Muere "revolucionaria" de la danza

Coreografía de Pina Basuch
Image caption El agua y el equilibrio: dos elementos básicos en la obra de Pina Bausch.

Miedo, rabia, ternura, amor, sexo. Algunas de las imágenes más hermosas que se hayan creado sobre estos temas surgieron de la mente de Pina Bausch, la coreógrafa alemana cuya muerte difundieron este martes las agencias de prensa.

La artista -considerada la gran revolucionaria del teatro-danza contemporáneo- se fue a los 68 años, pero dejó tras de sí una estela de innovación.

Escenarios llenos de claveles, muros que se derrumbaban ante los ojos del espectador, bailarines en precario equilibrio unidos por el desafío de llevar manzanas sobre sus cabezas.

Fantasmas que bailan entre sillas; agua que se bebe, que moja, que seduce, que mata; desnudos cubiertos de globos, la absurda batalla entre hombres y mujeres. Todo lo que tocaba lo convertía en expresión visual. Y en extremos.

La primera vez que la vi en Londres, hace ya varios años, tuve la sensación de estar ante algo único. Era la reposición de "Kontakthof", una obra original de 1978, pero tenía una particularidad: para el remontaje había contratado a mayores de 65 años, jubilados de la ciudad de Wuppertaler -donde estaba la sede de su compañía- sin experiencia como bailarines.

Y mientras ellos bailaban y giraban y se expresaban, yo -que tenía 30 y tantos- quise por primera vez tener más de 65 para poder colarme en esa fiesta. Era tan hermoso que después de dos horas, me encontré deseando que el espectáculo nunca acabara.

Homenaje a Chile

Pina Bausch nació en Solingen, en el oeste de Alemania el 27 de julio de 1940. Fue discípula de Kurt Joss, estudió becada en Estados Unidos y cuando volvió a su país natal comenzó a dirigir la compañía que años más tarde la llevaría a la fama. En un comienzo pocos la entendían y muchos salían indignados de sus obras. Pero no duró.

Image caption Pina Bausch bailó hasta el último momento.

En el mundo de la danza era una diosa. Fue ovacionada y ganó premios por trabajos como "Cafe Müller", "Palermo-Palermo", "Nerken y Masurka Fogo". Los teatros del mundo se peleaban por tenerla como invitada.

Era una incansable. Según difundió la Tanztheater Wuppertal estuvo trabajando hasta el último momento. Hace sólo dos semanas se había estrenado su último trabajo, una instrospección al pasado de Chile a través de un baile lento y una música melancólica.

La pieza, una co-producción de Pina Bausch con el Teatro Santiago a Mil y el Instituto Goethe, formaba parte de las celebraciones del bicentenario del país sudamericano, que se llevarán a cabo a partir de enero de 2010.

Murió de manera inesperada, luego de que hace cinco días se le diagnosticara un cáncer.

Para sus bailarines debe ser como la orfandad. Pina Bausch daba entrevistas raramente. Era tímida, obsesiva y perfeccionista. Trabajar con ella -dicen- era como entrar a una cofradía que se pagaba con pocas horas de sueño y muchas de sudor y se compensaba con el placer de ser parte de algo excepcional.

Para el público, esa intensidad no era otra cosa que un festín visual.

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