Argentina-Brasil, a todo o nada

La selección argentina de fútbol se prepara para un duelo con sabor a superclásico: este sábado se mide ante Brasil en el partido de revancha por las eliminatorias sudamericanas hacia el Mundial de Sudáfrica 2010.

Image caption Este partido puede decidir la continuidad de Maradona al frente de la selección argentina.

En la ciudad de Rosario, en el centro este del país, la selección que dirige Diego Maradona se juega el todo por el todo. Los albicelestes necesitan un triunfo para espantar a los fantasmas en el camino clasificatorio: cuando quedan sólo cuatro compromisos por delante, Argentina está cuarta en la tabla y a 5 puntos de su rival, que va primero.

El coloso "verdeamarelho" llega a la 15º fecha haciendo gala de buen fútbol y contundentes resultados: es puntero exclusivo en la eliminatoria y lleva 17 partidos invicto.

Argentina, en cambio, no tiene margen para el error. Viene de sufrir una derrota por 2-0 ante Ecuador en Quito, y una aún más dramática en La Paz, donde los bolivianos le sacaron un 6 a 1.

"Brasil juega por una vacante y Argentina, contra la crisis", resumió el titular del diario Folha de Sao Paulo.

El partido de ida que jugaron en 2008 en Brasil terminó con un pálido 0-0.

Finalizada la ronda clasificatoria, irán al mundial los cuatro primeros en la tabla, mientras que el equipo que esté en quinto lugar deberá jugar el repechaje. Hasta ahora, ese lugar lo ocupa Ecuador, que le pisa los talones a Argentina con 20 puntos.

Guerra de egos

Sobre la cancha se medirán egos futbolísticos de proporciones: el argentino Lionel Messi versus el brasileño Kaká, dos delanteros estrella sobre los que el mundo entero tiene puesta la mirada.

Image caption Kaká será uno de los atractivos del partido.

En los últimos días, Maradona ha recalcado que el delantero estrella del Barcelona -que ha sido consagrado mejor jugador de Europa pero que, para muchos, aún necesita certificar sus dotes con la camiseta nacional- lleva gran parte de la responsabilidad sobre sus hombros. "Debe hacerse hombre de golpe", declaró el técnico.

El otro duelo será de banco a banco: Maradona versus Dunga. El director técnico brasileño ganó crédito entre sus compatriotas al ganar recientemente la Copa de Confederaciones, mientras que el ex astro argentino siente la presión de mostrar mejor fútbol en una eliminatoria por demás complicada para el gusto de los aficionados locales.

El duelo deportivo dura 90 minutos, pero los efectos duran mucho más. Como cada vez que se enfrentan los dos gigantes sudamericanos del balompié, no sólo se trata de conseguir los tres puntos. Es orgullo, es honor, es un capítulo sin revisión posible en una historia de rivalidad deportiva sin parangón.

La misma historia señala que no sería prudente buscar favoritos para la "batalla de Rosario": la estadística de los enfrentamientos Argentina-Brasil muestra una paridad absoluta, con 33 triunfos para cada uno y 23 empates en 89 partidos.

Técnico en la mira

Para Maradona, las que siguen serán horas decisivas.

El ex astro de las canchas sabe que un resultado adverso no sólo se robaría el alivio para llegar a Sudáfrica, sino que llegaría seguido de una oleada de críticas e incluso podría poner en duda su continuidad al frente de la escuadra nacional.

"Les vamos a dar combate", prometió el ídolo, quien revivió en las últimas horas la tensión de quien se calza los botines y confesó que "de tanto que lo vivo, tengo ganas de jugarlo yo".

Los albicelestes recuperaron en parte el optimismo tras la victoria en el último amistoso, disputado en Moscú ante Rusia, en el que la prensa argentina destacó que "El Pelusa" había acertado con el esquema de juego y con las sustituciones.

Esta vez, Maradona priorizó la experiencia y "la sangre" a la hora de elegir a sus hombres e incluyó a algunos que conocen de cerca el fútbol brasileño.

Así, junto a Messi, Carlos Tévez y Sebastián Verón, puso como titulares a Sebastián Domínguez, ex jugador del Corinthians paulista, y a "veteranos" como Javier Zanetti y Gabriel Heinze.

"Nos jugamos la vida. Fallamos en Quito y ahora no podemos volver a equivocarnos. Nuestro equipo está bien y los jugadores, muy enchufados", declaró el ex Diez ante los medios.

Pagar lo que sea

Bajo el sol de Rosario, los hinchas exhiben gorros, vinchas y banderas ("Messi es un dios, te queremos", dice una) y hacen "precalentamiento" con los cánticos que luego llevarán a las gradas.

Image caption La reventa de entradas llegó a costar US$2.000 en internet.

Hay una multitud apostada en la puerta del hotel donde se alojan Maradona y sus hombres, y largas filas esperando la apertura del estadio de Rosario Central, donde se disputará el clásico latinoamericano.

Fue el mismo técnico argentino y sus jugadores quienes insistieron en que el partido se disputara en la ciudad de la provincia de Santa Fe: dicen que aquí "se levantan hasta los muertos", con las gradas casi amenazantes sobre el terreno de juego.

Los argentinos esperan que en el Gigante de Arroyito, como se llama a esta sede, el aliento de los hinchas se sienta en la nuca. Una sensación bien distinta a la que tendrían, por caso, en el más amplio pero frío estadio Monumental de River Plate.

"Yo hablé con (Julio) Grondona (el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino), y se lo pedí porque esto era lo que querían los jugadores”, declaró el técnico.

Las entradas para el encuentro se agotaron en cuestión de horas, con hinchas estoicos que desafiaron lluvias torrenciales e hicieron cuadras de cola en las boleterías.

A los casi 22.000 fanáticos que compraron sus entradas a precio oficial se sumaron muchos otros que intentaron conseguirlos en la reventa. Por internet se ofrecían a última hora plateas hasta por US$2.000, cuando el precio estipulado era de US$100.

En las gradas de los argentinos no sólo hay tensión de superclásico, sino un recuerdo perturbador: hace 16 años, un 5 de septiembre, Argentina padecía aquel 0-5 con Colombia, también en la ronda de eliminatorias.

Por el sueño mundialista, por el honor que siempre toca defender ante Brasil, y por el futuro de "El Diego DT", los millones de aficionados que hoy lo mirarán en vivo o por televisión prefieren ignorar cualquier mal augurio y esperar el pitazo inicial, la fiesta, el gol.

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