"Siento mucha frustración"

Christopher Panagopoulos y su familia
Image caption Christopher con su esposa y sus dos hijas, de 6 y 10 años.

El ateniense Christopher Panagopoulos fue uno de los primeros en sufrir la crisis que hoy sacude a Grecia y a toda Europa.

Hasta hace unos meses, tenía un puesto ejecutivo muy bien pagado en una consultora de marketing. Vivía feliz con su esposa y sus dos niñas, de 6 y 10 años.

Image caption Chris cambió el coche por la bici.

Pero hoy es uno de los millones de griegos que viven las consecuencias de la debacle financiera que obligó al gobierno a anunciar medidas de ajustes a cambio de un paquete de rescate de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Parlamento griego aprueba medidas de austeridad

Pero antes de este anuncio, Panagoupoulos ya vivía en carne propia los embates de la situación. En octubre lo despidieron del trabajo debido a la crisis que entonces empezaba a hacer tambalear la economía de su país.

Desempleado, ahora vive de ahorros y pasa la mayor parte del tiempo en su casa.

Por suerte su esposa todavía tiene trabajo, también en una empresa de marketing, "pero no sabemos qué va a pasar, en el sector privado todo puede cambiar de la noche a la mañana. Un día tienes trabajo, al siguiente no", le dijo a BBC Mundo.

Cambio de hábitos

Con la crisis, los Panagopoulos tuvieron que ajustarse el cinturón: no más vacaciones caras, cambiaron el coche por la bicicleta -"pues la gasolina es carísima"- y tuvieron que afrontar una abrupta reducción en la compra mensual de comida, que antes de la crisis era de unos 600 o 700 euros (US$750 - 900) al mes.

"Ahora compramos productos más baratos, por ejemplo los quesos, no tiramos comida y hemos bajado la calidad del vino que compramos" enumera Chris, y explica que eso es duro porque a los griegos les gusta el buen vivir.

Image caption Un escena del pasado: vacaciones en familia.

Pero a la vez, dice que esos cambios son absolutamente necesarios para todos los griegos. "Son cosas que tenemos que hacer, adaptarnos al estilo de vida europeo, porque los griegos estamos muy malacostumbrados. La gente suele gastar más de lo que gana, pide préstamos para comprarse coches caros. Así que es hora de volver a lo básico, y creo que eso es bueno".

"Podemos vivir sin ello, pero los griegos se sienten muy frustrados por la sensación de injusticia que se siente aquí".

Chris reparte su tiempo entre estar en casa con sus hijas y delinear el proyecto de un negocio propio –un pequeño restaurante de comida griega e italiana- pero dice que la burocracia griega le impide concretarlo.

"Quiero darle trabajo a unas diez personas, ayudar a la economía, pero a los empleados públicos no les gusta trabajar. No a todos, pero a la mayoría. Sólo se quejan, pero no trabajan. Las cosas en Grecia funcionan muy lentamente".

Pagando el precio

Lo peor es que el impacto verdadero del "paquete griego" se verá en dos o tres meses cuando los impuestos suban y los sueldos y pensiones bajen. Ahí, vaticina Chris, se le sumará el tener que ayudar económicamente a su madre, jubilada.

El ateniense, sin embargo, está de acuerdo con las medidas. "En general creo que los griegos estamos de acuerdo con que hay que tomar medidas, y las apoyamos. Pero los trabajadores somos los que pagamos el precio de la crisis".

"Sentimos una gran frustración por la injusticia de que los que han estado evadiendo impuestos durante décadas siguen manejando sus coches caros y mantienen su estilo de vida muy lujoso. Le han robado dinero al pueblo y al Estado indirectamente al no pagar impuestos, y en lugar de estar presos siguen ahí en la calle".

Chris dice que no le teme al futuro pero sí a la incertidumbre que todo esto genera. "Yo soy muy optimista pero naturaleza y creo que todos los cambios son para bien, pero creo que los políticos viven en un mundo totalmente diferente".

"Eso es lo que provoca las revueltas y las protestas".

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