A contracorriente en Venecia

Miquel Barceló    Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo
Image caption Barceló comenzó a trabajar con barro en Malí, en 1995. Él vive parte del año en ese país africano.

El pabellón de España en la 53a Bienal de Venecia podría causarles dolores de cabeza a los historiadores de arte del futuro.

¿Estaban en peligro de extinción la pintura y la cerámica a principios del siglo XXI?

¿Qué hacían allí esos cuadros de gran formato, en medio del mar de videos e instalaciones que se veían por doquier en el resto de la bienal?

¿Y esas vasijas, con figuras de animales, como si hubiesen llegado a Venecia directamente desde alguna cueva del paleolítico?

La respuesta quizás esté en que su autor, Miquel Barceló, parece estar más preocupado en mantener un diálogo con lo más significativo de la historia del arte, desde sus orígenes, que con las últimas tendencias tecnológicas.

El artista mallorquín, de 52 años y considerado como uno de los pintores más importantes del mundo en la actualidad, lo demuestra no sólo con sus cuadros y cerámicas, sino también con una performance que ha estado presentando en Venecia en los últimos días y que sirve mucho para entender su obra.

Performance

En la representación, que es fruto de una colaboración entre Barceló y el coreógrafo húngaro Josef Nadj, el artista y su asistente crean un mural de barro, que moldean con una fuerza enorme, con ayuda de sus cuerpos y de algunas herramientas.

Image caption Al terminar la performance, Barceló hace fotos del público mientras aplaude.

Cada cierto tiempo, llevan al escenario vasijas de arcilla pulidas y meten en ellas sus cabezas para luego crear máscaras zoomorfas, que lanzan violentamente contra el mural.

En el transcurso de la actuación, sus propios cuerpos se van transformando en figuras de arcilla y al final desaparecen dentro del mural y sólo queda la obra.

Tengo que confesar que yo no sabía nada sobre esta performance hasta que Barceló nos invitó a verla.

Pero todavía recuerdo vividamente el impacto que me causó la primera exposición suya que vi, hace siete años, en la Fundación Maeght de St. Paul de Vence, en el sur de Francia.

Tal vez por eso, durante todo el tiempo que duró la actuación, yo pensaba que después Barceló enviaría el mural -una obra suya más- a un horno para que luego ingresara al mercado del arte.

Lo que sigue es la trascripción del diálogo que el artista sostuvo con BBC Mundo después de su performance, en el teatro Fondamenta Nova de Venecia.

¿Esta representación la ha hecho en otras partes?

Sí, la empezamos a hacer en el Festival de Aviñón, Francia, hace dos o tres años.

Image caption Barceló, cubierto de arcilla, después de la presentación, que dura unos 50 minutos.

Fue una creación para ese festival y mi primera idea era no hacerla nunca más.

Fue incluso una condición que puse, pero después me di cuenta de que me gustaba y de que hacía cosas nuevas.

Entonces, el director británico Peter Brook me pidió que la hiciera en su teatro de Bouffes du Nord, en París, y acepté porque era Peter Brook.

Y después, en fin, la fuimos haciendo en otras partes, entre ellas Londres, Atenas, Barcelona, Madrid y Nueva York.

Y vamos a hacerla en África a finales de este año. Será una de sus últimas representaciones y estarán rodando una película sobre este evento que, como "El último tango en París", será algo así como "El último pasodoble en Bandiagara", un lugar de Malí, país donde paso parte de mi vida y que es importante para mi trabajo.

¿La performance tiene un nombre específico?

Sí. Se llama, precisamente, "Paso Doble". Al principio no tenía nombre y era una versión directa de una obra que hice para la catedral de Palma de Mallorca, una gran cerámica, de 300 metros cuadrados, que hice en parte a puñetazos.

Image caption El cineasta español Isaki Lacuesta filmará "Paso Doble" en Malí, a finales de año.

Cuando enseñé el video de lo que habíamos hecho en Palma, empezamos a ponerlo en escena.

Y, como comencé a meter banderillas sugerí, en broma, que tal vez sería bueno ponerle música de pasodoble, como si fuera una corrida de toros.

Aunque fuese una broma, intentamos poner un pasodoble, pero resultaba nefasto.

Pero se quedó el nombre y creo que el eco de unas campanas. El nombre quedó y estuvo bien.

¿Al final la obra siempre se destruye?

Siempre. Es una parte irrenunciable de la obra porque, como en la tauromaquia, lo que da la emoción no es el cadáver del toro, sino lo que pasa ahí.

De hecho, es como una pintura que nunca se acaba.

Es como muchos de mis cuadros, que son borrados. La mayoría son así.

Al final, después de muchas horas, no queda más que una superficie blanca, con todo borrado debajo. Es algo parecido a eso.

¿Y, en el sentido físico, suele trabajar así?

Image caption "La solitude organisative" es uno de los cuadros en que Barceló alude a la soledad de los pintores.

Sí, todo lo que hago aquí viene de mi forma de trabajar la arcilla, que es una forma de pintar para mí.

Yo no hago ninguna distinción ni jerarquía entre mi trabajo con lo que llamamos pintura y tela o papel, y la arcilla.

La arcilla me permite un tipo de trabajo que lo único que hay que hacer es cocerlo después para que tenga perennidad.

Y la pequeña diferencia es que ésta está cruda y por eso es blanda y efímera.

Me encanta lo efímero.

Su exposición en el pabellón de España ofrece una visión de su trabajo en los últimos diez años. ¿Cómo complementa la performance al resto de su obra en la bienal?

Creo que explica muchísimo sobre mi obra, es como la génesis de la obra, y creo que es una de las obras.

Alguien que vea esto, ve mejor después mis cuadros. Es una forma de alumbrar sobre mi pintura.

Para la bienal escogieron el título de "Fare Mundi", "Hacer mundos". ¿Cómo ve lo que está pasando aquí?

En todas las bienales los títulos son muy genéricos. Es como en las publicidades de Coca Cola, que van bien para todo.

Es siempre un título con el que nadie puede estar en desacuerdo.

Es como decir "buenos días". Nadie va a estar en desacuerdo con eso.

Pero en el sentido del título, ¿pensó en algo específico para la bienal?

Pensé en enseñar mi trabajo. Alguien me había propuesto hacer esta performance en el pabellón, pero eso era sacrificar todo el espacio expositivo para hacer una representación que podía hacer un número muy finito de veces porque tampoco podía estar seis meses haciendo esto.

Como me parecía demasiado sacrificio de espacio, decidí hacerlo en este teatro y enseñar el video allí, junto a mi obra de pintura.

En ese momento no sabía que sería casi el único artista que enseñaría pinturas, que casi es ir contracorriente, pero fue accidental. No lo hice adrede, digamos.

Además de las pinturas, varias de las cuales tienen temas africanos, en el pabellón hay obras de cerámica...

Image caption Obras de cerámica de Miquel Barceló en el pabellón de España. Fotos: Manuel Toledo, BBC Mundo

Sí, pero no deja de ser pintura y cerámica. La pintura a menudo es hecha con pigmentos minerales y carbón.

El carbón y la cerámica deben ser los dos materiales artísticos más antiguos que el hombre ha usado.

Las obras de 50.000 años de la gruta de Chauvet, en Francia, están hechas sobre las paredes con carbón.

Y las vasijas de cerámica son casi las primeras formas de expresión humana.

Me gusta esta dilatación humana.

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