real o apócrifamente, con Lawrence de Arabia, quien tuvo aquí su base durante la sublevación árabe de 1917-1918.

Cuando se le ve desde las montañas, el constante ir y venir de los camellos metálicos 4x4 evoca a más de una batalla de la Primera Guerra Mundial.

Pero el desierto es grande y uno puede pasar horas en él sin encontrarse con nadie.

"El lugar de Alí"

Los turistas se van al atardecer y entonces los otros visitantes, los que miden el tiempo con el reloj de arena y estrellas, se reúnen en "El lugar de Alí".

Alí Zalabieh es miembro de la mayor tribu de Wadi Rum, la que controla casi todo el turismo.

Padre de Alí Zalabieh

A la familia de Alí le gustó mucho esta foto de su padre. Cuando le regalamos una copia impresa, la madre la besó.

Tiene un pequeño negocio de productos alimenticios, que por la noche se transforma en comedor.

Luego de preparar la cena, Alí conversa sobre todo tipo de temas con los comensales.

Una tarde, después de escuchar el llamado del imán por los altoparlantes de la mezquita local, le preguntamos sobre la religión.

Alí, que como la mayoría de los beduinos es musulmán, no es nada ortodoxo.

"Dios les hace la vida fácil a los seres humanos, pero ellos la complican con la religión", responde, en una de sus frases memorables.

Viaje al Oriente

Alí habla inglés con soltura y, según me dijo un chico de Tokio con quien lo escuché conversar una mañana, su japonés es impecable.

Le pregunté cómo había aprendido la lengua oriental.

Alí Zalabieh

Alí ha tratado de vivir en el extranjero, pero prefiere la tranquilidad del desierto.

"Estuve cinco años estudiando japonés en Egipto. Me fascinaba esa cultura y, para entenderla, decidí aprender su idioma", me dijo.

Alí eventualmente se casó con una japonesa y se fue a vivir a Tokio.

"Pero no tardé en desilusionarme. A pesar de que sabía el idioma, no podía conversar con nadie", dijo.

"La vida allá es muy agitada y la gente sólo piensa en trabajar. Nadie te habla durante todo el día y cuando lo hacen, de noche, en los bares, muchos ya están pasados de tragos y la conversación no es interesante".

"Me esforcé por adaptarme y por salvar la relación, pero no funcionó".

"La vida en el desierto es infinitamente más fascinante que en Tokio", añadió.

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Yo estuve en el desierto en Marruecos, y es una experiencia única ... si hubiera podido me quedaba por meses ... Me parece fascinante lo que estas haciendo, de esta manera uno obtiene una visión mas amplia del mundo . Sigo y seguiré estas crónicas ;) Rossemary, Lima, Peru

Tengo varias fotos de Wadi rum y petra, he pasado mas de un ano esta regio (Jordania) aprendiendo un poco el idioma y la cultura, es muy interesante el estilo de vida de los beduinos, y por ejemplo las cosas que consideran mas importantes o poco relevantes, por ejmplo muchos buscan comprar un buen todoterreno, o un celular lujoso (cosas que indican cierto nivel) pero muchos aun siguen guardando su dinero en sus tiendas, y construir una casa grande (como muchos de nosotros la visualisamos) no es. Jorge Benjamin Cruz España, Puerto Barrios, Guatemala

Muy interesante la nota. Gracias.
Diego, Buenos Aires, Argentina

Manuel, de nuevo nos cuentas historias, que parecen salidas de la ficción- para los que vivimos en América-.
De nuevo nos regalas los conocimiento adquirido en otras tierras.
¡Gracias!...Gioco.
Gioconda Carralero D., DF México

Belleza inigualable. lo mejor la puesta del sol en medio de la montaña y como experiencia el frio nocturno saludos.
augusto londoño j, manizales-colombia


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