Mundial Sudáfrica 2010: La astucia del Chapulín no pudo con la fuerza uruguaya

Óscar, hincha uruguayo en Sudáfrica
Image caption Los uruguayos prevalecieron con su "soy celeste".

No valieron los chapulines colorados, el zorro ni los miles de charros. El "soy celeste" de Uruguay acalló el "cielito lindo" de México este martes en el estadio Royal Bafookeng de Rustemburgo, Sudáfrica.

Fue un 1-0 amargo para los miles de mexicanos que vinieron hasta el norte del país a apoyar a su selección.

Esta vez el ya tradicional conjuro de extender los brazos y sacudir las manos mientras se grita "¡Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeh! ¡Puto!" no funcionó contra la celeste.

Los uruguayos tenían la réplica perfecta: "¡Para una copa, la puta que te parió!"

Tampoco sirvieron las rancheras. Mientras que una calma chicha impedía que se crearan olas humanas.

"Me gusta como empezamos", comenta uno de los aficionados de la barra uruguaya.

"Nos falta decisión", se lamenta un chapulín colorado que acompañó a El Tri en sus tres partidos de la fase de grupos de este mundial.

La frontera entre las aficiones la determinaban las camisas verdes y los sonajeros de un lado, y las pelucas azules y los tambores del otro.

Árbitros y comentaristas

Desde la tribuna no faltaron árbitros ni comentaristas.

En total parcialidad, los uruguayos exigían una amarilla cada vez que uno de los suyos caía al suelo, mientras que los mexicanos se inclinaban por la roja cuando le tocaba a uno de El Tri comer césped.

"Estamos parados", comenta Óscar, un uruguayo que vive en Australia y lleva 20 días en Sudáfrica.

"El problema está en la alineación", explica el Chapulín Colorado, cuya verdadera identidad es Rogelio.

Él también ha acompañado a su equipo desde el principio del torneo. Siempre vestido como el héroe del corazón amarillo en el pecho.

Diminutos en segundos

Sin embargo, con el gol de Luis Suárez pareció como si la afición mexicana se hubiera tomado las pastillas de chiquitolina para reducir el tamaño.

Mientras, los seguidores celestes se agrandaban con sus saltos, sus lágrimas de felicidad y sus cánticos.

El "Soy celeste, es un sentimiento, no puedo parar... ¡Olé, olé, olé! ¡Cada día te quiero más!" dominaba a las vuvuzelas y los sonajeros.

"Ahora sí estoy contento, porque vamos ganando. Es que antes se estaban cuidando mucho, marcándose mucho", explica Óscar.

Una felicidad que hacía sudar frío al bando mexicano.

Image caption Fue un 1-0 amargo para los mexicanos.

Para la segunda parte del partido, los charros ya no estaban en Rustemburgo, al menos no sus pensamientos. Sus mentes se encontraban a kilómetros de distancia, más al sur, haciendo sus conjuros para que Francia contrarrestara el 2-0 que llevaban de ventaja los sudafricanos.

"¡Anotó Francia!", se escuchó una voz seguida de una celebración.

Fue un grito de salvación, que calmó el miedo de México de regresar a casa antes de tiempo.

Sólo cuando terminaron los partidos Uruguay-México y Fráncia-Sudáfrica, los mexicanos respiraron con alivio. No todo estaba perdido, los disfraces de íconos mexicanos podían seguir la fiesta mundialista en Sudáfrica.

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