San Fermín: ¿tradición o tortura?

Con un recorrido de apenas 900 metros, pocas carreras pueden despertar tanta polémica como ésta. En Pamplona, al norte de España, los encierros de toros que cada mañana de su semana de fiestas tienen lugar en las estrechas calles adoquinadas del centro histórico atraen a miles de personas, pero también provocan la ira de los defensores de los animales, que ven en esta tradición una crueldad injustificable.

Cuando en la mañana del 6 de julio, el "chupinazo" (el cohete que marca el inicio de las fiestas populares de la ciudad) se elevó al cielo pamplonés, comenzó un año más -los puristas de esta tradición dicen que se remonta a 1591- la que probablemente es la fiesta española más conocida en el mundo, motivo de orgullo para unos, de vergüenza para otros.

BBC Mundo quiso conocer las dos visiones enfrentadas en torno a estas célebres carreras, que puntualmente tienen lugar a las ocho de la mañana, del 7 al 14 de julio, en la capital de Navarra.

Parte de la historia | Crueldad animal | La fiesta en imágenes

"Esencia de la historia"

Image caption El Ayuntamiento de la ciudad prohíbe "agarrar, hostigar o maltratar a las reses".

De Ernest Hemingway a Ava Gardner, millones de personas han pisado el suelo de la calle Estafeta, centro neurálgico de las celebraciones de San Fermín.

Aunque los encierros de toros, donde la gente corre por la calle delante de los animales, se celebran desde hace siglos en otros lugares de España, los de Pamplona encandilan a turistas como ningún otro.

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Especialmente en los últimos años, jóvenes de Estados Unidos, Australia o Francia, ávidos de una exótica mezcla de toros, riesgo y alcohol, inundan la ciudad con los colores rojo y blanco de la vestimenta tradicional.

Ni siquiera en época de crisis económica la ocupación hotelera ha bajado del 90%.

Los aficionados y seguidores pamplonenes se ocupan de mantener viva cada año esta fiesta, destacando su valor histórico frente a quienes dicen que las celebraciones se basan en un espectáculo cruel.

El Ayuntamiento de la ciudad prohíbe "agarrar, hostigar o maltratar a las reses" durante los encierros, que el consistorio califica de "liturgia" en la promoción turística de la feria.

Ignacio Murillo, especialista taurino del Diario de Navarra, cree que en Pamplona "no hay nadie que alce la voz en contra" de los encierros y las corridas que se celebran después.

"Las protestas son absolutamente minoritarias y protagonizadas por gente de fuera de Navarra y de España. No se interesan por conocer la cultura de la ciudad. No tienen interés en conciliar las dos posturas y utilizan estereotipos llamándonos asesinos o torturadores", le dijo a BBC Mundo.

Para Murillo, los encierros no suponen una tortura animal, sino más bien, una "esencia de la historia" de la ciudad. "Los toros siguen entrando por las mismas calles por las que entraban hace siglos y además aquí se encuentran los toros más importantes de todas las ganaderías", explicó.

Pero la tradición también cambia, admite. Las típicas "cuadrillas" de pamplonenes que vivían la fiesta empiezan a convertirse en especie en extinción ante la continua masificación de la fiesta, con miles de visitantes regados por litros de sangría y vino.

"La celebración y el alcohol siempre han estado ligados a los San Fermines. Ahora tenemos cientos de miles de personas de todo el mundo que no tienen una visión cultural sobre los toros y vienen a divertirse en la calle. No creo que eso haya desvirtuado la esencia de la fiesta", declaró Murillo.

"Crueldad animal"

Image caption Desde hace años los críticos a los encierros se manifiestan simulando ser toros.

Un día antes de la inauguración de la semana grande pamplonesa, otro encierro, esta vez de "toros muertos" tiene lugar desde hace ocho años frente a los ojos ya acostumbrados de los transeúntes locales.

Decenas de personas, semidesnudas, cubiertas por pintura roja que simula ser sangre y con banderillas adheridas a la espalda, se tumban sobre las aceras de la ciudad para denunciar una tradición "cruel".

"Solamente por el miedo que sienten (los toros) al correr perseguidos, ya que a veces les pegan con palos o periódicos, ya de por sí es un sufrimiento psicológico. A veces se rompen las patas o los cuernos en las curvas", explicó Aïda Gascón, coordinadora de la organización Anima Naturalis.

Si se menciona el argumento de la tradición, esta activista lo tiene claro: "Hay muchas fiestas en España que son famosas que se hacen sin maltrato a ningún animal y atraen también al turismo. Las fiestas y tradiciones tienen que evolucionar con el tiempo", dijo.

Reconoce que es difícil concienciar a los miles de seguidores que cada año acuden a los encierros y a las corridas. Esta concurrencia contrasta con las estadísticas de la organización contra el maltrato de los animales PETA, que sostiene que un 72% de los españoles no siente ningún interés por estos eventos.

Una de las voceras de la organización, Lindsay Rajt no cree que España sea un país especialmente cruel en su trato a los animales -"Cada país tiene sus propias tradiciones crueles que tienen que revisarse", dijo-, pero condena igualmente los encierros pamploneses.

"La gente que va a Pamplona va a oir música, comer, conocer la cultura local y pasarlo bien... no quieren contribuir a la crueldad animal, pero la mayoría no tiene ni idea de que los mismos toros que recorren las calles van a sufrir una muerte sangrienta" en el ruedo. Una pelea entre hombre y animal que según ella está basada en una "lucha injusta". "El matador elige estar ahí, pero el toro no".

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