Crisis: ¿muy pronto para el festejo?

Inversor en Shangai.
Image caption La reunión del G8 el pasado fin de semana se habló de una recuperación de la economía.

En las últimas horas el grupo de los ocho países más desarrollados (G8) mostró un cauteloso optimismo sobre la recuperación económica, pero la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tiene otra perspectiva.

Según la OIT este año se añadirán 50 millones de trabajadores al desempleo, un dato que debe ser central en la evaluación de cualquier salida de la crisis.

Y no son pocos los analistas que colocan signos de interrogación a esta supuesta salida.

"Nadie está resolviendo el problema de los activos tóxicos y la recapitalización de los bancos. La regulación financiera no va más allá de algunas medidas populistas sobre paraísos fiscales. Además existe todavía la posibilidad de un colapso financiero. Letonia por ejemplo es una bomba de tiempo", escribe este lunes Wolfgan Münchau en el periódico británico "Financial Times".

Por su parte, el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, advirtió en una entrevista publicada el domingo por otro diario británico, "The Observer", que la economía mundial se enfrenta a una "niponización" económica.

"El riesgo de una gran depresión -es decir, del derrumbe económico- es mucho menor, pero este primer año ha sido mucho peor de todo lo que experimentó Japón en la década pasada. El riesgo de un largo estancamiento es muy serio", opinó Kurgman.

La comparación asusta. En la década del 90 Japón experimentó una profunda crisis económica disparada por factores similares a la que vive hoy el mundo -burbuja financiera e inmobiliaria- y tardó casi 10 años en recobrar la senda del crecimiento a pesar de bajar la tasa de interés a cero por ciento.

Hoy el Producto Bruto Interno (PIB) de Japón es el mismo que tenía en 1992.

Más sombras que luces

En la reunión del G8 en Lecce, Italia, se habló de una recuperación de las economías de los países más desarrollados y "crecientes signos de estabilización" a nivel mundial.

Aunque el G8 advirtió sobre el aumento del desempleo y una crisis crediticia aún no resuelta, buscó transmitir un mensaje optimista.

Los datos que sostienen este optimismo son fragmentarios: mejora del mercado inmobiliario en Estados Unidos y el Reino Unido, reactivación de los mercados bursátiles de todo el mundo, incrementos del consumo, aumento del precio petrolero (supuestamente indicativo de una mayor actividad industrial)

Claro que estos mismos datos pueden llevar a la conclusión de que no hemos cambiado los instrumentos de análisis que se usaban antes de la crisis.

Como demostró la euforia que precedió a debacle, la felicidad de los mercados financieros no es la de la economía real, el mercado inmobiliario (los sub-prime) fue un disparador de la crisis, y el precio del crudo puede estar reflejando movimientos especulativos, además de ser una bendición para países productores (entre ellos Rusia, uno de los G8) y una maldición para importadores.

Los sombríos datos de la OIT sobre el desempleo y los de la Organización Mundial del Comercio sobre intercambios a nivel mundial (caída del 9% para este año) se mantienen inalterables.

Dos reconocidos economistas internacionales, Barry Eichengreen y Kevin O´Rourke, han comparado la depresión del 20 y la actual y han hallado un comportamiento similar de la producción industrial y el comercio en ambas crisis.

Los autores advierten que hasta ahora la respuesta política ha sido mucho mejor en gran medida gracias a todo lo que se aprendió de la Gran Depresión.

Al mismo tiempo, hay suficientes signos negativos para mantenerse alerta.

En Estados Unidos se perdieron siete millones de puestos de trabajo desde diciembre de 2007: un promedio de más de 640.000 por mes desde principios de año.

La semana pasada el Banco Central Europeo tuvo que inyectar 3 mil millones de euros al banco sueco Risbank, un claro signo de la preocupación que produce la alta exposición de bancos europeos en los países bálticos y en particular en Letonia.

Un cálculo estima que los activos tóxicos en manos de los bancos alemanes equivaldrían a una tercera parte de su PIB.

El gran peligro es que detrás de un prematuro optimismo se escondan los mismos problemas que llevaron a la peor crisis económica mundial de la posguerra.

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