Rusia recibe el año con menos vodka

Presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, en un brindis de vodka con un veterano de guerra.
Image caption La mayoría de los rusos considera al vodka su bebida nacional.

El presidente ruso Dmitry Medvedev está esperando que sus compatriotas asuman una resolución especial de Año Nuevo, para enfrentar uno de los problemas más complejos de Rusia: el alcoholismo.

Desde este primero de enero, las restricciones al precio del vodka en Rusia han entrado en vigor.

La botella más barata de vodka a la venta costará 89 rublos, o cerca de US$3 por medio litro. Aunque eso todavía suene barato, la nueva ley es parte de un plan del presidente ruso para enfrentar el alcoholismo en el país.

Los rusos beben en serio.

En promedio, toman 18 litros de alcohol puro al año.

El año pasado, cuando Medvedev arrancó su campaña, llamó al problema de alcoholismo de Rusia una "desgracia nacional" y dijo que estaba determinado a recortar esa cifra en una cuarta parte para 2012.

Pero combatir el consumo de lo que la mayoría de los rusos consideran su bebida nacional es una movida política valiente, considerando la falta de éxito que sus antecesores han tenido en esa tarea.

La última vez que alguien lo intentó fue hace 24 años, cuando Rusia era todavía parte de la Unión Soviética.

No vendían perfume

El entonces mandatario soviético Mijail Gorbachov recortó drásticamente la producción de vodka y no permitió su venta antes de las dos de la tarde.

Significativamente, tampoco permitió la venta de perfumes antes del mediodía, pues había gente que había empezado a tomar eso.

Oficialmente, muchas vidas fueron salvadas y el alcoholismo decayó, pero los ingresos estatales soviéticos se vieron fuertemente afectados, así como la popularidad de Gorbachov. Medvedev no se puede permitir ninguno de esos dos resultados.

Lo que Medvedev sabe, sin embargo, es que si puede reducir el alcoholismo en Rusia, probablemente mejorará la salud y la expectativa de vida, y así aumentará el PIB de Rusia.

En este momento, el vodka de contrabando está disponible por cerca de 40 rublos por medio litro, equivalente a la mitad del precio oficial.

Y, de un modo importante para el gobierno, la ley del precio mínimo presenta una manera de distinguir qué es ilegal y qué no lo es. También busca recuperar algo de ingreso fiscal.

Pequeño paso

Image caption Gran parte del vodka consumido en Rusia es de fabricación clandestina.

¿Pero será efectivo establecer un precio mínimo?

Los doctores que confrontan el problema no están tan seguros.

"Esta ley no es la solución, es apenas un pequeño paso, aunque positivo, en la lucha contra el alcoholismo", dijo Elena Igorevna, una doctora con el Centro Científico de Moscú para el Abuso de Sustancias.

"Yo creo que cada problema debe ser confrontado de manera integral. Creo que el consumo de alcohol es un asunto de importancia nacional".

El problema para Medvedev es que, históricamente, cada vez que Rusia ha intentado combatir el exceso de consumo de alcohol, las ventas ilícitas se han disparado.

Los expertos estiman que el vodka de contrabando, frecuentemente manufacturado en horas extras en destilerías legales, compone cerca de 50% de todo el vodka consumido por los rusos.

Ese licor carece de supervisión estatal y contribuye fuertemente a las 35.000 muertes anuales que experimenta el país por envenenamiento de alcohol.

La publicación médica The Lancet estimó en el 2009 que la mitad de las muertes en Rusia de personas entre los 15 y 54 años tenían que ver con el alcohol.

Juegos

Image caption Muchos accidentes de tránsito en Rusia están relacionados con el alcohol.

Es probablemente aún mayor que la estadística para muertes en carretera, dice el analista político Dmitry Oreshkin, ya que las muertes en el trabajo y otras muertes accidentales en Rusia están relacionadas a menudo con el alcohol.

Sin embargo, agrega, elevar el precio del vodka a 89 rublos parece ser más un juego político que un intento de confrontar el problema.

Más efectivo, dice Oreshking, sería cambiar la cultura y la actitud hacia el trago. Pero lograr eso tomaría generaciones y el problema, como siempre, es que Rusia siempre quiere una solución instantánea.

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