Antoine Griezmann, el principito encantado que tumbó a Alemania y clasificó a Francia a la final de la Eurocopa 2016

Antoine Griezmann Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El "principito" Griezmann anotó su quinto gol de la Eurocopa, siendo el máximo anotador del torneo.

Antoine Griezmann está protagonizando una novela perfecta. El delantero anotó dos goles y con una gran actuación guió a Francia hasta la final de la Eurocopa 2016 al vencer a Alemania 2-0.

Bautizado el principito, como el famoso cuento del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, el delantero del Atlético de Madrid fue la única amenaza que presentaron los anfitriones en la primera parte y aprovechó la oportunidad que tuvo al transformar un penalti segundos antes del descanso.

Ese gol cambió la dinámica del partido y con una Francia más valiente, Griezmann volvió a estar en el momento justo, en el lugar indicado, para definir por debajo de las piernas de un desesperado Manuel Neuer, el portero alemán.

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Image caption La jugada que decidió el encuentro, la mano de Schweinsteiger.

Ese fue su sexto del torneo, del cual es el máximo goleador. Además tiene dos asistencias.

Francia jugará el partido decisivo contra Portugal. Las dos últimas veces que lo hizo como local terminó celebrando el título.

¿El mejor partido de la Eurocopa?

Las promesas que ofrecía un duelo entre los anfitriones y los actuales campeones del mundo se hicieron realidad desde el primer minuto.

Francia, arropada por una apasionada afición en el estadio Velodrome de Marsella, salió desde el pitazo inicial a presionar el arco rival.

Griezmann dio el primer aviso al plantarse frente a Neuer tras una muy buena jugada colectiva, pero su disparo no tuvo la potencia necesaria y fue desviado por el portero alemán.

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Image caption Gignac y Griezmann. Francia jugará la final frente a Portugal.

Pero enfrente estaba Alemania, que levantó su juego y se adueñó del partido.

Toque, desmarques, aperturas, intensidad, velocidad, balones al espacio, precisión. Fue una exhibición a la que sólo le faltó el gol.

Nunca antes se extrañó tanto en Alemania la figura de Mario Gómez, centrodelantero y punto de referencia en ataque, quien no pudo jugar por lesión.

Cada tanto, interrumpiendo el 64% de posesión que tuvo Alemania del balón, surgía un futbolista en azul tratando de revelarse contra con el dominio rival.

Pero los intentos, en general liderados por Griezmann, terminaban siendo en vano. Francia aguantaba como podía, entregados a la inmensa figura de su portero, Hugo Lloris, quien tuvo dos intervenciones salvadoras.

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Image caption Tan importante como el gol de Griezmann fue esta intervención de Lloris cuando el marcador estaba 0-0.

Fue cuando ocurrió el momento que transformó el partido, la mano dentro del área del capitán alemán Bastian Schweinsteiger segundos antes del descanso.

El árbitro italiano Nicola Rizzoli pitó la pena máxima, ayudado por sus asistentes, en una decisión que generó división en las redes sociales y entre la prensa especializada.

Griezmann asumió la responsabilidad, absorbió toda la ilusión del país y engañó a Neuer para mandar el balón al fondo de la red.

Alemania siguió proponiendo en la segunda parte, pero ya no fue igual. Francia salió impulsada por la ventaja en el partido e igualó el ritmo del encuentro.

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Image caption Hace dos años los aficionados celebraron. Esta vez les tocó vivir el otro lado de la moneda.

A cada ataque alemán, respondía a la contra. Las ocasiones se fueron multiplicando en los dos arcos hasta que en una de ellas, Francia sentenció.

El gol se originó gracias a una serie de errores que cometió la defensa alemana, que despejó mal un balón, luego falló en la marca y terminó con una salida desesperada de Neuer. La pelota quedó rebotando en el área hasta que Griezmann puso la puntilla.

La fiesta subió de decibeles, sonó la Marsellesa a todo pulmón y se presenció la coreografía de la celebración que Islandia puso de moda en el torneo.

Francia está a un paso de su gran objetivo, volver a ser los campeones de Europa. El único capaz de evitarlo es Portugal, que sabe muy bien lo que se siente perder una final en su casa. Ahora ellos querrán devolver la moneda.

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