Un mejor 2010 para empleadas en España

Se busca empleada doméstica con horario flexible que limpie la casa, que haga la compra, que cuide al abuelo, que cobre poco, que no pida vacaciones y que no cotice en la Seguridad Social. Así podría ser el perfil de miles de latinoamericanas que trabajan en el servicio doméstico español.

Image caption Todos deberán cotizar la Seguridad Social.

El gobierno busca equiparar sus derechos al del resto de trabajadores.

La normativa que se espera entre en vigor en los primeros meses del año obligará a empleadores y empleadas a cotizar en la Seguridad Social desde la primera hora trabajada.

Así mismo desincentiva el contrato verbal, fija una indemnización de 20 días por año trabajado en caso de despedido y establece una jornada laboral de 40 horas semanales, las horas extraordinarias se pagarán a parte. En cuanto al salario mínimo rondará los US$900 al mes.

Según la Encuesta de Población Activa cerca de 760.000 hogares españoles cuentan con empleadas domésticas. Más de la mitad son inmigrantes y de ellas, el 60% son latinoamericanas, más de 240.000.

“La legislación vigente es anacrónica. Las empleadas domésticas desempeñan un papel estratégico para España como el cuidado de sus menores y ancianos, sin embargo, viven una situación de discriminación laboral. Los horarios de las internas, por ejemplo, se pueden extender sin control.

Los despidos no son a través de una carta y con una indemnización como al resto. Si una empleada se pone enferma el empleador simplemente se busca a otra, como una mercancía”, comenta a BBC Mundo Juan Carlos Rois, presidente de AESCO, ONG especializada en migración.

Reagrupación familiar

Para la dominicana Gladys Rendón, la normativa significará además la posibilidad de conseguir el mayor de sus sueños: reagrupar a sus tres hijos que viven en Santo Domingo.

“Llevo siete años en España y siempre he trabajado en la limpieza. Nunca me han pagado la Seguridad Social”, detalla a BBC Mundo.

Ella trabaja a destajo, limpiando en casas y oficinas. Necesita un contrato fijo y unos ingresos suficientes para poder pedir la reagrupación.

“El servicio doméstico es un mal yacimiento para la reagrupación familiar. Te exigen un contrato que supone cotizar en la Seguridad Social, tener una vivienda en condiciones adecuadas, buenos ingresos... Las internas tienen además el problema de que viven en casa de su empleador y las externas que los salarios son muy bajos”, detalla Rois.

Para la abogada Amparo Sansegundo cotizar en la Seguridad Social tiene que ser un compromiso de ambas partes, tanto del empleador como de la empleada doméstica.

“Sé de muchos casos en los que las empleadas domésticas no quieren cotizar porque así se ahorran un dinero. Hay mucho mercado negro en el servicio doméstico, ambas partes lo acuerdan.

El actual régimen de Empleados del Hogar exime la obligación de cotizar si la jornada de trabajo es inferior a 72 horas mensuales.

¿Cómo demuestras que has trabajado 50 ó 100 horas?”, señala la experta.

Es el caso de Gladys. Sabe que puede cotizar como autónoma en la Seguridad Social pero prefiere ahorrar ese dinero, cada mes envía a su familia US$ 500.

“Gano unos 800 euros al mes (US$1.150). Si pago lo de la Seguridad Social (US$300) no puedo enviarle dinero a mis hijos”, comenta como si estuviera atrapada en una callejón. En los ocho años que lleva en España ha visto crecer a sus hijos a través de Internet.

Vacío legislativo

Las internas, generalmente contratadas, se enfrentan a otra vacío de la legislación vigente: los horarios. Así como un empleado administrativo sabe su horario con precisión, las empleadas domésticas lo desconocen.

“No trabajas las 24 horas pero sitienes que estar pendiente las 24 horas por si te piden algo o tienes que preparar una bebida a medianoche. Trabajas un promedio de doce horas al día. Hay muchas cosas para hacer: planchar, cocinar, comprar, limpiar, cuidar a los niños. Llevo seis años así y ya estoy cansada”, confiesa a BBC Mundo la búlgara Rositsa Kucheva.

Tiene 50 años, 30 de los cuales ha trabajado como enfermera en Bulgaria.

“A mi edad es difícil encontrar otro trabajo y más en otro país. El servicio doméstico me ha servido para instalarme en España y para sobrevivir estos años pero quiero buscar otra cosa”, agrega.

Uno de sus hijos ha montado una venta de kebabs en Madrid. Ella ha aprovechado para renunciar y buscar otro trabajo.

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