¿Adiós a Intipucá?

El rótulo a la entrada es elocuente: "Welcome to Intipuca City, the place to be!" (¡Bienvenido a Intipucá, el lugar para quedarse!)

Image caption Intipucá es un ejemplo de cómo la caída de las remesas golpea a El Salvador.

Durante casi dos décadas aquella señal era la antesala al primer poblado bilingüe de El Salvador o, al menos, así lo describían sus habitantes, gracias al flujo de las remesas enviadas desde los Estados Unidos.

Alrededor de este pueblo de calles empedradas y adoquinadas, a más de 200 kilómetros al este de San Salvador, poco a poco aparecen las huellas de esos envíos.

No está en el nombre de algunas de sus calzadas, como la calle William Walker, un ex embajador estadounidense en El Salvador, sino en la arquitectura de algunas de sus residencias.

Los llamados palacios de Intipucá, grandes casas con estética americana, cercas de hierro con formas alambicadas y amplios patios con césped verde y bien cortado, se convirtieron en el distintivo del pueblo. Entre más grande la casa, más dinero.

El cheque

Pero esto es cosa del pasado desde que la crisis económica en EE.UU. acarreó la pérdida de empleos entre intipuqueños residentes mayoritariamente en ciudades como Maryland, Arlington y Washington.

“Aquí nos reímos, pero decíamos que éramos el “Mónaco de El Salvador”, un pueblo pequeñito pero rico”, dice a BBC Mundo Hugo Salinas, el actual alcalde de la ciudad.

De acuerdo con el último informe del Banco Central de Reserva (BCR) las remesas en el país entre enero y mayo de 2009 cayeron US$160 millones, el equivalente a un 10% en proporción al mismo periodo del año anterior.

Las remesas a El Salvador, que registran caídas desde mediados de 2008, han representado en los últimos años hasta un 18% del Producto Interno Bruto (PIB).

Para el jefe municipal las estadísticas oficiales se quedan cortas en Intipucá.

“Nosotros hemos estimado que han caído entre el 30 y el 40% a nivel local”.

Atrás está quedando la imagen de ser el pueblo de abuelos y nietos, donde los primeros esperaban el cheque de fin de mes y los otros aguardaban por la mayoría de edad para viajar “al norte a trabajar”.

Los pioneros

Intipucá originalmente era un pueblo de agricultores y ganaderos. Los lugareños sobrevivían del cultivo de la caña de azúcar, el café y el algodón.

Image caption Don Wilfredo Chávez fue el pionero en viajar a Washington en busca de trabajo.

Pero la crisis en los precios del algodón en los años 60 produjo la primera partida.

“Mi papá tenía hipotecadas las tierras con el banco, así que la única posibilidad de tener futuro era en el norte”, rememora Wilfredo Chávez a BBC Mundo.

Don Wilfredo, ahora un septuagenario de cabello cano, recuerda que junto a un amigo fueron los primeros “intipuqueños” en llegar a Washington en busca de trabajo.

“Recuerdo que era el año 1968”, relata Chávez.

Luego, en los años 80, la guerra civil produjo la segunda gran emigración.

“Mire, de Intipucá partían al mes 300 personas. Había una “coyota” (traficante de personas) llamada doña Corina que a cambio de mil dólares hacía el viaje sin problemas. A ella este pueblo debería hacerle un monumento”, dice, con ironía, don Wilfredo.

Y es que gracias al envío de remesas, Intipucá construyó el estadio de fútbol, la casa de la cultura (un edificio de tres pisos), pavimentaron la calle principal y crearon la Fundación Hermanos Lejanos.

La crisis

El pueblo, que era considerado un modelo de desarrollo por la prosperidad de sus habitantes, se ha ido deteriorando notoriamente en los últimos meses, según opina el alcalde Salinas.

“Antes, los intipuqueños venían en vuelos charter desde Estados Unidos sólo para las fiestas patronales (del 1 al 10 de marzo). Ahora tenemos suerte si logramos juntar a una veintena de ellos”, dice Salinas.

Las mansiones siguen ahí, pero sus propietarios, la mayoría de los cuales reside en la costa este de los Estados Unidos, vienen cada vez menos a ocuparlas.

Incluso, se habla de algunas casas en venta; aunque no haya letreros que lo anuncien.

Para el alcalde, otro signo de la degradación económica es la inseguridad pública en el pueblo.

“Intipucá ha sido siempre un pueblo sano, libre de delincuencia y tranquilo. Pero ahora abundan las extorsiones y la violencia”, dice.

El horizonte

Según el Informe de Desarrollo Humano, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Intipucá ocupó en 2007 el lugar número 39 en el ranking de los “municipios remeseros” del país, que mide a las jurisdicciones cuyas familias reciben mayor cantidad de dinero desde el exterior.

En 2004, su posición era la 32, entre los 262 poblados a nivel nacional.

Se estima que cada año, este municipio recibe US$49,5 mensuales por persona, lo que podría significar US$200 por familia, casi el equivalente a un salario mínimo en El Salvador, que actualmente es de US$207.

Las pequeñas tiendas de barrio han empezado a cerrar; las fincas con cultivos de maíz y sandía empiezan a colapsar y los residentes en EE.UU., que son la fuente de ingreso de Intipucá, han empezado a retornar.

“Ya voy viendo a dos personas que estaban en Washington que han decidido regresar porque ya no les tenía cuenta seguir allá”, dice a BBC Mundo José Mejía, un lugareño que pasa la tarde a la sombra, sentado en una acera. “No hay mucho que hacer”, dice.

Según éste, el descenso en el flujo de remesas se ha agravado con la crisis mundial, pero “desde los últimos cinco años ésta empezó a ponerse feo, señor”.

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