Después de la caída del gigante

Oficinas de Lehman Brothers en Londres
Image caption El 15/09/08, día de la caída de Lehman Brothers, los empleados dejan la oficina en Londres.

Dos contadores administran, desde hace un año, las ruinas del imperio financiero de la filial europea de Lehman Brothers. Han tenido que lidiar con lágrimas, ira, un vocabulario a veces incomprensible y cifras que no cuadran. Todo para llegar a un descubrimiento que no deja de preocupar: no se sabe a ciencia cierta quién le debe a Lehman o a quién le debe Lehman.

El lunes 15 de septiembre de 2008, Tony Lomas y Stephen Pearson se ubicaron en la gran mesa oval de la sala del directorio. Ninguno de los dos reparó en la magnifica vista sobre el río Támesis que se podía apreciar desde el trigésimo piso de 25 Bank Street, en el cuartel general de Lehman Brothers en Londres.

La misión encomendada por su compañía de auditorías PricewaterhouseCoopers era una sola: confirmar –ante una veintena de ejecutivos estupefactos, trémulos, quizá lívidos– que el banco de inversiones, tras casi un siglo en funciones, se iba irremediablemente a pique.

Había que acordar inmediatamente un plan de liquidación de activos, revisión de contabilidades y consultas con abogados. En los días que siguieron, trabajando en la misma sala del directorio, los contadores Lomas y Pearson tomaron conciencia de la espléndida vista desde el trigésimo piso.

Y de la ironía de utilizar esa posición para llevar a cabo la autopsia de un animal gigantesco y desconocido.

La caída de la casa de Lehman

Image caption Unos 1.000 empleados fueron despedidos.

La quimera financiera que derivó en los llamados "activos tóxicos" había llevado las acciones de Lehman desde los US$20 a los US$80. En los días anteriores al fin de semana fatídico las acciones habían experimentado una caída libre hasta los US$0,3.

El viernes 12, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Hank Paulson, reunió en Nueva York a los ejecutivos de los principales bancos del país para decirles dos cosas: que Lehman Brothers iba a la quiebra y que, dos, el gobierno no estaba dispuesto a arrojarle un salvavidas a la casa matriz.

El drama de Lehman Brothers

El Bank of America, candidato a comprar Lehman y rescatarlo de la quiebra, decidió comprar Merril Lynch, otro gigante en dificultades, por US$50 mil millones.

Barclays, un banco británico, también retiró su oferta y así la Reserva Federal contrató a un especialista en quiebras, el domingo al mediodía, para que se encargara de la quiebra de Lehman.

El lunes del domingo después

Ese lunes 15 de septiembre, en Londres, los ejecutivos de Lehman Brothers cesaron inmediatamente en sus cargos. Toda la responsabilidad en la toma de decisiones recaía, desde ese momento, sobre los hombros de los dos contadores.

"Pese a haber participado en la quiebra de la fábrica automovilística Rover no teníamos idea de qué hacer", dijo Lomas. "Necesitábamos entender el tipo de negocio, sus productos, conseguir orientación".

Unos 2.500 de los 4.500 trabajadores de la entidad pasaron a trabajar para Namura, una empresa japonesa que adquirió un 20% de Lehman. Setecientos empleados decidieron marcharse y unos mil fueron despedidos.

Su desfile por las calles del distrito financiero de Londres, acarreando sus efectos personales en cajas de cartón, no despertó la solidaridad de sindicatos, ni de estudiantes ni de la prensa.

Lomas y Pearson debieron abrir cuentas bancarias (el dinero de la filial europea se manejaba en Nueva York) y conseguir préstamos para pagar sueldos y cancelar la renta del edificio de Bank Street.

Y dejar que los ejecutivos dieran rienda suelta a su furia cuando supieron que sólo se habían hecho esfuerzos para salvar el banco de Nueva York y que Londres había quedado abandonado a su suerte.

La complejidad del monstruo

La primera gran tarea para Lomas y Pearson consistió en ubicar donde quedaron activos que pudieran transformarse rápidamente en dinero para pagar a los acreedores.

Pero, ¿cómo podían entender, de la noche a la mañana, la complejidad de los procesos que habían determinado, precisamente, la ruina del gigante financiero?

La única manera era trabajar con equipos que ayudaran a interpretar un vocabulario que remitía a productos tan abstrusos, que ni siquiera los propios banqueros los podían describir.

Todo esto aplicado a una empresa que manejaba en su contabilidad más de un billón de dólares (sí, en español, un millón de millones).

A un año de trabajo

"Hasta julio habíamos recuperado unos US$13 mil millones", afirmó Pearson. "Y hemos establecido procesos bien definidos para recoger efectivo y efectuar los pagos que se nos exigen".

Los contadores han pasado un año trabajando con una plantilla de 400 empleados, en la que hay cada vez menos personas en altos cargos y cada vez más personal joven y de alta eficiencia.

Y en todo este tiempo, después del desastre que convirtió a los otrora autodenominados "amos del universo" en mansas ovejas en busca de auxilio, los contadores de PricewaterhouseCoopers dicen haber aprendido mucho sobre la naturaleza humana.

El hombre es un animal que colabora

Image caption Muchos clientes ignoran si Lehman les debe dinero o si ellos le deben dinero a Lehman.

Al principio de la intervención, los empleados de Lehman los miraban por sobre el hombro ya que era obvio que no conducían "Ferraris", y que el sueldo de un contador no se equiparaba ni a una de sus varias bonificaciones anuales.

Sin embargo, ya con la convicción de que Lehman no levantaría cabeza, la mentalidad del hacedor de dinero, individualista a ultranza y movido a fuerza de testosterona, fue cediendo su lugar –según los contadores– a la modestia y un entendimiento de lo que es la colaboración.

Aunque había trabajo en equipo en el banco de inversión, éstos operaban en grandes grupos independientes dentro de la organización y Lehman premiaba el esfuerzo individual, la competencia y la agresividad.

Pero sí esto fue un descubrimiento positivo, hay otro que no lo es.

Hallazgo preocupante

A doce meses del hundimiento del banco inversión, Lomas y Pearson se toparon con una increíble realidad contable: muchos clientes de peso ignoran si Lehman Brothers les debe dinero o si ellos le deben dinero a Lehman Brothers.

El asunto es preocupante porque implica que si un banco de la magnitud de Lehman no tiene conocimiento pleno de sus propios negocios, tampoco tiene ninguna capacidad de evaluar los riesgos que asume.

El trabajo de los dos contadores, que llegaron a escarbar entre los escombros de la institución, pone nuevamente de manifiesto lo que puede ocurrir cuando se deja que una entidad bancaria crezca hasta volverse inmanejable.

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