El sueño de la solterona

Susan Boyle cantando con un cepillo de micrófono
Image caption Con una sola canción conquistó al mundo.

El "clip" de I Dreamed a Dream ("Soñé un sueño"), la canción del musical Los Miserables que presentó hace unos días en un programa de la televisión británica, ha tenido hasta ahora alrededor de 70 millones de visitas en Youtube, contando las diferentes versiones más solicitadas.

Se llama Susan Boyle. Es una escocesa de 47 años, "ancha como un garaje" (sus propias palabras), con una voz poderosa de coro de iglesia.

Vive sola, con su gato Pebbles, en Blackburn, la localidad escocesa donde nació. No ha tenido novio: "nunca nadie me besó".

En el mundo del espectáculo, las mujeres deben superar un obstáculo adicional respecto de los hombres: si quieren triunfar, más les vale ser físicamente atractivas.

El misterio

Susan Boyle no es bonita, ni elegante, ni sexy. El maquillaje no la favorece y su peluquero dista mucho de ser un genio. Se viste con esos vestidos floreados de solterona de provincias, que es lo que es, y a mucha honra.

Tampoco es una maravilla en el trato personal: su interacción con otras personas es forzada, debido tal vez a un leve daño cerebral que sufrió al nacer, que le ha dejado secuelas y dificultades de aprendizaje.

¿A qué se debe, entonces, su consagración como favorita de millones de personas alrededor del mundo, tras una sola canción ante el gran público?

Este es el misterio que desconcierta a muchos comentaristas sociales.

Ilusión no óptica

Image caption No se sabe cuánto tiempo durará su éxito.

La explicación más simple es que el arte es una forma de belleza: de Picasso no admiramos su calva o su nariz prominente, sino su obra.

Muchos creen que la voz es la belleza de Susan, pero los empresarios del mundo del espectáculo saben muy bien que si el intérprete no interesa, si no tiene el "don", la voz se pierde en la indiferencia.

De modo que el caso de Susan Boyle, su increíble éxito con una sola canción en el programa Britain's Got Talent, es algo diferente.

Los escépticos sugieren que es un fenómeno pasajero, un espejismo que se esfumará cuando la intérprete quede expuesta al escrutinio cotidiano.

El futuro de una voz

Tal como están las cosas, sólo se puede juzgar por I Dreamed A Dream, grabada en enero en un teatro de Glasgow y difundida a mediados de abril. (Hay dudas sobre la autenticidad de otro tema, Cry me a River, grabado al parecer en 1999 y que también puede escucharse en Youtube.)

Su próxima participación en Britain's Got Talent será en mayo, durante la fase competitiva. La actuación del otro día fue para la selección.

A juicio de los expertos, la voz de Susan Boyle es poderosa y rica en matices, con un pronunciado vibrato, pero todavía sin educar. Con esto le están diciendo un piropo, porque significa que puede mejorar mucho.

Fred O'Neil, su profesor de canto en Blackburn, admite que la voz de su ex alumna tiene "limitaciones".

Cenicienta

Sea como fuere, el caso será recordado como un ejemplo de marketing exitoso, más allá de la calidad del producto y de la buena fe de sus promotores.

La tradición folclórica de casi todos los países recoge numerosos ejemplos de personajes que tienen éxito a pesar de las circunstancias.

Esos personajes míticos son, casi siempre, pobres, feos o desdichados. De repente, se hace "justicia natural" y el personaje triunfa o se casa con la hija del rey, o con el príncipe, como es el caso de la Cenicienta.

Los sociólogos explican que esos relatos tienen sus raíces en los anhelos de la gente común, que necesita justificar su existencia convencional.

Así, frotando lámparas mágicas o con la ayuda de un hada que convierte una calabaza en carroza, hombres y mujeres soñaban con el éxito, mucho antes de la televisión y los programas para seleccionar talentos.

El mundo del espectáculo tiene diversas versiones de Cenicienta, en particular el de la chica del coro, algo feúcha, que el día del estreno debe reemplazar a la diva enferma y todo el mundo se rinde ante su genialidad.

De repente, en vez de quedar feúcha, pasa a ser hermosa, como en la transformación de Judy Garland, Barbra Streisand o Liza Minelli.

Un milagro

Ya sea por cálculo o por azar, el programa del otro día ofreció una variante de esos antiguos mitos del teatro.

El espectador ve entrar al escenario a una mujer vulgar, ya madura, fea, mal vestida, con delirios de grandeza (quiere ser como Elaine Paige).

El juez principal (que también es el propietario del programa) la interroga, revoleando los ojos ante cada "torpeza" de la candidata. Los otros jueces, un hombre y una mujer, sonríen esa sonrisa de los cínicos, mientras la cámara muestra al público, que se burla sin disimulo.

De repente, la mujer canta, y a la tercera o cuarta nota ya todos se han dado cuenta de que su voz es un milagro. El tema de Los Miserables es de esos que exigen a la cantante una inmediata zambullida en el extremo más hondo de la piscina, desde el trampolín más elevado.

Dos de los jurados aseguran que no sabían de antemano lo buena que era Susan Boyle. El tercero, Simon Cowell (creador y propietario del programa) dice que lo adivinó, pero eso no importa, porque lo importante fue la reacción del público, que no estaba enterado.

Si el programa estuvo manipulado por los organizadores, el resultado fue un éxito de grandes proporciones, una reedición de "Nace una estrella".

Si todo fue espontáneo, pues estamos ante una de esas comuniones entre artista y público, uno de esos encuentros felices con los que muchos intérpretes de talento sueñan durante años y tal vez no llega nunca.

Pero queda la duda: por ahora, Susan Boyle es cantante de una sola canción. Ya es famosa, ahora tiene que trabajar para justificar esa fama.

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