El Salvador: rockeros, no mareros

Dreamlore
Image caption Dreamlore es una de las bandas con más proyección del movimiento metálico salvadoreño.

Edwin Marinero fundó el Rockers Club de El Salvador a inicios de los años '90 y es el referente del sonido más estridente en el país.

Desde que empezó con aquella idea, Marinero colecciona anécdotas sin par, propias de una sociedad conservadora que durante los 12 años que duró la guerra civil en el país -hasta 1992- confundía a rockeros con guerrilleros, "sólo por llevar el pelo largo y calzar botas".

Image caption Edwin Marinero, fundador del Rockers Club.

Y en la posguerra, cuando se desencadenó el fenómeno de las pandillas -potenciado por la deportación de indocumentados tatuados residentes en Estados Unidos- los rockeros también fueron confundidos con mareros.

"Cuando llegó la paz, empezaron a decir que éramos mareros y delincuentes por los tatuajes; también nos consideran satánicos y drogadictos por nuestros gustos musicales. En fin, hombres de mal vivir", grafica este joven que lleva los últimos 20 años de su vida detrás de la organización de este movimiento 'underground'".

El tatuaje

Ser rockero en El Salvador no es ilegal, pero el estigma ha llevado a más de alguno a ser detenido por la policía por el simple hecho de lucir diferente o sospechoso.

Y la aprobación, el pasado 1º de septiembre, de una una ley que prohíbe las pandillas, su financiamiento y la existencia de "grupos de exterminio social", trae a la memoria algunos viejos problemas.

El antecedente de esta iniciativa data de 2003, cuando el ex presidente Francisco Flores promovió la Ley Antimaras, que dio pie a las políticas de "mano dura" respaldadas por el ahora partido opositor Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

Image caption Karina, propietaria de una tienda de artículos rockeros, defiende la estética del movimiento.

Esa legislación fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) porque la criminalización partió de características físicas como el uso de tatuajes.

Ahora la administración de Mauricio Funes insiste que la normativa no criminaliza a nadie por su aspecto, sino que es un instrumento para fundamentar investigaciones policiales.

Pero la imagen de un rockero siempre despierta suspicacias entre los transeúntes en la medida exhiba sus "marcas".

Karina Campos, artista gráfica y propietaria de La Morgue, una tienda de accesorios rockeros, le dice a BBC Mundo que el principal problema es la ignorancia.

"La gente todavía no sabe identificar los tatuajes y ahí es la suerte de si te detienen o no", valora.

Verónica, de Tattoo Studio, por su parte, observa que "un rockero jamás va a grabarse un número o un par de letras. Esa es la enorme diferencia".

Un estilo

Chente Sibrián es una leyenda en la escena nacional. Víctima de la polio y una enfermedad degenerativa, él ha sacudido al público rasgando su guitarra desde una silla de ruedas.

"He contemplado esto por más de 40 años y he visto toda la evolución y la inspiración de los jóvenes que siempre están tratando de hacer algo por el musicón, por defender un estilo de vida", argumenta para BBC Mundo.

"Créeme que si toda la gente estuviera consciente de todo el esfuerzo que los metaleros hacen por valer su arte, no habría tanto prejuicio", esgrime.

Según Sibrián, el movimiento rockero se implica en obras benéficas cuando hay desastres naturales, recaudan ropa, víveres y juguetes para su reparto en zonas rurales, y apoyan iniciativas ambientalistas con organizaciones ecologistas.

"Un rockero salvadoreño tiene una ideología y una visión política de la vida. No somos descerebrados. De hecho, nuestra visión crítica incomoda a izquierda y derecha por igual", enfatiza.

Pasado y presente

Un 28 de diciembre de 1989, el día de los "santos inocentes", Marinero paseaba por el centro de San Salvador con su cabello largo y atuendo negro.

Un mes atrás, el país había estado convulsionado políticamente porque el 11 de noviembre la ex guerrilla del FMLN había lanzado el ataque militar de mayor envergadura de su historia.

El ataque, conocido como la "ofensiva hasta el tope", crispó a las autoridades.

"Había hecho un sello y papelería del club y la policía cuando me vio me detuvo para ver qué llevaba en la mochila", relata.

"Me encontraron los sellos y me preguntaron ¿qué andás ahí? 'Unos sellos', respondí, y me preguntaron ¿para qué los andas? 'Para sellar', dije con sorna. Los cuilios (policías) se enojaron y me metieron preso", revive.

Ahora los tiempos han cambiado, aunque sólo sea un poco, pues este promotor del rock se apoya en la policía para organizar sus conciertos.

Pero el principal objetivo de esta protección es garantiza que los rockers no sean confundidos con los pandilleros.

Contenido relacionado

Vínculos

El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.