Una "novata" corona el Everest

Bonita Norris, mujer británica más joven en escalar el Everest
Image caption La mujer británica más joven en conquistar el Everest era casi una novata antes de llegar a la cumbre.

Bonita Norris se convirtió el 17 de mayo pasado en la mujer británica más joven en conquistar el Everest luego de haberse enamorado de la montaña más alta del mundo tras asistir a una conferencia en la Royal Geographical Society.

Mucho se ha hablado en el Reino Unido de la decisión intempestiva de esta glamorosa estudiante de 22 años de escalar esa cumbre, a quien se presenta como una novata, pero poco se ha publicado de los dos años de entrenamiento agotador que pasó Norris antes del desafío.

Además de un intenso programa de trail running (correr en la montaña), ciclismo y levantamiento de pesas, la joven escaló varias cumbres como preparación, incluyendo el Snowdon en Reino Unido y Manaslu en Nepal, la octava montaña más alta del mundo.

Las crónicas de la hazaña de Norris tampoco hacen referencia al esfuerzo que implica la recaudación de fondos, ya que un viaje al Everest puede costar hasta US$68.000.

La preparación

¿Sería posible escalar el Everest saltándose algunos de estos entrenamientos?

No, responde Simon Lowe, alpinista y director de Jagged Globe, una empresa especializada en caminatas de montaña.

"No existe la mínima posibilidad de aceptar un novato con menos de un año de preparación y llevarlo al Everest".

Como mínimo, de 18 meses a dos años de entrenamiento es un tiempo "factible" para prepararse para el ascenso, asegura Lowe.

El primer paso para un absoluto principiante es encontrarle el truco a caminar con los picos afilados y las botas que minimizan los peligros de desplazarse sobre el hielo.

El instructor de montañismo Rob Johnson dice incluso que esto puede tomar un buen tiempo. "No son pesados, pero es un asunto de coordinación."

Sentir la nieve

Image caption Una habilidad esencial que hay que dominar es la de acostumbrarse a la altitud.

Otra habilidad esencial que hay que dominar es la de acostumbrarse a la altitud (poco a poco, sería la respuesta más sencilla). Y la forma de reconocer cuáles condiciones climáticas y tipos de nieve son los más propicios para las avalanchas.

Luego hay que considerar el traicionero flujo de hielo del Khumbu, enormes bloques de hielo en movimiento unidos por puentes de nieve y separados por profundas grietas.

Los seracs -enormes trozos de hielo colgantes de los glaciares más altos- son otro peligro, especialmente si el clima es templado, ya que se descongelan y se caen.

En una situación tan extrema, la ayuda de los sherpas -los habitantes locales que se ganan la vida acompañando a a las expediciones cuesta arriba y cuesta abajo de la montaña- tiene un valor incalculable.

Lowe sólo organiza expediciones al Everest para personas que han escalado por lo menos un pico de 8.000 metros en algún otro lugar.

Un principiante que está ahora bajo su tutela ha seguido una rutina rigurosa de cursos de escalada, montañismo y uno de alpinismo, en donde las condiciones son similares aunque en una escala más pequeña.

Además ha realizado escaladas de prueba en picos de Reino Unido, en el Mont Blanc en Francia, otros en Ecuador y actualmente en un campamento de altura en la montaña más alta de Norteamérica, Denali.

Desde cero, pocos

"He desalentado a la mayoría de la gente. Sólo puedo pensar en tres o cuatro personas en los últimos 10 años que han empezado la misión desde cero", confiesa Lowe.

Es más el miedo que el estrés físico lo que tiende desanimar a la gente, según el instructor.

"Hay que ser mentalmente muy duro, muy confiado y eso generalmente es producto de experiencias anteriores. Nadie puede exentar a los escaladores de los peores estragos de los Himalayas".

Aún con la preparación más completa, si el tiempo es malo o un miembro de su equipo empieza a tener dificultades, podrían olvidarse de ese momento eufórico de tocar la cumbre.

El propio Lowe ha estado en cuatro expediciones al Everest, pero en realidad nunca llegó a la cumbre.

"Una vez es suficiente"

El entusiasta escalador Stephen Venables llegó a la cima del "inevitable e irresistible" pico en 1988, pero no siente ningún deseo de volver.

"Una vez fue suficiente", dice. "Hay demasiadas otras montañas más interesantes para escalar."

Él todavía escala y se lo toma con calma ya que su sentir por las montañas se ha construido a lo largo de muchos años.

"El único régimen que seguí (antes de escalar el Everest) fue ir a diez expediciones al Himalaya en diez años. Pasé mucho tiempo escalando montañas."

Venables es famoso por haber completado el ascenso sin la ayuda de un tanque de oxígeno, lo que para muchos escaladores es esencial en las alturas donde el aire es delgado.

"Un gran cilindro de oxígeno es para un piloto de combate, no para un alpinista", opina él.

Lea: La ruta al techo del mundo

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