Sobre hombros femeninos

Amparo Roldán
Image caption Cuando llegó hace cinco años, de los US$850 que Amparo ganaba al mes, enviaba a su país unos US$500.

Ana Valdemoro no quería dejar Bolivia hace tres años para emigrar a España. Tuvo que tomar ese avión obligada por la familia de su pareja que se enteró que las mujeres conseguían empleo en el país ibérico más rápido que los hombres. Desde entonces, cada primero de mes, envía más del 50% de su salario a sus hijos.

El novio de Amparo Roldán, también boliviano, se dedica a la construcción. En época de bonanzas ganaba unos US$1.500 al mes, hasta que el año pasado el sector inmobiliario español se derrumbó y ahora "va teniendo trabajitos" pero no tan frecuentes como antes. Envía dinero esporádicamente.

La crisis económica en España está feminizando la fuerza laboral extranjera y, por lo tanto, las remesas. Con el colapso del sector de la construcción, principal motor de la economía española, el envío de dinero por parte de los hombres se ha reducido. Lo que abre todavía más la brecha entre géneros.

Según datos de estudios en España y Bolivia, las remesas cayeron en más de un 20% en 2008. El descenso viene marcado en su mayoría por los hombres que, si ya de por sí tradicionalmente mandaban dinero con menos frecuencia que las mujeres, ahora lo hacen mucho menos o han suspendido los envíos.

Una buena parte de esta mano de obra ha pasado a engrosar el porcentaje de desempleo español que amenaza con llegar al 20% a final de año.

Uno de los países más afectados por la crisis española -en cuanto a remesas se trata- es Bolivia. No son la comunidad de latinoamericanos más numerosa en España, ni es España donde hay más bolivianos en el extranjero. Pero son ellos, o mejor dicho, ellas, las que envían más dinero a su país, por encima de los inmigrantes bolivianos que viven en Estados Unidos y Argentina, según un estudio realizado por el centro de investigación especializado Remesas.org.

"Las remesas que salen de España a Bolivia representan el 10% del PIB de ese país", le explica a BBC Mundo, Iñigo Moré, director de Remesas.org. De ese 10%, el 5,9% es producto del salario de las bolivianas que trabajan en casas limpiando, cuidando niños y ancianos.

El 60% del salario

Image caption Muchas latinoamericanas trabajan cuidando ancianos, niños o personas discapacitadas.

"Cuando yo llegué hace cinco años ganaba unos US$850 al mes. De eso enviaba US$300 para pagar la deuda de lo que emprestaron para venirme a España y US$200 para mi mamá y mi hija", le cuenta a BBC Mundo Roldán mientras termina de planchar la ropa de la familia donde trabaja.

Esto quiere decir que a ella le quedaban US$350 al mes para pagar el alquiler de la habitación en Barcelona y hacer mercado. "Yo no compraba carne ni pescado", recuerda Amparo.

"Las mujeres remiten más del 60% de sus ganancias", señala Moré. "En Bolivia hay una llamativa preponderancia de las mujeres como remitentes que es superior al de los hombres. El 73% de las remesas son hechas por mujeres".

Aunque las cantidades que envían inferiores, lo hacen con más la frecuencia. Además, en España el 57% de la inmigración boliviana es de sexo femenino.

Mismo trabajo, menos ingresos

Valdemoro dejó su país a los 18 años. Su familia paterna se encargó de cuidar a su hijo mayor, mientras que su suegra se encargó de la hija de seis meses. "Yo lo que quería era ahorrar lo más posible para regresarme a mi país", le dice a BBC Mundo.

Con una deuda a cuesta de US$4.000, una semana después de llegar a Barcelona encontró dos trabajos, uno en un bar de la playa y otro repartiendo publicidad. "En unos meses lo devolví todo", cuenta con orgullo. "Ganaba US$2.500 y mandaba US$1.500 al mes", para que la familia de su pareja se encargara de comprar esa casa de sus sueños.

Pero la fortuna cambió. Se quedó sin empleo, terminó la relación con su pareja y descubrió que su familia política no dio buen uso a las remesas. De la noche a la mañana el contador volvió a cero.

"He debido ahorrar unos US$10.000 y me lo quitaron. Pero yo estoy volviendo a empezar porque no me voy a ir sin no tener".

Sueños alcanzados y por lograr

"Si bien con la crisis económica el sector donde se emplea a la mayoría de las inmigrantes bolivianas no se ha visto afectado, el salario que ofrecen sí", aclara Moré. Lo que significa que este nuevo inicio de Ana va a un ritmo más lento.

"Ahora cuido a una señora y me pagan US$1.200 al mes. De lo que me dan mando US$560 a Bolivia, menos este mes que por ser el cumpleaños de mi hijo mandé US$700", agrega esta chica que ahora con 21 años considera que la crisis la ha afectado porque además de pagarle menos, le ha costado más conseguir empleo.

A Iñigo Moré no le sorprende que Ana gane menos. "Lo que está sucediendo es que las familias están reduciendo los salarios a sus empleadas, porque la economía familiar se ha visto afectada por la crisis".

Ana le asegura a BBC Mundo que volverá a tener ese dinero para "comprarse lo que es suyo". "Da igual... ¿cómo dicen? Me he caído pero me voy a volver a levantar".

La generosidad femenina

Image caption Después de que llegaron su hija y su esposo, comenzó a enviar menos dinero, dice Patricia.

Actualmente los inmigrantes bolivianos envían en promedio unos US$667 cada dos o tres meses, mientras que las bolivianas hacen giros de US$631 cada mes. Al menos los tres primeros años.

Si bien las bolivianas son más generosas que los hombres, pues no solo mandan dinero a sus hijos y padres sino a hermanos y hasta amigos, esto ocurre durante los primeros años en el extranjero. Una vez que logran traer a sus parejas y descendientes, las visitas a las agencias de envío de dinero se distancian.

"Después de pagar mis deudas y ya cuando mi hija y esposo se vinieron, ya no mandé tanto", le explica a BBC Mundo Patricia Valencia, quien lleva siete años en Barcelona.

"Vas teniendo trabajo, te compras un piso, pagas una hipoteca y te vas estableciendo", continúa Valencia. Ahora sólo hace giros de US$100 a su padre y su hermano para que compren ganado en el norte de Bolivia.

"Con mi padre no tenía mucha relación, pero cuando he ido a mi país y he visto las necesidades como la vida misma... Bueno, yo ya lo sé, pero claro cuando vuelves te dices yo vivo allá, tengo mis cosas y aquí es una miseria', y dices ‘¡caray! Los puedo ayudar".

Lea cómo el padre de Patricia siente los efectos al otro lado del Atlántico.

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