¿Triunfará "La cinta blanca"?

Esta semana cerrará con broche de oro para el mundo del cine con la entrega de los premios Oscar 2010, el domingo 7 de marzo en Los Ángeles, que BBC Mundo cubrirá en vivo.

Para calentar motores, le pedimos a cinco expertos que nos digan por qué, en su opinión, cada una de las obras escogidas por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos en la categoría de Mejor Película Extranjera se merece el premio.

El crítico de cine ganador del British Press Award 2005, Sukhdev Sandhu, habla en defensa de la producción alemana "La cinta blanca" ("Die Weisse Band"), que compite por el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

Image caption Michael Haneke ha criticado el entretenimiento popular de EE.UU. y ahora quizás gane un Oscar.

El subtítulo de la película "La Cinta Blanca", escrita y dirigida por Michael Haneke, es "Una historia infantil alemana". Ésta, sin embargo, no es una película para niños, ni siquiera sobre niños. Es, en cambio, una anatomía del poder, sobre la difusa línea que separa la civilización de la esclavitud, y sobre cómo lo que pasa por civilización en muchas sociedades es en realidad una máscara de su salvajismo fundamental.

Cerebral, desapasionada, ésta es una película que hace que uno se sienta un poco mal de muchas maneras. Representa y es ejemplo preciso del tipo de cine que la pantomima escarchada de los Oscar detesta.

Haneke es un maestro de la negación. Espectadores ansiosos por saber quién le prendió fuego a un establo, o quién fue el responsable de un accidente en el aserradero, o quién torturó al hijo del barón, se quedarán enganchados. "La cinta blanca" tiene todos los ingredientes necesarios de un filme de misterio tremendo.

Pero Haneke, quien en una ocasión dijo "Quiero violar a mi espectador hasta la autonomía", y quien nunca se ha limitado al expresar su desprecio por el sentimentalismo sórdido y la cretinización coerciva del entretenimiento popular estadounidense, hace algo distinto: él muestra, en un estilo preciso y detallista, cómo los terribles actos de violencia que él narra son sólo síntomas de una crueldad cultural más amplia, y de un temor no ha sido desafiado por demasiado tiempo.

Lentamente, casi furtivamente, una transformación extraordinaria ocurre en el transcurso de la película. Lo que en un principio parecía ser una sociedad atemporal, casi bucólica, se convierte en la aldea de los malditos.

Sus pilares de autoridad han probado ser represivos, feudalistas, vengativos. Es de esperarse que el público se cuestione, ¿puede salir algo positivo de sus bases carcomidas? Que la película cierre con la ya inminente Primera Guerra Mundial es la respuesta.

Haneke ha sido responsable de parte del cine de arte más desafiante y provocador en Europa en la última década.

"La cinta blanca" no tiene música, los personajes, con quienes es casi imposible identificarse o empatizar, no tienen nombres; no ofrece un solo respiro del tenso ambiente y el siniestro miedo que la película trasmite.

Todo esto, va con lo que quiere lograr Haneke, él quiere que nos alejemos hasta enajenarnos y llegar a un punto en que podamos estudiar lo que vemos, aprender.

Pero hay otros elementos aquí que refinan y al mismo tiempo expanden desde sus películas anteriores: el lenguaje, estilizado a la manera del escritor alemán Theodor Fontaine, es bellísimo; la clara fotografía platinada es por igual cautivadora; hay incluso un romance entre un maestro y una joven. Las actuaciones de todo el elenco, dicho sea de paso, son uniformemente magníificas.

Vivimos en tiempos extraños, en los que películas refritas como "El caballero de la noche" ("The Dark Knight") son calificadas como "insólitas", en que millones de personas en todo el mundo caen por el bombo de marketing de "Avatar", tiempos en que se le permite actuar a Gerald Butler.

Todo esto son razones más para premiar "La cinta blanca": una pasmosa y singular radiografía del declive y lento descenso al barbarismo de una nación imperial.

Todo estadounidense la debe ver.

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