Premio Gallegos para escritor colombiano

William Ospina
Image caption Ospina ganó el Premio Gallegos envuelto en la polémica.

El escritor colombiano William Ospina se hizo acreedor del premio Rómulo Gallegos de novela, edición 2009, con su libro "El país de la canela", segunda parte de una saga sobre los viajes de los conquistadores a América.

Ospina, de 55 años, está considerado uno de los ensayistas y poetas contemporáneos más destacados de su país, tras el éxito de novelas como Ursúa. Su nombre se suma a una lista de ganadores que incluye a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes.

Históricamente, el premio -que se creó en los años sesenta y que está dotado con aproximadamente US$140.000- ha representado una importante plataforma de proyección para escritores de habla hispana.

En esta ocasión, sin embargo, no estuvo exento de polémica: dos escritores venezolanos retiraron sus títulos a mitad de concurso, por considerar que el jurado respondía a un perfil "ideológico" que ponía en peligro la integridad y prestigio del galardón.

La polémica

Y no son los únicos: en mayor o en menor grado, tres escritores contactados por BBC Mundo coincidieron en que los premios entregados durante los últimos diez años han estado marcados por un sesgo político.

"Ha cundido la idea de que la gestión cultural espera que el premiado sea, si no un declarado apoyador (sic) del régimen, alguien que no les resulte incómodo", dijo el escritor y analista político Ibsen Martínez.

"Todas las ofertas oficiales venezolanas se han teñido de un matiz estrictamente político en los últimos años", opinó el escritor Oscar Marcano, quien tenía una novela concursando por el premio.

Image caption Martínez cree que ha habido un auge no planificado en la lectura y escritura.

En cuanto al ganador de este año, "va a ser difícil de criticar", de acuerdo con Ibsen Martínez, pues Ospina es una pluma reconocida y de gran talento.

Es cierto también que Ospina fue uno de los intelectuales invitados por el gobierno a participar en un foro sobre la crisis global del capitalismo. El evento buscaba hacerle contrapeso a otro sobre libertades políticas y económicas que contaba con la participación, entre otros, de Mario Vargas Llosa, Jorge Castañeda y Plinio Apuleyo Mendoza.

También es verdad que el ganador del Rómulo Gallegos 2009 ha criticado algunas posiciones de Chávez, como su apoyo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

En suma, lo que se alegue de un lado o del otro acerca del escritor Ospina parece hacerlo un ejemplo de cómo en Venezuela la diatriba política se entrelaza también con las letras. En el campo de la producción editorial, las decisiones de gobierno tienen efectos palpables: actualmente la importación de libros se encuentra prácticamente paralizada, porque ya no está en la lista de productos a los que el Ejecutivo entrega dólares a tasa preferencial con carácter prioritario. Pero ¿cómo afecta la situación política el oficio de escritor? ¿Son tiempos de abundancia o sequía creativa?

El debate y la literatura

"Está probado históricamente que no hay nada que exacerbe más y excite la creatividad y el deseo de comunicar que la idea de que lo que haces está prohibido o irrita", opina Ibsen Martínez.

Para este autor, se trata de una necesidad de comunicar y escuchar que se está traduciendo en una proliferación de círculos de lectura y está creando un interés en libros históricos, ensayo y análisis político.

Pero además, opina, son buenos tiempos para su oficio por un efecto colateral no calculado: las restricciones a la importación establecidas por el gobierno ha llevado a una escasez de libros extranjeros que está "animando a publicar venezolano".

"Los años de Chávez han contribuido -sin que se lo propusiese- a que autores que no estaban en el radar de nadie, ni de la cultura oficial, han aparecido y se han hecho populares", dice.

Para el escritor Alberto Barrera Tyzka, "en la medida en que la escritura tiene que ver con la realidad y en la medida en que la realidad es más confusa, menos clara, más pugnaz y más irritante, (el oficio de escritor se hace) más difícil".

Según Barrera, "la sociedad venezolana está secuestrada por la polarización". El lugar de los escritores, piensa, es el de hacer preguntas, el desmontar la simplificación de un mundo planteado en blanco y negro. Pero éste, cree el autor, no es el caso.

Discusión "en la lona"

"Yo soy de los que lamento que el sector cultural no le haya demostrado al resto del país que el debate era posible, que la discusión sin insultos era posible. Es difícil, pues, porque más que dictar verdades o profetizar cosas los escritores estamos llamados a confundir las cosas", le dice a BBC Mundo.

Barrera teme que en algunos años, al mirar hacia atrás, los escritores se encuentren con un período de tiempo perdido. Pero lo encuentra inevitable: "los venezolanos estamos demasiado pendientes de la política, uno tiene la vida cotidiana con unas llamadas de atención, como si estuviéramos siempre cerca del final de la historia".

Si Alberto Barrera lo encuentra cuesta arriba, Oscar Marcano piensa que los escritores están al pie de esa cuesta y tumbados en el suelo.

"Estamos en un estado de crispación en que las libertades se van mermando. Eso produjo en primera instancia una suerte de exilios interiores, donde los escritores discutieron mucho, pero en círculos más íntimos, puertas adentro. Fue como una gran depresión y golpetazo que no se siente inmediatamente en las obras", señala.

Desde su punto de vista, "el escritor todavía no se ha levantado de la lona". "Todavía estamos en el conteo, para levantarnos y poder asimilar eso, metabolizar lo que está ocurriendo y poder utilizar eso en nuestras obras".

Sin embargo, Marcano coincide con Martínez en que ha habido una "suerte de auge de la escritura": "tenemos un catálogo de escritores que no teníamos hace quince años, aunque no sepamos si eso tiene sustento en el largo plazo, porque hay mucha moda".

En suma, opina, "mientras tengamos la posibilidad de estar solos con nosotros mismos y vivir nuestras vidas interiores, podemos escribir, sin importar quién mande".

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