Bonanza inmobiliaria...¿en Kabul?

Casa en Kabul
Image caption El alquiler de una casa de cuatro habitaciones en Kabul puede llegar a US$10.000 mensuales.

Es difícil imaginarse a cualquier persona queriendo vivir o invertir en una ciudad sacudida por la violencia, pero la capital de Afganistán está experimentando una bonanza de precios en la propiedad raíz.

Eso va en contravía con la tendencia decreciente de muchos mercados inmobiliarios en todo el mundo.

Según algunos agentes inmobiliarios locales, los precios en ciertas partes de Kabul han aumentado en 75% durante el último año.

Parte de este incremento se debe a los precios que las agencias internacionales están dispuestas a pagar para hacerse a propiedades en los mejores barrios.

Pero los afganos adinerados, que han visto sus portafolios de propiedades en Dubai desplomarse durante el último año, también han retirado sus inversiones en el Golfo para traerlas de vuelta a Kabul.

La mayoría de aquellos afganos hicieron su dinero mediante contratos con las fuerzas militares y en proyectos de construcción, pese a que algunos lo obtuvieron a partir de las ganancias del narcotráfico.

Comprar propiedades les ofrece a esos últimos una manera de lavar sus utilidades ilícitas.

Preocupaciones de seguridad

Image caption Una de las razones para los altos precios es el dinero que gasta Naciones Unidas en Afganistán.

Una persona que ha sacado ventaja de este mercado creciente es Richard Scarth, un reservista de la marina en Londres quien fue enviado a Afganistán hace cinco años.

Era el único perito avaluador de propiedad raíz certificado en ese país, y fundó su empresa, Property Consulting, para la compraventa y arriendo de propiedades inmobiliarias.

No parece excesivamente preocupado acerca de la situación de seguridad en Kabul, y descarta el hecho de que él mismo puede correr peligro por saber dónde viven los ricos.

"Pero, de hecho, conocemos personas que han sufrido el secuestro de sus hijos, lo que es muy triste", concede.

" A veces hay peligro, pero muchas veces es cuestión de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado", dice.

Economía de la ONU

Según Richard Scarth, la vida cotidiana en Kabul sigue relativamente poco afectada pese a la crisis global.

"Eso es porque esta economía está sostenida por Naciones Unidas", sostiene.

"El dinero sigue entrando sin importar lo que pasa en el resto del mundo".

Cree, sin embargo, que poco de ese dinero le llega al ciudadano del común.

"El afgano promedio no recibe muchos beneficios de ese dinero, distinto a los productos tales como la carretera o la línea de transmisión eléctrica que ha sido instalada", aclara.

Socios locales

Según la constitución, solo los afganos pueden poseer propiedad en ese país.

De ahí que para cada transacción debe haber un socio local.

Scarth ha entrenado a sus empleados locales.

"Mi socio afgano Torialai Bahadery, quien nunca antes había sido agente inmobiliario, administra los asuntos cotidianos del negocio con otros cinco colegas en la oficina".

Scarth cree que más personas locales deberían ser entrenadas para operar programas, administrar oficinas y convertirse en jefes de las empresas, pero eso no está ocurriendo.

"Los afganos que llevan trabajando cinco o seis años en organizaciones, saben más del negocio que el extranjero que viene cada seis meses", señala.

"Es hora que entrenemos a esas personas y las mandemos a tomar los cursos apropiados y también respetemos el hecho de que tal vez ellos saben más que los extranjeros que están viniendo", insiste.

Fuera de alcance

Image caption Cerca de tres millones de personas viven en Kabul.

La mayoría de afganos viviendo en Kabul llegan de las provincias circundantes donde hay inseguridad.

Con una población de tres millones, Kabul no tiene la capacidad de absorberlos.

El alquiler mensual de una casa de cuatro habitaciones a menudo puede llegar a costar US$10.000 o más, mientras que su precio de compra puede alcanzar US$500.000.

"He visto a cinco familias compartiendo una casa, con cinco personas viviendo en cada habitación", dice Bahadery.

Menciona que hay una expresión en Afganistán que resume la situación de la gente:

"No estamos viviendo, estamos sobreviviendo".

Scarth, no obstante, es optimista.

"Siempre tengo esperanzas porque sé lo que mis colegas han hecho y son capaces de hacer".

"Afganistán ha experimentado dificultades por 30 años y al final siempre salen adelante de algún modo".

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