La crisis revive a la hoja de coca

Manuel Tuahama
Image caption Manuel Tuahama dice que el cacao y el café trajeron paz a su región.

El café y el chocolate han sido dos grandes estimulantes en la vida de Manuel Tuahama.

"Antes había muchos asesinatos, tiroteos, peleas, incluso durante los festivales. No había paz", explica este campesino de 34 años de edad, quien en otros tiempos cultivaba hoja de coca, la materia prima de la cocaína.

"Hoy en día, en esta parte de San Martín decimos ‘café y cacao sí, coca no'", agrega.

La Región San Martín, en el norte de Perú, trascendió en el pasado gracias al narcotráfico y el grupo rebelde Sendero Luminoso. Sus colinas tapizadas de selva eran escondites idóneos para la guerrilla y el cultivo de coca.

En pleno reinado de la inseguridad, el funcionario de Naciones Unidas Jochen Wiese ofreció a los productores la posibilidad de dejar la hoja de coca y volcarse al cultivo del café, con la promesa de que su producto llegaría al mercado internacional si trabajaban en conjunto.

Eso fue hace ya 24 años. Hoy, cerca de 1.200 familias forman parte de una exitosa cooperativa llamada Oro Verde, que se dedica a cultivar café y cacao en forma orgánica, que además salen al mercado como producidos bajo estándares de "comercio justo".

Pero la estabilidad que garantizaba la existencia de cooperativas semejantes se ha visto afectada por la crisis económica internacional.

"De cualquier forma que se lo mire, la crisis va a afectar comercialmente a nuestra organización; ya tenemos menos contactos que el año pasado", señala el coordinador de Oro Verde Teófilo Beingolea.

¿Mejor calidad?

Jochen Wiese aún trabaja para la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito (ONUDD) en San Martín. Está convencido de que la única forma en que Oro Verde logrará capear el temporal es mejorando la calidad de sus productos.

Image caption Canty y McClellan dicen estar comprometidos con los productores de San Martín.

Queda saber si los consumidores occidentales todavía están dispuestos a pagar más por la tranquilidad de conciencia que da beberse una taza de café de comercio justo.

Ed Canty, un comprador de la empresa estadounidense Green Mountain Coffee, con sede en Vermont, cree que la respuesta a esa pregunta es sí.

"Llámalo 'factor Obama', si quieres. No sé qué es exactamente, pero lo que ocurre a final de cuentas es que los consumidores prefieren su café con etiquetas de comercio justo y orgánico, lo que es genial", dice.

"Por un lado piensan 'debo ser más cuidadoso con mi dinero', pero también son conscientes de cuáles han sido las conductas que originaron esta debacle", agrega.

Canty opina que la crisis redujo el flujo de caja de las compañías interesadas en el café peruano, lo que libera la competencia entre organizaciones como Oro Verde.

Canty se unió a Adam McClellan, de la exportadora de café premium Cosecha Sostenible, para enseñar a los productores de Oro Verde a "posicionar" su café de acuerdo al sabor en nichos específicos, a través de una técnica que se conoce como cupping.

McClellan explica que están trabajando con los productores para establecer una relación a largo plazo, y que se han comprometido a ayudarlos a mejorar la calidad de su cosecha.

"La gente se da cuenta de que un mayor precio se vincula a mejor calidad, y también a una mejor calidad de vida para el productor si el producto proviene del comercio justo y es orgánico", indica.

"Esto además tiene estructura de cooperativa, y es sostenible", agrega McClellan.

Un arma anti-droga

Image caption Una técnica conocida como "cupping" está ayudando a Oro Verde a "venderse" mejor.

Pero no sólo a los productores y los amantes del café les interesa que este tipo de cooperativas se mantengan a flote. Para el gobierno de Perú y la ONUDD son un arma más en la guerra contra el narcotráfico.

En la región amazónica central peruana, donde las alturas de los Andes se hunden en la selva, Oro Verde es una excepción a la regla.

Perú es el segundo productor mundial de hoja de coca y cocaína, y las cifras de la ONU de 2007 señalan que a partir de 53.700 hectáreas de coca, el país generó 290 toneladas de la droga blanca. Un tercio de ella termina en Europa.

"Son los pequeños productores, los más pobres, quienes han dejado la región andina para plantar coca en la selva", explica Wiese.

"Se dedican a esto por falta de oportunidades, y en principio están absolutamente dispuestos a abandonarlo", agrega.

Flavio Mirella, el representante regional de la ONUDD, dice: "Lo que está ocurriendo aquí es una semilla, que espero se convierta en algo mucho más grande para el resto del país".

Mirella afirma que 23.000 familias se benefician hoy en día de las cooperativas que plantan café, cocoa o palma, pero indica que necesitan mayores inversiones privadas y mejores créditos para sortear la crisis.

Sin embargo, el analista de políticas contra el narcotráfico Ricardo Soberón no está de acuerdo con las cifras que ofrece Mirella.

Una de las razones por las cuales este tipo de cooperativas no ha funcionado, dice, es que dependen en gran medida de los vaivenes del mercado internacional.

"Sólo ha tenido éxito en regiones específicas, en determinadas circunstancias, y por un período limitado", afirma.

En segundo lugar, dice Soberón, el gobierno peruano debe "dar pasos radicales en cuanto al respeto de las personas".

"Me refiero a respetar su ciudadanía", dice.

Operativo en entredicho

Soberón señala que los operativos militares contra Sendero Luminoso en una de las regiones donde se produce más droga, el valle del Ene-Apurimac, o VRAE, desencadenaron violaciones a los derechos humanos.

"Existe una esquizofrenia en la política gubernamental sobre la coca, y eso ha sido así durante los últimos 20 años", explica.

"Ha sido secuestrada por las directivas estadounidenses que la diseñan y determinan sus prioridades", agrega.

El cultivo de hoja de coca no es ilegal en Perú si los productores venden su cosecha a la estatal Enaco, que vende las hojas para su consumo en infusiones. Y sin embargo, la policía afirma que el 90% de la cosecha de coca termina en el mercado negro.

Soberón respalda un plan que consiste en transformar la hoja de coca en un tipo de harina que sirve como ingrediente para varios productos, desde shampoo y jabones hasta caramelos, pero el gobierno lo ha desechado, a pesar de que fue aprobado en primera instancia por una comisión parlamentaria.

La coca puede cosecharse hasta cuatro veces al año, y no es que falten compradores, precisamente. Un campesino puede cobrar hasta US$2,50 por kilo de hojas.

Al menos 60.000 familias peruanas viven del cultivo de la coca, quizá sin ser demasiado conscientes de que forman parte de un pujante mercado negro internacional.

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