Al rescate de las víctimas

Cartagena
Image caption La histórica Cartagena se ha visto invadida por el turismo sexual infantil.

La ciudad de Cartagena, un puerto histórico de Colombia sobre el mar Caribe, es el balneario por excelencia de ese país. Sus monumentos, playas, sol y ambiente festivo atraen a centenares de miles de turistas al año, en su mayoría de Europa y Estados Unidos. Entre estos, infortunadamente, se encuentra muchos que buscan relaciones sexuales con menores de edad.

El número de niños que prestan servicios a los turistas sexuales va en aumento en Cartagena, donde el fenómeno ha invadido comunidades enteras.

Mayerlin Vergara, una terapeuta de la Fundación Renacer en esa ciudad que brinda atención a las víctimas de esta explotación sexual y a sus familias, habló con BBC Mundo sobre su labor.

¿Por qué se está agudizando este problema?

Hay varios factores. Familias desestructuradas, violencia, maltrato, abuso sexual intrafamliar. Otro aspecto es de tipo cultural; toda una comunidad ve la explotación sexual como un trabajo, o como algo natural que no es sancionado y que hace que la explotación se mantenga.

Incluyo la falta de orientación, de educación. La falta de autoestima del menor que se considera, por tanto maltratado, que no vale nada. También el consumismo -el tener y consumir y comprar artículos como una forma de mantener estatus en la sociedad. Y, obviamente, la pobreza, aunque no es determinante. Todos combinados hacen que los niños y niñas lleguen a una situación de explotación sexual.

¿Cómo identifican a los menores que están involucrados en esta actividad?

Los podemos encontrar en la playa y sitios turísticos, pero también están más comúnmente en las instituciones educacionales y las comunidades. Debido a la facilidad de las comunicaciones se vuelve difícil detectarlos y menos evidente tanto para las autoridades como para nosotros que atendemos a las víctimas. El menor no tiene que estar parado en una esquina o en el establecimiento de prostitución. Por medio de un celular se concreta la cita y la niña o el niño es llevado a un lugar que no tiene que ser siquiera un hotel o un hostal, puede ser un apartamento privado.

Aquí en Cartagena es muy fácil para un turista acceder a un niño o a una niña, porque lo único que tiene que hacer es solicitarlo o que alguien se lo ofrezca. Pueden ser una persona de la misma familia, de la comunidad, u otros que actúan como operadores turísticos informales. Es posible que una persona desprevenida no se de cuenta de lo que está pasando, pero los que conocemos esto vemos cómo se da el intercambio.

¿Cuál es la actitud de las comunidades y los hogares de estos menores?

Hemos hablado, por ejemplo, con la familia de una niña que nos contó que después del colegio sale hasta altas horas de la noche, que el señor de la tienda la está tocando o la está manipulando y que a cambio de eso le da la libra de arroz o el aceite o las verduras. Y de la señora recibimos la respuesta: 'Eso lo sé, pero ella es la bandida, ella es la que se deja tocar'.

O actitudes que terminan culpando a la niña de su misma situación, como 'ella es la que se pone ropa corta, la que le coquetea'. Encontramos que si son hombres mayores que manipulan y abusan de los niños, la comunidad termina apoyándolos y culpando al menor por lo sucedido.

¿Qué piensan estos niños de lo que hacen?

Como algunos niños están inmersos en eso desde hace algún tiempo, asumen la actividad como algo normal, que no es una violación de sus derechos y no lo consideran como un delito. Aunque saben en su interior que no les gusta, que los hace sentir vacíos y les da la sensación de minusvalía. Pero mientras no hayan recibido un tratamiento terapéutico lo sienten como algo cotidiano.

¿Qué se hace en la terapia?

Lo primero que hacemos es generar empatía con los niños, generar un ambiente de confianza, que puedan sentirse amados, queridos y comprendidos. Luego los estimulamos a que empiecen a hablar de sus situaciones personales para poder ir ,a través de la atención integral, generando conciencia de que en sus vidas valen, que la explotación sexual es un problema, es un delito, una violación. Es todo un trabajo que se hace a través de la terapia individual.

También hay atención médica porque muchos llegan malnutridos, con enfermedades venéreas, infecciones. Esa es la puerta de entrada para iniciar el proceso de recuperación.

¿Se puede rescatar las vidas de estas víctimas?

No es fácil, ni para nosotros los profesionales que los estamos ayudando, ni para los niños. Yo les digo que son valientes, doblemente valientes, porque pudieron soportar todas las situaciones de dolor y de violencia y porque luego son capaces de enfrentar un proceso terapéutico que implica muchos cambios en sus vidas. Porque si ellos antes hacían lo que querían, ahora les están hablando de normas, valores, haciendo observaciones. Para sanar heridas del pasado hay que hablar de lo que les ha sucedido y eso es muy doloroso. Es un proceso difícil, pero sí se puede.

¿Tiene ejemplos de alguien que se haya superado?

En 20 años que llevamos aquí, son muchos los niños y niñas que han podido salir del problema de explotación sexual. Que se han superado, casado, que han ido a la universidad o han tomado cursos ocupacionales y encontrado trabajando. Vemos los logros y nos permite saber que sí se puede.

Le puedo hablar de una niña que llegó a Cartagena sola, engañada a trabajar en una casa de familia. Ahí empezó a ser maltratada y abusada. Al salir de allí entró en contacto con agentes inductores de la prostitución que le empezaron a mostrar todo ese mundo. La explotaron pero pudimos llevarla al proceso terapéutico. Fue difícil, pero logró progresar. Hizo un curso de orfebrería, se capacitó y ahora hace parte de una empresa creada y construida por ellos mismos. Está encaminada con su aspectos emocionales sanos y con una vida más acorde a su edad. Ya hoy día tiene 18 años y está viviendo su adolescencia como la deben vivir.

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