Última actualización: viernes, 5 de febrero de 2010 - 13:25 GMT

Viviendo entre lobos salvajes

Shaun Ellis

Shaun Ellis pasó 18 meses viviendo con una manada de lobos salvajes en las Montañas Rocosas de Estados Unidos, y vivió para contarlo.

Durante ese lapso, estuvo varias veces a punto de morir, compartió con los lobos la comida y hasta llegó a "hablar" con ellos.

Como antiguo soldado de las fuerzas especiales del ejército británico, Shaun tenía buen estado físico y experiencia en ambientes hostiles, pero desde luego ninguna similar a esta.

La primera vez que Shaun vio un lobo los separaban las rejas, en un zoológico. Y fue amor a primera vista. "Para mí, había algo más allá de los mitos y leyendas", dijo el británico a la BBC.

"Donde todos ven depredadores salvajes y crueles, yo veía seres compasivos". Así que comenzó a trabajar en centros de lobos cautivos, hasta que decidió dar el salto a la vida salvaje y cruzó el oceáno hasta las montañas de EE.UU.

Shaun Ellis y los lobos

Las primeras semanas, no podía dormir.

Tuvo que pasar ocho meses hasta que la manada lo aceptó. El gesto iniciático fue un mordisco en la rodilla, lo que en el código lobuno parece ser sinónimo de bienvenida.

"Si reaccionas mal ante ese mordisco, simplemente te dejan solo", explica Ellis.

Una forma de mostrar a los lobos que no eres peligroso es mostrarles el cuello. "Los lobos tienen el poder de matar pero, a diferencia de los humanos, sólo lo usan cuando lo necesitan".

Durante la convivencia sufrió mordidas y golpes, y estuvo a punto de morir por diversos "malentendidos" con sus carnívoros amigos.

Eres lo que comes

"El hombre que vive con lobos"

Ellis cuenta su experiencia en el libro "El hombre que vive con lobos".

Shaun usaba siempre el mismo mameluco para conservar el olor de la manada, que "para ellos es muy importante". No podía disimularlo con perfumes, jabones o cualquier tipo de higiene. "Pero la mayor parte del tiempo me mantenía pegado a dos o tres lobos y me mantenía caliente de esa manera".

Además, tenía que comportarse en todo momento como un lobo de los de menor jerarquía dentro de la manada. Y esto incluía comer lo mismo que ellos, pues "el olor que despides luego de comer es lo que te da identidad dentro de la manada".

Por lo tanto, tenía la misma dieta que los lobos: carne cruda de animales salvajes. Y ni siquiera la mejor, dado que las partes más "preciadas" – corazón, hígado y riñones- se la comían los líderes.

A él le daban carne del tórax, las vísceras, el cuello del animal muerto y el contenido de su estómago, "que tenía mucha materia vegetal". Hacerle asco a lo que le ofrecía su nueva familia podía significar la muerte.

"Entre los humanos es común la frase de que 'eres lo que comes'. Pero con los lobos, esto era exactamente de esa manera. No quería cocinar ni hacer nada que pudiera traerme problemas con ellos. A veces los lobos orinaban la carne antes de que yo la comiera".

Aullando en pareja

Si tenía que elegir entre pasar la noche con los lobos o en casa, prefería afuera con los lobos

Sus relaciones amorosas siempre acababan debido a su obsesión por los lobos. De su esposa y madre de sus hijos tuvo que divorciarse. "Si tenía que elegir entre pasar la noche con los lobos o en casa, prefería afuera con los lobos", admite en un libro publicado el año pasado.

Sus relaciones amorosas fracasaban una y otra vez hasta que pudo llevar a una novia Helen al mundo de los lobos, le enseñó a aullar y se la "presentó" a la manada.

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Helen también tuvo que adaptarse y comer carne cruda, incluidas las vísceras, para oler como ellos. Pero la mujer se cansó. Una vez más llegó el momento de elegir y Shaun, nuevamente, eligió a los lobos.

Después de un año y medio se dio cuenta de que si no regresaba a Gran Bretaña moriría. Cuando volvió, dice que parecía Robinson Crusoe.

"Dejar a mi familia de lobos y volver a la vida humana fue muy duro. Me llevó siete meses volver a interesarme en algún aspecto de la vida humana".

Ahora trabaja en un refugio para lobos en Devon, en el sur de Inglaterra.

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