El negocio de lo usado florece en Bolivia

Venta de ropa usada
Image caption En los últimos 20 años la ropa usada ha invadido Bolivia.

Prendas de vestir de afamadas marcas que se venden a US$50 ó US$100 en Estados Unidos, se pueden comprar en Bolivia a US$1 ó US$2. El detalle es que es vestimenta usada y desechada por los estadounidenses.

Esta ropa, en las últimas dos décadas, inundó los mercados de todas las ciudades bolivianas, donde los consumidores también pueden adquirir vehículos y aparatos electrónicos de segunda mano llegados de países del primer mundo.

El negocio de lo usado florece en Bolivia y le saca una gran ventaja a la mercadería nueva y a la industria nacional. Entre estas actividades, sin duda, la venta de prendas de medio uso es la de mayor impacto. Mueve millones de dólares en torno a decenas de miles de vendedores y, pese a que el gobierno y los productores nacionales intentan frenar esta actividad, el negocio crece cada día que pasa. La venta de ropa usada ha abierto un intenso debate en Bolivia. Los empresarios locales acusan a los vendedores de ropa de segunda mano de estar asfixiando a la industria nacional, de poner en riesgo la salud de la gente y de defraudar al Estado porque estarían introduciendo la mercadería vía contrabando. El gobierno, en los últimos tres años, ha fijado plazos para que termine la comercialización de vestimenta de segunda mano, pero no ha cumplido con ningún ultimátum. De hecho, uno de esos plazos vence a fin de mes, pero ya se negocia una nueva ampliación para la venta.

Actividad frenética

Previa autorización de los dirigentes, BBC Mundo hizo un recorrido por la feria 16 de julio de la ciudad de El Alto, cercana a La Paz, donde se encuentra uno de los principales centros de venta de ropa usada del país. Las tiendas, anaqueles y tarimas se extienden por interminables calles donde la actividad es frenética. Vendedores minoritas y mayoristas, compradores pobres y no tan pobres confluyen en los puestos de venta.

Rosa, una madre de cuatro hijos, mantiene a su familia comprando fardos de ropa de la ciudad de Oruro y revendiendo la mercadería a los minoristas de El Alto.

Apostada en la puerta de su tienda, Rosa le dijo a BBC Mundo que, por lo general, la gente pobre es la que compra la ropa usada, pero luego aclara que "hasta gente pudiente viene a vestirse aquí. Una marca Nike aquí lo consiguen a 50 bolivianos, abajo (en los negocios formales) a 500 bolivianos".

De EE.UU. a El Alto

Image caption Los puestos venden desde ropa hasta artículos del hogar.

La ruta de esta mercadería tiene su punto de partida en los hogares estadounidenses, donde se recolecta la ropa para su posterior donación.

Luego la carga es embarcada rumbo a puertos chilenos. Allá, los comercializadores mayoristas de Bolivia pagan únicamente por el transporte, puesto que la mercadería es gratuita.

La ropa llega en fardos hasta los pueblos fronterizos, donde los minoristas adquieren el producto que luego venden al menudeo en las ciudades. En las tiendas de ropa usada se puede encontrar desde ropa interior hasta enseres del hogar, pasando por zapatos, vestidos de fiesta, carteras y otros.

Quienes se oponen a su comercialización aseguran que esta ropa es insalubre y que podría ser una fuente de enfermedades, sin embargo, el máximo dirigente de los comercializadores de ropa usada, Jorge Ugarte, argumenta que antes de llegar al cliente, las prendas pasan por fumigaciones y por controles fitosanitarios.

Que escoja la gente

En declaraciones a BBC Mundo, Ugarte aseguró que "de 250 a 300.000 almas viven de este rubro" y, según su apreciación, este número crece al ritmo del desempleo.

Entre los medios de comunicación y los productores nacionales corren versiones que descalifican esta actividad. "Ropavejeros", "contrabandistas", "millonarios", son algunos de los adjetivos que recaen sobre los comercializadores de ropa usada. Según Ugarte, sus afiliados no son ropavejeros, ni contrabandistas y menos aún millonarios. En cambio, asegura que la industria nacional es una falacia porque los insumos son importados e incluso contrabandeados de China.

Image caption Los puestos venden desde ropa hasta artículos del hogar de segunda mano.

Finalmente, dice Ugarte, "la gente es la que escoge". Y, a juzgar por la cantidad de compradores que recorren los puestos de ropa usada se puede decir que la mayoría de la gente ya ha escogido.

Por ley, toda venta de ropa usada debería anunciar su actividad en un cartel, pero Ugarte dice que "la ley es un saludo a la bandera", lo que, en su criterio, exime a su sector de cumplirla.

Para frenar esta actividad, el gobierno ofreció un plan de reconversión productiva, que incluye la producción nacional y la venta de ropa hecha en Bolivia, sin embargo, los vendedores se niegan a cambiar de rubro.

El dirigente de un sector de la feria 16 de julio de El Alto, Walter Guzmán, reconoce que "el gobierno nos quiere dar ropa nueva para vender, pero si la gente viene a comprar aquí es porque es ropa americana". Y, eso en su criterio, es sinónimo de calidad, algo que, según él, la industria nacional no puede ofrecer.

Guzmán comenta que nada podrá suplir su negocio y luego amenaza con protestas multitudinarias si el gobierno se niega a ampliar los plazos de venta.