Última actualización: miércoles, 1 de julio de 2009 - 17:34 GMT

Campamento para delincuentes sexuales

Para reproducir este material debe tener activado Java Script, así como tener instalada la última versión de Flash Player.

Reproduzca el contenido en Real Player o Windows Media

La legislación de Miami ha llevado a que muchos ex convictos por delitos sexuales duerman en tiendas de campaña bajo un puente.

La zona que circunda el puente de Julia Tuttle, en esta ciudad, se ha convertido en los últimos años en el inesperado domicilio de un número cada vez mayor de ex reclusos.

¿Nos hemos convertido en una sociedad que no te deja morir pero que permite el sufrimiento? ¿Es como en la Edad Media, en que prevalecía el ojo por ojo, diente por diente?

Pedro José Creer

Una ley local establece que aquellas personas que han abusado de menores de edad no deben vivir a menos de 760 metros de cualquier lugar donde se congreguen niños o adolescentes. Esta norma incluye tanto a bibliotecas y escuelas como a parques.

Como consecuencia, unas 70 personas han terminado viviendo en una improvisada ciudad de tiendas de campaña.

Después de que esta ley fuera promulgada, las autoridades de Florida comprobaron que no existía ningún lugar que cumpliera con esa norma y comenzaron a dejar a los ex convictos bajo el puente de Julia Tuttle.

En las licencias de conducir de algunas de estas personas figura el puente como su domicilio.

clic Opine: ¿un crimen que no se borra?

Montañas de basura

“Bienvenidos a la Justicia estadounidense”. Con estas palabras recibió Pedro José Greer, decano del Departamento de Humanidades de la Universidad Internacional de la Florida, a BBC Mundo.

“Aquí hay algunas personas que padecen enfermedades físicas y mentales. Todos conviven en un lugar donde es imposible dormir debido al ruido de los vehículos que circulan sobre el puente, donde huele a orina y la basura se acumula a pocos metros”, afirma Creer, dispuesto a hablar de las miserables condiciones del campamento.

En Miami, Creer lleva años defendiendo el derecho de las personas que viven en las calles a disponer de asistencia médica y servicios sociales.

Tiendas de campaña bajo el puente de Julia Tuttle

Hasta 70 ex convictos viven en el campamento que se encuentra bajo el puede de Julia Tuttle

Este activista le comenta a BBC Mundo que está cada vez más contrariado por la existencia de este campamento y por la falta de alternativas para reintegrar en la sociedad a personas que han cumplido condena por delitos sexuales.

“Lo que estamos haciendo es decir: 'Vamos a congregar a las personas que más despreciamos, a aquellas que han hecho cosas verdaderamente deleznables, y vamos a ponerlas a todas juntos y que se paseen por la comunidad sin ningún tipo de control'”, expresa Creer con una voz que denota frustración.

“Ésta es la ley más estúpida que he visto en mi vida. Está inspirada únicamente por el deseo de venganza y no tiene la más mínima consideración por el bienestar de estas personas que, a pesar de la severidad de sus delitos, merecen algo mejor”.

Sin dinero

En el campamento no hay agua potable ni electricidad, ni tampoco un sistema de desagüe. Mientras caminamos entre las tiendas e improvisadas chozas, me encuentro con Isaías, un ex miembro de la infantería de marina de origen latinoamericano, de 35 años, que lleva dos viviendo en el lugar.

Isaías me cuenta que las autoridades estatales abandonan a ex convictos como él bajo el puente y que simplemente dejan que se las arreglen como puedan.

Pedro José Creer

Pedro José Creer lleva años luchando por los derechos de las personas que viven en la calle.

“No nos dan agua ni comida, ni siquiera lavabos; no nos dan dinero, nada”.

Isaías, quien cumplió una condena de cinco años de prisión por mantener relaciones sexuales con una adolescente de 16 y que se encuentra ahora en libertad condicional, sostiene que lo único que él y sus compañeros quieren es poder llevar una vida normal y dejar atrás sus pasado delictivo.

“No puedo vivir con mi mujer y mi hija. Me gustaría tener una vida normal y ser otra vez una parte productiva de la sociedad. Pero la sociedad no nos da esa oportunidad”.

Le pregunto si, como padre, puede entender que muchas personas alberguen semejante odio hacia personas que han cometido delitos sexuales.

“Sí, como padre lo comprendería, pero al mismo tiempo no puedo esperar que una persona que ha cometido este tipo de delito contra mi propio hijo salga de la cárcel y se vea obligada a vivir como un animal, tal como sucede aquí”.

Me gustaría tener una vida normal y ser otra vez una parte productiva de la sociedad. Pero la sociedad no nos proporciona esa oportunidad.

Isaías

Unos metros más allá me encuentro con Julio, un inmigrante cubano de 62 años que estuvo una décadas en prisión por abusar de una niña de doce años. Él acaba de llegar y le está resultando muy difícil adaptarse.

“El campamento es horrible. Tan sólo he estado cinco días aquí y no puedo creer las espantosas condiciones que imperan. No tengo absolutamente nada, ni a nadie que pueda darme asistencia de ningún tipo. Me pregunto si alguna vez saldré de aquí”, concluye.

Tema espinoso

El problema para los ex convictos como Julio es que la naturaleza de los delitos cometidos no despierta simpatía alguna ni entre las personas que viven en la comunidad, ni entre los políticos locales. Para la mayoría, se trata de un asunto demasiado espinoso para implicarse.

Sin embargo, esto fue lo que hizo a principios de este mes Marc Sarnoff, comisionado de la ciudad de Miami.

Con el respaldo de las autoridades municipales, Sarnoff dirigió una carta al gobernador estatal, Charlie Crist, solicitándole la clausura del campamento.

Su reclamo se basa en que, a poca distancia hay una pequeña isla a la que muchas familias acuden durante el fin de semana.

Me encontré con Sarnoff una soleada mañana en un parque local, donde algunos niños jugaban béisbol con su entrenador.

El comisionado me explicó que su principal prioridad continúa siendo proteger a esos pequeños de ex delincuentes sexuales como los que viven en el campamento.

Ex convicto cubano en el campamento de Julia Tuttle

Las condiciones de vida en el campamento son para muchos de sus residentes insoportables.

“Voy a ser muy claro. No estoy aquí para apoyar o respaldar nada que concierna a los delincuentes sexuales. Ellos son mi menor preocupación”.

“Sin embargo, estas personas viven en la miseria. No creo que un ser humano deba vivir en estas condiciones. Van a empezar a marcharse, y lo que en principio era una buena medida para mantener a esa gente apartada de nuestros niños va a llevar a que se mezclen con la población”.

Sarnoff espera que la carta al gobernador Crist presione a las autoridades estatales para que encuentren un lugar alternativo que albergue a los ex convictos o bien inicien alguna acción legal en los tribunales estatales, los cuales -afirma- no se encuentran ligados a los deseos del electorado.

Tanto la Unión Americana de los Derechos Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) como el decano Pedro José Creer alegan que los ex convictos ya han cumplido su condena en prisión y que tienen derecho a seguir con sus vidas. Según ellos, la existencia de campamentos segregados y las desesperadas condiciones de vida que estos ofrecen son una preocupante muestra de los valores de Miami en estos días.

“La pregunta es: ¿nos hemos convertido en una sociedad que no te deja morir pero que permite el sufrimiento? ¿Es como en la Edad Media, en la que prevalecía el ojo por ojo, diente por diente?”, planteó Creer una vez finalizada la visita al campamento.

“Creo que nos hemos extralimitado”.

BBC navigation

BBC © 2014 El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.

Para ver esta página tal cual fue diseñada, debe utilizar un navegador de internet actualizado, que tenga habilitado el uso de hojas de estilo en cascada (CSS, por Cascading Stylesheets en inglés). Aunque en el navegador que está utilizando podrá ver el contenido de la página, no será presentado de la mejor forma posible. Por favor, evalúe la posibilidad de actualizar su navegador y/o habilitar el uso de CSS.