Phoenix: ¿el oasis en el desierto?

Riego en Phoenix
Image caption En Phoenix se atribuye una gran importancia a la distribución de agua.

Son muchos los canales de Arizona que conducen a Phoenix.

Antes de llegar a su destino, el agua que se consume en la zona metropolitana de la capital del estado corre por más de dos millones de kilómetros de zanjas y canales.

Las dos terceras parte del líquido que se distribuye en esta área se destina a la irrigación de frondosos jardines y las piscinas exteriores que ayudan a refrescar el cálido clima desértico del suroeste de Estados Unidos.

Y a pesar de que en este año sólo han caído 2,37 pulgadas de lluvia, en Tempe -ciudad que integra la zona metropolitana- figura un lago artificial de unos tres kilómetros de largo que alberga más de 3,8 metros cúbicos de agua, extraída del Río Colorado.

Mediante un costoso y sofisticado sistema de almacenamiento y distribución de agua, esta árida zona se ha convertido en el oasis del desierto de Sonora.

Sin embargo, ante la amenaza de extremas sequías a causa del cambio climático, y la posibilidad de un mayor aumento poblacional, los expertos advierten que es muy alto el costo de mantener a una ciudad desértica con el ritmo de vida similar al de una localidad del norte del país.

Exuberante vegetación

Image caption Una fuente del líquido precioso en medio del desierto de Arizona

"Phoenix es un oasis en el desierto", afirmó –en conversación con BBC Mundo- Patricia Gober, directora del Centro de Decisiones para una Ciudad en el Desierto de la Universidad estatal de Arizona (ASU por sus siglas en inglés).

"Nosotros apenas recibimos unas ocho pulgadas de lluvia durante el año", agregó la experta en recursos acuíferos. "Pero hemos creado una ciudad con una exuberante vegetación utilizando el agua de la cuenca de Colorado y de una gran parte del oeste de Estados Unidos".

Debido a su rápido crecimiento -el mayor de una ciudad en EE.UU.- la demanda municipal e industrial del líquido aumenta en 36% cada año.

Para mantener este "oasis", la compañía Proyecto de Río Salado (SRP por sus siglas en inglés), opera siete presas y albergues que desvían hasta la zona metropolitana de Phoenix el agua que corre por los ríos Salado y Verde en las montañas Rocky de Arizona.

Deshielo en las montañas

Image caption El deshielo en las montañas juega un papel central en el equilibro delicado del agua en Phoenix

Pero esos ríos se nutren del deshielo de las montañas y los expertos climáticos advierten que la nieve se derrite más temprano cada año.

"El calentamiento global está impactando en la cantidad de precipitación y por ende la cantidad de agua en nuestros ríos", le dijo a BBC Mundo Dan Campbell del grupo Nature Conservancy.

Campbell alertó que las temperaturas en la cuenca del río Verde en las montañas de Arizona ya se han elevado en 2,5º.

No obstante, Charlie Ester, gerente de operaciones de SRP, descartó que el rápido deshielo de las montañas afecte el suministro de agua para Phoenix.

Ester admitió que la nieve se está derritiendo un mes antes comparado a hace 30 años, pero argumentó que la amplia capacidad de almacenamiento de la compañía garantiza que no faltará el líquido.

"Si se derrite antes, la almacenamos antes", añadió el funcionario de SRP, empresa que distribuye cada año aproximadamente 1.228 millones de metros cúbicos de agua a la región.

Uso del ahorro

Ante una prolongada sequía que ya dura 10 años, en ocasiones el agua de las presas y albergues de SRP no ha sido suficiente para el intenso consumo de Phoenix.

Es entonces que la empresa acude a antiguas reservas de agua en el subsuelo de la zona.

Pero los expertos han advertido que la extracción de estos recursos está provocando hundimientos del suelo, y que además disminuye la calidad del líquido.

"Es que estamos entrando en un futuro incierto debido al cambio climático y lo estamos haciendo utilizando nuestra cuenta de ahorros. Es una política incorrecta", asegura la profesora Patricia Gober de ASU.

Incierto porque las proyecciones científicas de la cantidad de agua disponible en los próximos años varía desde el 19% de los niveles actuales hasta el 123%.

No obstante, la mayoría de los modelos se inclinan hacia la predicción de que el oeste de EE.UU. se volverá más caluroso y seco en este siglo, lo que significa que habrá menos lluvias, disminuirá la precipitación de nieve y el deshielo en las montañas ocurrirá más temprano.

Sin embargo, la incertidumbre ha paralizado a las autoridades locales, que según Gober, descansan en los funcionarios de entidades como SRP para trazar una política de suministro de agua que tome en cuenta los posibles efectos del cambio climático.

"No creo que la falta de certeza sea una razón para no actuar", agregó Gober.

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